Pinche sociedad

Views: 1957

Sin duda alguna, las cosas en nuestro México parecen no funcionar: asesinatos, robos, agresiones, protestas, quejas, malestar, inconsistencias, traiciones, luchas por el poder, crimen y otras tantas acciones que atentan con la estabilidad personal y social.

 

Todo eso nos lleva a gritar a los cuatro vientos Pinche sociedad, como si se tratara de una enfermedad ajena que, por ósmosis, recibimos sin culpa aparente.

 

Me permito diferir, porque estoy convencido de que los responsables somos todos, por inconciencia y estupidez, por negligencia y pasividad, por hipocresía y falsedad.  Coincido en el calificativo, pero si esta Pinche sociedad existe es porque somos muy buenos para quejarnos y protestar, aunque en los hechos hagamos nada por cambiar las cosas.

 

Somos acomodaticios, porque por un lado hablamos pestes de las instancias de gobierno, que si bien han mostrado incapacidad, tampoco son responsables de que yo prefiera priorizar mis placeres y gustos por encima de mis responsabilidades, o de que yo no tenga la inteligencia de evitarme problemas gratuitos.

 

Tampoco lo son de que en casa no haya límites y los jóvenes se acostumbren a llevar sus vidas sin control de por medio y en absoluto destrampe.

 

Expresamos en redes sociales nuestro descontento por la violencia de género, pero en casa seguimos pensando que las mujeres son esclavas y están al servicio del hombre; o en mi empresa sigo pensando que una dama es incapaz de ostentar una posición directiva.

 

Refunfuñamos porque una instancia laboral trata con desprecio y poco reconocimiento a nuestro familiar, aunque nosotros mismos hayamos ignorado su esfuerzo por obtener un título profesional sin reconocimiento de por medio.

 

Me vendo al mundo como una persona comprometida con el medio ambiente, firmo todo lo que me llega de change.org, pero en año nuevo soy el que organiza a los chavales para quemar cohetes.

 

Critico que la vecina no ha educado bien a sus hijos, porque a sus treintas no estudian ni trabajan, pero mi ceguera me impide darme cuenta de que en casa tengo un hijo que va por el mismo camino, en sus veintes.

 

Lamentamos que el salario es insuficiente, pero no dudo en comprarme esa chamarrita de piel, que no necesito, pero considero que merezco.  Exigimos mejores salarios y condiciones laborales, a la par que todos los días llego a mi trabajo tarde, o busco la menor provocación para salirme temprano porque tengo algo más importante que hacer.

 

Me molesto porque considero injusto el poco compromiso de quienes vivimos bajo un mismo techo, pero cuando tengo la oportunidad, me hago pato con los pagos que a mí también me corresponden.

 

Cada vez que me equivoco encuentro la justificación perfecta para no asumir mis responsabilidades, en el entendido de que todos son incapaces e ineficientes, menos yo, por supuesto.

 

Es cierto, pinche sociedad, que ha permanecido callada ante estas y otras conductas que, de haber sido detectadas y corregidas a tiempo, habrían evitado tantos y tantos desatinos de quienes encontramos zona de confort en la búsqueda de razones, sin asumir que, muy probablemente, encontremos respuestas ahí, justo donde vivimos.

 

¿Algún día estaremos dispuestos a cambiar?

 

horroreseducativos@hotmail.com