¿Por qué crees que no puedes hacer lo que se supone deberías hacer?

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Nos regimos por un mundo de ideas y actitudes cautivas en una jaula de oro, donde los barrotes dorados son generados por mitos, creencias y tradiciones, lo que debería ser, la historia que nos hemos estado contando de qué es lo que sí deberíamos, que no, qué es lo que merecemos o no e inclusive qué es para lo que sí estamos capacitados y para qué no. Así es que planificamos nuestra vida a partir de una caja de creencias con barrotes de oro que sólo nos permite acceder a lo que ya tenemos y conocemos, es decir, estamos eligiendo que esta jaula nos imponga nuestros límites de lo que corresponde y lo que no. Pero cómo sabremos lo que nos corresponde, siquiera tenemos el atrevimiento de mirar afuera de esos barrotes para ver lo que hay más allá y en consecuencia si estoy o no dispuesto a salir de mi zona de confort para ir a buscarlo, con las excusas o justificaciones de que no me lo merezco o eso no es para mí o no puedo hacerlo. Pretender que son sólo sueños.

Lo más fácil es asumir los límites que nos pone lo ya conocido, lo que ya está ahí, lo que hay en donde partimos nuestra aventura. Así es que lo importante es partir y cruzar esos barrotes de oro, más bien dorados, que nos han impuesto límites sin que nos demos permiso de plantarnos en nuestra realidad  y comencemos a crear a partir del para qué estamos acá. Será un para qué construido de alguna creencia que será el motor creativo de a dónde nos dirigimos. Mi creencia es que venimos a este mundo a amar y ser amados y que la mejor manera es asumir un compromiso responsable con cada uno de mis sueños, todos importantes ellos, y plantearme a qué estoy dispuesto para que estos sean, sabiendo que, su objetivo es el amar y ser amados.

Ahora bien, qué vamos a entender cómo sueños, dado que aquí los estoy considerando como cimientos de la existencia. Es decir, sin ellos no hay sobre qué construir algo. Entonces, los sueños son mucho más que lo inalcanzable, que lo utópico, que lo fantástico. Los sueños son el motor de los objetivos y son la esencia del proceso y el desarrollo individual y social. Así, cuando soñamos, las utopías y lo inalcanzable son la motivación alrededor de lo soñado, lo vivido, lo vivenciado. Valieron la pena el esfuerzo y el compromiso que son la gasolina de la acción. Se trata de mejorarse de un momento a otro, de alcanzar algo para nuestro beneficio para amar y ser amado. Cada sueño se funde en otros y genera grandes ilusiones que al cumplirse como tales se convierten en objetivos de pareja, de familia, de poblado, de nación.

Entonces, la capacidad de soñar no tiene que ver nada más con el tema  de la ilusión de algo increíble, no sólo debemos soñar lo que está más lejos de nosotros, los sueños deben convertirse en un hábito de profundidad mental y espiritual en donde cada día nos cuestionamos y generamos cosas en la búsqueda de ese sendero que nos llevará a amar y ser amados comenzando por la familia, el sendero de las misiones que recién estamos descubriendo, desde la libertad que está mucho más allá de prisión brillante de nuestra caja de creencias con la que crecimos y desaprendimos el objetivo principal de nuestras misiones.

Ahora bien, una de las condiciones para que un sueño se haga realidad es que uno mismo crea en él. Claro, es indispensable hablar de lealtad, y hay que comenzarla de adentro hacia afuera, empezando en uno mismo como creador del sendero. Hay que creer en los sueños, aquí es donde hay que recordar que la energía no miente y es esta verdad la que nos llevará, hay que confiar en ella y dejarla fluir. Comúnmente hemos escuchado la frase soñar no cuesta nada. Tiene mucho de cierto pues se trata nada más de dejarse fluir; sin embargo, el hacer realidad los sueños sí cuesta y sobre todo el tener bien presente que el cumplir un sueño implica dejar atrás el ego y el orgullo, pues al final de cuentas la creación se consuma en el dar, y así como se oye, dar duele y duele mucho, cuando comienza a doler recién comienzas a dar.

El soñar es el inicio, es la chispa de energía que nos motiva a la acción, a iniciar el sendero. Es el ácido adenosintrifosfato de un ser alegre, de un ser amoroso, de un ser auténtico. Sin embargo, soñar no hace la diferencia en una vida, es la acción del ser la que verdaderamente hace la diferencia en mi vida, la que realmente logra la acción, el momento vivenciado.