Preclásico en la Entidad

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Para el profesor Mosquito, existe una conclusión importante en su estudio del pasado indígena: El territorio del Estado de México, si es madre y cuna de una cultura ancestral, perfectamente discernible. Esta verdad que corresponde a la objetividad que la historia de Mesoamérica indica en todo lo que se ha encontrado al paso de los siglos. Lo sepultado y destruido por la inquina de los primeros conquistadores en la época prehispánica y durante 300 años de coloniaje no pudieron borrar la grandeza de aquellos tiempos. Comparar el desarrollo de culturas más allá del Atlántico o del Pacífico no es un tiempo perdido, es prueba de que somos herederos de grandes culturas, que talento e inteligencia hubo de sobra desde los principios en que se pobló el Altiplano Mexicano y más allá. 

Cuenta el cronista: El tránsito del salvajismo nómada a la agricultura sedentaria ha sido determinado en lo general, no importa la escasez de datos concretos y fechas determinadas. También el paso de la aldea agrícola hacia la formación de grandes centros urbanos y la evolución política desde el patriarcado hasta las teocracias educadoras y los imperialismos militares, se ha identificado plenamente en piedras y documentos, fósiles y cacharros. Para comunes mortales que somos la mayoría de los ciudadanos de este siglo, al ver pedacería de cerámica nos preguntamos: ¿para qué sirve todo eso, si no son más que pedazos de barro o piedra?… y como siempre la palabra Aleph viene a darnos lección seria e imaginativa, un solo pedazo de cerámica habla de la historia y su tiempo. 

Del tipo de artesano indígena que le formó y del pueblo y territorio donde se hizo. Lección admirable, de esta manera arqueólogos y estudiosos de las artesanías y de la cultura popular saben señalar su tiempo, el material que le formó, las manos que le trabajaron, el tipo de colores que le definen para tal o cual cultura del territorio donde fue creado. Pedacitos de vasijas son milagro en el tiempo de labor que desentierra y busca nuestro pasado. Del microcosmos más pequeño al macrocosmos de un pasado que está lleno de información sobre el hombre y la mujer, la familia y sus cotidianas labores. Pedacito convertido en Aleph para informar lo escrito por don Poncho: En este rudo proceso de asimilación a la cultura, los pueblos originarios de Mesoamérica se influyen, se entrelazan por la sangre, registran invasiones de tribus belicosas que tal vez fueran sus hermanos asiáticos retrasados, pero lo cierto es que nada consigue alterar el núcleo cultural, su más verdadera y profunda fisonomía.

Los toluqueños de este tiempo debemos de ver el desarrollo de nuestra historia más querida bajo la palabra Aleph, palabra iniciática del alfabeto judío, no por ubicarse ideológicamente con tal o cual raza o cultura extranjera. Sino porque sirve como metáfora de cómo obligadamente debemos entender el desarrollo e inicio de toda cultura que ha merecido subsistir a pesar de toda atrocidad que se haya cometido con ella. 

Defensor de lo nuestro don Poncho señala: Encontramos sus primeras huellas irrefutables en el Horizonte Formativo o Preclásico, lo mismo en las innumerables localizaciones del valle de México que en la vasta región otomí y en la depresión suriana: Tlapacoya y Teotihuacán, Calixtlahuaca y Xochicalco representan el primer estrato de lo que puede llamarse con justicia, la cultura arcaica del Estado de México. Un solo pedacito de vasija nos lleva a estos estudios. El hombre que nació por antonomasia investigador desea saber de él y de su entorno, desea recrear la naturaleza, piensa en las estrellas desde los más remotos tiempos, en el Sol y la Luna y quién los puso ahí. La maravilla del conocimiento surge cada mañana para que el hombre se admire del cielo y las nubes, del viento que le acaricia o le golpea el rostro con sus ráfagas de furia venidos del norte por el mar. 

Es decir, estudiar el pasado es ir a la cosmovisión del hombre cuya batalla y arreglos con la naturaleza le permitieron llegar a poblar por más de 7800 millones al plantea como sucede en el siglo XXI. Es bello leer a don Poncho diciendo: En la siguiente etapa, todo el poderoso fluir de la inteligencia nativa parece centrarse en el Teotihuacan Clásico, que realiza una verdadera síntesis de los mejores aportes culturales de Mesoamérica, De la gran urbe recogen los Toltecas los materiales con los que habrán de construir el sólido edificio de la Cultura Náhuatl. ¿Cómo borrar los siglos anteriores al 19 de marzo de 1522?… ante tal epopeya cultural en la que se entrelazan decenas de etnias, cual si estuvieran yendo a un panal terminarían yendo de Teotihuacan, hacia la gran Tenochtitlan, en el centro —ombligo de la Luna o del Sol— de la capital mexicana, que en un tiempo la definimos con dos letras: DF (es decir, Distrito Federal), para saberla definir en esa idea-metáfora del Aleph, una sola palabra: México

Territorio urbano que fue capital de la Colonia Española, bajo un Estado monárquico denominado Nueva España durante 300 años. Es interesante citar las siguientes palabras de Sánchez García: En justicia, la tesis anterior ha sido sustentada y defendida por el profesor Javier Romero, para quien el territorio estatal fue el asiento indiscutible de la Cultura Teotihuacana, que con el tiempo habría de tomar distintos nombres por cuestiones de simple carácter etnográfico. De modo que cultura Nahoa, Nahua, Náhuatl, Tolteca, Cúlhua, Mexica o Tenochca, son una y la misma cosa, que tiene su origen y asiento principal al invadir lo que hoy es el Estado de México.  

Escribe: El estudio particular de la Etnografía, nos demuestra que no todos los pueblos asentados en suelo de la Entidad tuvieron la misma filiación, pero eso no altera un punto la tesis propuesta, en virtud de que todos, antiguos y recientes, terminaron por adoptar en términos generales la Cultura Náhuatl. Por las buenas o las malas las culturas dominantes a través de los siglos han impuesto su hegemonía ideológica: modas, religión, vestuario, gastronomía, lengua, armas, educación, artes y, lo que se ha formado en miles y miles de años para hacernos diferentes al primer Hombre sobre la tierra. Pero eso no cambia las cosas, primer Hombre o Mujer, son la metáfora del Aleph que convoca a comprender que en el inicio está todo: pasado, presente y futuro; fortalezas y debilidades del individuo del que estudiamos. 

Leo sus palabras: Por lo demás, si la Historia del Estado es en cierta forma la de México entero, eso sólo contribuye a darle mayor interés local, aunque sólo sea tomando en consideración el orgullo provinciano. Estas palabras deben hacernos recordar que el Estado de México y sus ocho Distritos abarcaban hasta la bahía de Acapulco. Tlalpan, es cuarta capital, con que cuenta en etapa Independiente el territorio llamado Mexiquense. Es decir, para finales de década de los veinte, éramos parte de lo que el gusto popular definía el siglo pasado como DF. Claro que la entidad es parte del Altiplano en sus evoluciones territoriales. Por eso no fuimos desiertos de arena naturales, ni desierto cultural a cuya entidad se le pueda hacer de menos, por su rico pasado prehispánico. 

Si de tan lejos venían culturas a centro de Mesoamérica, ¿por qué nos hemos de extrañar que matlatzincas, otomíes y mazahuas estuvieran al margen de la sociedad multicultural?… que domina territorio que se extiende al norte en los Estados Unidos de América o hacia el sur, hasta Honduras y El Salvador, como se señala una y otra vez. Pensar que estuvimos fuera de la radio del imperio azteca es imposible, y al ser actores, corresponde sufrimiento y muerte o tributos a pagar, pero también, lo que aportan dichas culturas a la riqueza náhuatl, que es Imperio, y por ello, resumen de fortalezas y debilidades de pueblos dominados. Esta es lección que a través de siglos da la humanidad en grandeza del Valle de Toluca no debe quedar duda; de ahí la obligación de investigar a fondo sin hacer separaciones por ignorancia o de carácter ideológico o político, que sólo causan mayor confusión en reconocer grandeza cultural que nos es propia. Un hilo conductor dice que seguir huellas del pasado pueden decirnos quién somos.