Persecución

Views: 291

El tiempo me persigue y sí, a veces  

veo el miedo como una pequeña astilla en los ojos.

Cada cambio de rumbo, cada maleta, pasaporte, carta de despedida cuando toca y cuando no, seguro quise quedarme, pero algo falló.

Amo a la gente que conozco pero siempre es así, el dolor como bumerang.

Porque me voy, siempre lo hago. 

Alguien una vez me dijo tú todo lo abandonas (se refería a un gato)

Creo que es así con los seres vivos,  porque mis libros me acompañan siempre.

Gente nueva, calles, climas, olores y a veces ocupación.

Tengo una amiga que voló hasta Canadá en busca del arcoíris y ahora pasea cada día de la semana por un color distinto.

Quién no ha sido mesero, cajero o emprendedor de catálogo y luego, hay que ponerse serio.

Tomar a juego otro quehacer hasta que la INE sea llenada con un nuevo domicilio.

Para tomar esa nueva dirección el ego debe diluirse, la mente expandirse y finalmente el alma hincharse para hacer algo tan primitivo y sutil como aventajar un poco en la persecución.

Estoy sudando como muchas otras veces con el corazón y las manos marcadas por el peso de la mudanza.

En un sólo día me convierto el Shiva poseedora de varios mundos en sus brazos.

Madre, padre, amiga,  empleada y un ser humano que titila entre la libertad y la captura.

¿Cómo libraste el día?

Tocó el tambor de guerra el día entero y corro, corro, por momentos me escondo en cualquier guarida mal oliente, para después seguir corriendo.

Por fin el silencio engañoso de la noche,

pregunta:

 ¿Ganamos? 

La almohada susurra, el sabor a pastel en mi último cumpleaños, el olor del perfume que uso, la risa de mis amigos, 

el abrazo del último amor.

Pero el martillo que realmente fractura el reloj,

qué rompe la cadena.

Es sin duda, la  manita que ha ido creciendo con los años, hasta ser un poco más  grande que la mía.

Te apuesto lo que quieras qué, 

ese que me persigue, 

jamás va a atraparme.