Posturas mezquinas

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Nadie puede poner en tela de juicio la necesidad de contar con una fuente de empleo digna que nos ayude a solventar los apremios que tenemos en nuestra vida diaria, esto significa que debe haber una retribución por el trabajo que desarrollamos, y si bien, todos buscamos trabajar a gusto, no es por gusto.

Afortunadamente, no todo en la vida es dinero, cuando uno se encuentra realizando una actividad que le llena, el salario es importante, por supuesto, pero hay intangibles que dejan muchas satisfacciones que, incluso con toda la marmaja del mundo, no se podrían pagar.

Existe una sutil línea entre el placer por hacer algo y la obligación por realizarlo, igual de pequeña es la frontera entre el sentido de justicia laboral versus el ser mercenario; por ejemplo, es claro que si se me solicita alguna actividad que esté fuera de mis funciones y añadida a mi jornada laboral, debe existir una paga adicional, pero si lo que me solicitan está dentro de mis actividades y además se hace en el horario establecido, no puede generar ingreso extra, exigirlo resulta una postura mezquina.

Esto nos debe remitir a la ética, ¿hasta cuándo seguiremos permitiendo conductas que violenten toda estructura de valores?, ¿Qué tiene que pasarnos como sociedad para reaccionar y evitar usos y costumbres tan malamente arraigados?

Hemos monetizado todo, el trabajo, la familia, la vida misma; todo parece resumirse a transacciones en las que ningún de las partes está dispuesta a ceder en nada, todos quieren ganar, sin siquiera hacer un análisis de las condiciones del contexto inmediato.

Imagine usted a un colaborador que tiene jornada de ocho horas, en determinado momento, y en aras de darle algún respiro se le autoriza que un par de semanas reduzca su tiempo de labor a cinco horas; por supuesto que no existe ninguna queja al momento.  A los dos días, por necesidades de la organización, se le solicita apoyar a otra área, dentro de ese horario reducido y, fresca cual lechuga, la persona en cuestión objeta porque no le parece justo. De ese tamaño es la poca ma.… nera de agradecer de ese colaborador.

Pero la mezquindad tiene otras facetas, por ejemplo, sacando ventaja de la posición que se tiene dentro de una organización; en muchos lugares, y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, hay quien aprovecha para contratar a todo el séquito familiar, y a la vuelta de unos años, las parejas, los hermanos, los hijos, los primos, los vecinos y hasta las mascotas, ya tienen una posición dentro de un mismo espacio, es como suponer que un partido político se construye con la idea de hacer un negocio familiar por aquello de los dineros públicos… perdón, ejemplo imposible y menos en nuestro México.

Esa avaricia extrema, esa falta de nobleza, esa cicatería ante la vida no es más que el reflejo de lo que hemos dejado ser como sociedades; pareciera que todo acaba por tener un precio. Cuanta razón en lo dicho por Jenofonte: Solo a fuerza de favores se conquista a los espíritus mezquinos, a los corazones generosos se les gana con el afecto.

¿En cual de los dos bandos se encuentra usted?

horroreseducativos@hotmail.com