Poemas de Cuarentena II
Una mañana
Besé tus labios de flor narciso
en una mañana de agosto.
Sorda a todas tus palabras
me volví de madera.
Tus manos de hoguera
abrasaron mi veta deformada
y ahí, recostada en la almohada
vi tus ojos de fumarola prolongada
pasearse por mi cuerpo
de astillas y cuerdas.
Diario
Atrapado está mi llanto
en estas cuatro paredes raspadas.
Por la noche con la Luna prendida
y las ventanas cerradas
me pongo a inventar figuras
que siempre, siempre, cambian.
En fin, mi llanto es sordo
y mis ganas de salir son mutiladas.
Las palabras se quedan en mi garganta
(nido de aves solitarias).
Vuelvo a sentir tu silencio agitarse
como una montaña en mi pupila.

