Planeando la brusca ola de la nueva normalidad

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Regreso, gente. Luego de una inesperada ausencia, pues de vez en cuando uno se atreve a soñar. Quisiera que esta fuera una columna tan ceñida a las emociones como la anterior, pero no lo es. A veces el corazón se seca como una presa en el ardiente verano. No, esta es una de esas innecesarias, pero útiles reflexiones ante la nueva normalidad que nos ha revolcado como ola brusca. Volviendo a la analogía anterior, esto es la tierra agrietada dentro de la presa bajo los rayos del sol.

¿Ya se dieron cuenta que estamos a menos de dos meses de acabar con el calendario? Demonios. Pasó la sorpresa, la urgencia, el miedo y la necesidad. En un parpadeo volvimos a trabajar con la exigencia máxima que la pandemia nos dejó a su paso: la sana distancia.

Antes de esto, llevaba un año sin dar clases formalmente, ya saben, por el capricho de la letra y sus ritos para que se haga presente. Eso y un par de asuntos de los cuales ya me he quejado suficientemente en otras columnas. El caso es que a mi vuelta, me topo con una era distinta a la que por el virus quedó atrás.

Seguramente todos fuimos conscientes de esto en menor o mayor medida, pero hay ciertos aspectos que acentúan lo cambiados que están los tiempos sin darnos cuenta; por ejemplo, lo valioso de los abrazos y los besos o en mi caso, cumplir con ciertas obligaciones que antes parecían normales por habituales y no lo son más, no ahora que todo es nuevo.

Recibí aquel correo de la dirección académica de la universidad en que ahora laboro con los formatos de planeación del semestre. Ahí fue que el primer mensaje de la clase sonó.

-Profe, ¿debemos leer el capítulo uno todos?, ¿o uno el uno y el otro el dos y así?, ¿o cómo? Segundo mensaje apenas en un segundo: sí, profe, perdón yo no me pude conectar. Respondí. Tal vez por la computadora y tratándose de los primeros días, las indicaciones no fueron claras. Visto, visto, visto. Recibido. Audio de voz. Visto. Otra pregunta. ¿En qué estaba? Ya, la planeación.

Las indicaciones estaban claras entonces, pero a la hora buena, muy pocos habían leído el capítulo. Nueva estrategia: todos deben leer el mismo capítulo y mandarlo en mensaje de audio. Funcionó. Pero, desde la 11 a las 7 de la tarde, claro entre otras tareas, el día se fue. De todos modos, resuelto, pero no puedo evitar pensar que presencialmente eso se hubiera resuelto en 15 minutos con una lectura, al unísona grupal. Lo siguiente fueron los ensayos. De estar impresos, corregirlos o marcar las correcciones hubiera sido cosa de dos horas, pero, en la computadora es un trabajo tardado y cansado, pues parece que buscas espinas en un filete entre las faltas de ortografía y la redacción. Subrayar, marcar, hacer anotaciones. Afuera, el sol se había ido. Tenía ganas de hacer ejercicio hoy. Madres, la planeación.

Pero ni siquiera es el tiempo lo más demandante, pues todos estos incidentes menores que sólo retrasaban me llevaron a un problema mayor, la atención del grupo. Por supuesto que había un sesgo de atención incluso por los estilos de aprendizaje de cada uno. Repaso breve con un debate en medio. Resultó. Pero, si eso pasaba con la información fresca, ¿Qué pasaría con el examen escrito? Una mejor pregunta, ¿cómo es que podemos planear un examen y sus pormenores si no sabemos bajo que parámetros se aplicará? No se trata ni de la ética no de los principios, ¿Quién supervisa al estudiante mientras hace ese examen? La lógica indica que, en condiciones precarias, no se le puede dar un valor alto a un examen del cual no tienes precedente, pues al contrario de un examen de recepción aquí se corre el riesgo de mandar al alumno ignorando muchas cosas, pues no podemos ampararnos a la confianza en su integridad, de ese modo más valdría entregar guías completas con los contenidos generales de cada carrera y al final jurar solemnemente sobre la constitución que se es experto en cierta área, al estilo de los juicios americanos.

¿Y el internet?, ¿Cuenta como falta que el Wifi se trabe? ¿Cuenta como incompleta una tarea que llegó después de las doce cuando el Wifi se compuso? Tengo alumnos de diseño en cuyos ejercicios para la clase, apago la cámara o cierro la sesión de Zoom momentáneamente para darles privacidad ¿Cuenta eso como falta para mí si alguien por accidente decide monitorear? Digo, lo fácil de pensar es: el profesor seguro se está echando una concha y un café en estos 10 o 15 minutos en lo que en clase por lo menos podríamos fingir leer algo en la computadora mientras revisas Facebook.

Todo esto en apenas una semana y media transcurrida, pues cabe resaltar que fui de los últimos contratados y tal vez por eso no me presionaron. El asunto es que, para quien pone VH1 como fondo para corroborar la ideas que ya pensó cuando menos dos o tres días previos, no es tan fácil pensar a futuro, sobre todo cuando no es un futuro jamás visto antes, pues la novedad merma el resultado exitoso, y, que esto no es tema menor si tenemos en cuenta que de acuerdo con los especialistas, las consecuencias de la educación a distancia en países en vías de desarrollo se podrán notar en unos 2 o 3 años. Entonces, nada es poca cosa.

Ja! Y ahí no para la cosa, pues queda pendiente el chisme del SAT digital para el cual, no, tú no eres tú. Y miren, ya quisieran los genios de la literatura de ficción de antaño vivir para que una computadora les preguntara, ¿eres un robot?, pero hay cosas que namás no van y sólo queda la pregunta irónica, ¿cómo no voy a ser chingáo? Pero bueno, ya pasaron dos horas. La cena más o menos bajó y hay que dormir más o menos temprano, si no, mañana la cámara está tan cerca que parece que muerde las retinas. Así que aquí quedó.