Premoniciones digitales
En este caso, más que una interpretación de indicios sobre un evento futuro, quisiera referirme a las premoniciones en su acepción relativa a aquella intuición colectiva que se tiene sobre un fenómeno, y en particular, de los efectos de la tecnología y digitalización en nuestras vidas en un escenario pospandemia.
Si bien prefiero ser de aquéllos que ven en la tecnología una oportunidad de cambio y evolución para la humanidad, no puedo perder de vista que las posibilidades con motivo de su implementación pueden dar lugar a diversos escenarios, que, en caso de no ser controlados pueden dar lugar a pasajes oscuros como los que tanto han afectado a la sociedad, pero que a su vez, han arraigado los valores que deben conducir el actuar de las personas para que nuestra civilización prospere.
El ámbito tecnológico históricamente ha sido continuamente señalado por la cultura como un riesgo importante a considerar que puede tener efectos directamente proporcionales con la calidad del ser humano y la mejor versión de los mismos, es decir, dichas capacidades tecnológicas han sido vistas como aspectos antinaturales que conllevan de manera inminente una deshumanización de las personas, es decir, que uno de los mayores riesgos se asocia con perder las características de lo que es humano, y, que nos separa no sólo de los animales, sino de la materia inerte, y, actualmente, con los procesos automatizados a través de máquinas, robots, programas o algoritmos.
Es así, que en cualquier aspecto de la técnica, como armas biológicas, nucleares, robots asesinos, digitalización de los procesos, automatización de la producción, ingeniería genética, y decisiones autogestionadas, se ha estimado necesario restringir o limitar actividades inherentes a las mismas por el bien de la humanidad.
Dicho señalamiento si bien podría asociarse como una de las reacciones comunes al miedo de lo desconocido y resultar infundados a través de los beneficios que han generado en la posmodernidad, que van desde los procesos productivos hasta directamente con la mejora de la calidad humana o de su expectativa de vida a través de mecanismos artificiales, puesto que como puede advertirse la medicina, no es sólo sino una disciplina transhumanista que en poco se puede distinguir con las mejoras de capacidades artificiales, que en su momento se asociaron a la ciencia ficción a través de los hombres y mujeres biónicas, o la búsqueda de la inmortalidad a través de la fuente de la juventud, de igual manera que las vitaminas, complejos químicos y noontrópicos, o inclusive ingeniería genética, así como el cultivo e impresión de órganos, entre otros esquemas médicos que no son vistos con recelo puesto que preservan la vida.
Es decir, si bien la aspiración humana tiende a la perfección y a la evolución, en el que metafóricamente, inclusive se advierte que la divinidad no es sólo un esquema de veneración, sino de proyección, dicha perspectiva no necesariamente se refleja de manera comunitaria o solidaria, ya que eventualmente conlleva a una segregación o segmentación, en función de quienes desarrollan ciertas características que son socialmente asociadas como insumos de valor, insumos que a su vez, quedan fuera del control o alcance de las personas, para dejar a un juicio divino, intangible e inmaterial, los resultados de dichos esmeros.
El grado de digitalización que se ha dado a partir de la pandemia, ha acelerado no sólo la familiarización de las personas comunes con las tecnologías, sino que ha hecho a los actores económicos avanzar de manera más decidida con sus arsenales tecnológicos a fin de reducir efectos no deseados con motivo de la pandemia, buscando, con base en sus procesos de análisis adelantarse a comportamientos de impago, flujo de efectivo en sectores, viabilidad del negocio en una región, o inclusive, capacidad de respuesta o de infraestructura para hacer frente a obligaciones o para cumplir con un compromiso adquirido, a fin de adelantar resultados.
Si bien al día de hoy los mecanismos de análisis siguen teniendo sesgos importantes, y aún así, ya son materia de implementación por parte de la empresas, llama la atención que dichos algoritmos estén generando información autoprocesable a través de mecanismos de inteligencia artificial, y, que aún en contra de las obligaciones que legalmente existen en materia de protección de datos personales incorporan en sus modelos de negocio decisiones automatizadas para procesos no sólo internos, sino de sus operaciones con sus clientes, como en el caso del sector financiero, para colocar créditos y gestionar los límites, estandarizando los procesos para disminuir impagos, pero que no están dejando espacio para la oposición a dicho tratamiento, o inclusive, para solicitar a una reconsideración sobre dicho proceso.
En un principio, dichos procesos pudieran parecer una panacea a diversos problemas, pero, ¿qué es lo que pasa cuando los problemas se solucionan sin tomar en cuenta la dignidad de las personas?, ¿esas decisiones automatizadas pueden afectar el modelo del negocio y eventualmente poner en riesgo su viabilidad, o, al contrario, estos mecanismos marcarán tendencia en todos los sectores? ¿hacia qué lado se orientarán los mercados?
Dependiendo del enfoque que se le dé a dichos cuestionamientos estaremos en posibilidad de ver si los atisbos tecnológicos sean democratizadores, o, discriminadores en función de la gestión de los intereses de las personas y que éstas se encuentren empoderadas para exigir sus derechos, puesto que no luce lejana la posibilidad de que un algoritmo explote a las personas, de la misma manera o peor, que en los momentos más oscuros de la humanidad a través de la esclavitud, que el día de hoy, no necesitaría una sujeción a un estado determinado, sino únicamente manipular de manera selectiva para que produzcan los efectos deseados con motivo de una persona, supuesto en el que sin duda, el riesgo de ser programado ante la incapacidad de programar puede hacer palmarias aquéllos riesgos que eran advertidos como afectaciones para la supervivencia de las personas.
En estos escenarios en que el totalitarismo, no solamente gubernamental, sino también empresarial en pos de la productividad, serán puestos a pruebas a través de los mecanismos de reacción ante el manejo al retorno de las actividades económicas y sociales, la respuesta que la sociedad brinde en torno a la defensa de sus derechos, marcará la diferencia entre el incumplimiento de las premoniciones sobre la deshumanización, o, marcará un determinismo basado en los factores asociados a un proceso evolutivo discriminatorio artificial.
Ante estas premoniciones, sin duda el Convenio 108 del Convenio de Europa, marcó una guía a nivel internacional sobre la importancia de la protección de datos personales como mecanismo para defender en la era moderna y digital cualquier tipo de libertad de las personas, a fin de que la evolución tecnológica siempre esté marcada por un imperativo ético en el que la privacidad de las personas sea el escudo que permita aplicar técnica en beneficio de la dignidad de las personas.
Hasta la próxima.

