Privacidad cuántica
Esta semana nos preparamos para la última festividad del año la cual, desde nuestra perspectiva cultural, encierra un misticismo particular, puesto que constituye una tradición adquirida en el seno de la religión católica, que también buscó en su labor evangelizadora eliminar las tradiciones consideradas como paganas que celebraban el nacimiento del Dios Sol, a la par de que en nuestro país, también se refieren las festividades en torno al nacimiento de diose principales como el caso del Dios Huitzilopochtli, y, que, todas estas fechas se enmarcan con el solsticio de invierno que es representativo por el cierre de un ciclo anual de trabajo que a partir de dicha época resurge y con lo que las festividades adquieren significados especiales.
Es así que, la Navidad cuenta en apariencia con una envoltura que muestra lo mejor de nosotros como parte de un proceso de transformación implícito que se origina probablemente como parte de nuestro devenir en los ciclos de la existencia, pero que, cuando menos en el ámbito físico nos obliga a redefinir nuestros objetivos en la preparación de una nueva etapa para nuestras vidas, que requiere si no necesariamente una planeación, sí una visualización y proyección de nosotros en el tiempo, una prospectiva que necesariamente mezcal presente, pasado y futuro en un instante.
La evolución tecnológica nos ha permitido también evolucionar nuestras consciencias y descubrirnos en nuestra esencial y potencial como extremos que se nos presentan de plano pero que nos desdoblan en diversas dimensiones, las cuales ha sido posible describir a través del proceso básico del registro y creación del conocimiento que nos mostraron lo infinito a partir del sistema binario, y que, a partir de los unos y los ceros han permitido representar todo lo que la humanidad es y quiere ser, y que, tomando como referencia los sistemas de gestión, constituye la evidencia básica para nuestro proceso de mejora.
Sin embargo, todo lo que somos y lo que seremos son vestigios de nuestra memoria, y, como parte activa de la misma encontramos a la mente como la gran creadora de cualquier inventiva humana, mente a la cual reconocemos con objetividad por sus resultados y los productos lógicos derivados de su correcto uso, pero sobre la cual, todavía estamos llenos de dudas, mitos y supersticiones en el plano metafísico, el cual, se denomina como tal únicamente por la limitación de la comprensión y el descubrimiento de la ciencia, cuando, eventualmente ante la comprensión de todos los fenómenos del universo encontraríamos que toda nuestra existencia incluyendo aquellos aspectos de nuestro potencial completamente desarrollado, son susceptibles de considerarse como fenómenos físicos en toda la extensión de la palabra, la única diferencia, es que todavía no los conocemos e inclusive no los podemos identificar en función de nuestras propias vivencias.
Ahí se inserta la mecánica cuántica, como una división de la física que todavía se resiste a denominarse como cuántica o a asignarse dicho atributo, cuando la cuántica, ya constituye un concepto que asocia la nueva revolución de las consciencias en torno al modo multidimensional que representa su uso; es decir, de ser considerada sólo una rama de la física hoy en día, puede ser más comprehensiva como toda una teoría que, en breve, empezará a guiar una nueva escalada de visiones en torno a su aplicación práctica en nuestras vidas y la tecnología, será la catalizadora y espejo de los mecanismos que se adopten para tal efecto.
Es así que por mecánica cuántica tradicional, teniendo como base sustancial la Teoría de la Relatividad, como resultado del estudio del universo a escalas espaciales pequeñas, ha llegado a cuestionar y propone cuál es el orden fundamental de todas las cosas a partir del estudio de la energía/materia aplicada hacia todo el entorno, descubriendo que lo que es, puede a la vez no ser, y que, aunque algo sea, no existe ningún impedimento para que después no sea, lo cual, nos lleva a la aplicación dinámica de la energía para la vida y cómo nosotros somos quienes creamos nuestra realidad en función de nuestra consciencia individual que a su vez, forma parte de la colectiva, y, a su vez esas interacciones se debaten en cada instante entre el equilibrio y el caos.
El fenómeno cuántico solamente es un presupuesto dentro de la mecánica cuántica, y que más allá de los paralelismos hermético – esotéricos de la Ley de la Correspondencia, por los cuales, se busca explicar el orden del universo a través del estudio de los elementos básicos o fundamentales de todas la creación, y, que en obviedad de explicación, la teoría versa más en torno a la predicción de los fenómenos observados, más que a su simple descripción, el simple hecho de la confirmación del hecho cuántico abre un sinfín de posibilidades al encontrar un nuevo enfoque hacia los aplicativos, cuando menos tecnológicos, al punto en el cual tenemos como la mejor muestra a la computación cuántica que, a partir de dicho enfoque se encuentra e punto de revolucionar la forma en la cual procesamos datos y, en general, eso provocará, combinado con las demás tecnologías, como la inteligencia artificial, revolucionar la forma en la cual entendemos e interactuamos con el mundo.
Nos guste o no, esta evolución nos lleva por caminos cada vez más audaces y muestra de ello se vive a través del uso de datos dinámicos que combinan el dato y el funcionamiento, con lo cual, en algún momento podrá darse un paralelismo para cualquier uso cotidiano en nuestras actividades o intereses. En el caso del derecho a la protección de los datos personales ¿es posible considerar como objeto de estudio y protección al dato personal como registro y a su tratamiento en, principio (ya que seguramente encontraremos escenarios más complejos), como un solo elemento? Interrogante que surge puesto que, si bien en la generalidad de los casos, los elementos inherentes a su protección se resuelven medianamente a través de la protección de los registros de información personal, o, a través del control de las funciones y usos que se les da a esa información, con este cambio de paradigmas, me atrevería a acuñar el concepto de privacidad cuántica como el nuevo modelo de protección que debemos generar en nuestras vidas que se representa a través del binomio de la protección y control del dato personal, conjuntamente con su tratamiento, y, que, por ejemplo al hablar de los neuroderechos podría constituir una opción adecuada para el nivel de protección que requiere este ámbito de tutela.
Hoy en día, con el uso de la inteligencia artificial como recientemente se ha anunciado que proveerá del servicio de traducción en tiempo real a través de tecnología inmersiva y realidad aumentada, en la cual, nuestro tono de voz será adaptado artificialmente a través de dicha tecnología a fin de que nuestro oyente no solamente escuche nuestra voz en un idioma distinta, sino que nos reconozca a través de nuestra voz, es una muestra de la necesidad de dimensionar al dato y al tratamiento del mismo como uno solo, ya que ambos procesos se realizan en un instante, rompiendo el paradigma tradicional de los conceptos de datos y tratamiento que, requieren implícitamente de la existencia de registros que permitan dar cuenta de dicho procesamiento. Hoy la protección requiere evolucionar a fin de comprender también estos datos dinámicos que no necesariamente generan un registro, pero que, eventualmente ante el uso del algoritmo en funciones equivocadas puede poner en riesgo grave nuestros derechos y libertades fundamentales.
En estos momentos de reflexión en los cuales, al momento de agradecer por lo que somos, proyectamos nuestro futuro, se vuelve necesario que ese proceso siga siendo libre a fin de tener la oportunidad de ser siempre nuestra mejor versión y materializarla en nuestras vidas. Deseo que esa nochebuena llene de paz y amor sus corazones a fin de que renazca en esta Navidad el espíritu de la Divinidad que nos impulsa a crear un mundo mejor. Gracias por leerme ¡Feliz Navidad!

