PRIVACIDAD DE PAPEL

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La fragilidad de los mecanismos de cumplimiento y protección de las personas en torno a sus datos personales y privacidad quedan expuestos a partir de la confirmación de escenarios que ya se avizoraban, tales como sendas multas impuestas y en proceso a Google, por la fala de mecanismos de protección a menores y por su papel dominante en su plataforma de publicidad, así como el golpe de 5 mil millones de dólares a Facebook, que parece ser el fin de la etapa más dolorosa de la compañía relacionada con Cambridge Analytica y los experimentos sociales del análisis de información, así como su prospectiva y aplicación en grupos sociales específicos.

Estas resoluciones solamente son la página frontal de un entramado técnico y regulatorio en el cual las tecnológicas siguen sin dar respuesta a la demanda de los usuarios por democratizar el espacio, expresión política a la que se resisten dichas empresas por la defensa de la libre empresa y propiedad privada, y del gobierno, dado el humor social que rehúsa dar mayor papel al Estado respecto a la autonomía de la ciudadanía, ya que la emancipación del poder político constituye hasta el momento uno de los más grandes logros en el ejercicio de derechos subjetivos y fundamentales.

Sin embargo, mientras este proceso se mantiene en el debate público, la ciudadanía digital mantiene su exposición a la toxicidad de la radiación derivada de la minería de los datos, cuyos efectos al igual que en la realidad enferman a la sociedad, puesto que como usuarios y el uso de nuevas aplicaciones seguimos formando para de experimentos constantes y un caldo de cultivo para incrementar el valor de los activos digitales que si bien se ven descubiertos consciente o inconscientemente a través de nuestra intuición, cada vez es más difícil sustraerse de esta dinámica en la que nuestra información ha sido explotada y nuestra expectativa de privacidad, disminuida.

En este tramo de control y protección de la información no toda la responsabilidad le corresponde a las tecnológicas digitales, puesto que aunque pareciera que sobra decirlo, cuentan con el crédito del descubrimiento y desarrollo del mercado digital de la amplitud del espectro del comercio, por lo que también es importante que en el control de daños y descarga de obligaciones, dichas empresas no constituyan los chivos expiatorios de las malas decisiones e influenciabilidad de los usuarios, sino que debe identificarse un nuevo concepto de rendición de cuentas que permita el crecimiento de la economía digital.

Desde esa perspectiva, los marcos regulatorios todavía no deberían ser nuestra principal preocupación, puesto que, como se ha señalado la esfera de la subjetivación de los derechos y la atribución de principios y valores como fundamentales, corresponde a la ciudadanía a través de mecanismos de exigencia judiciales o administrativos que permitan dimensionar el ámbito de aplicación de los mismos, sin embargo, no ocurre lo mismo con la proyección de desarrollo de la técnica a mediano plazo.

Esto es así, puesto que la protección de la privacidad y de los datos personales cuentan con un marco mínimo de garantía, a partir del cual, en cualquier país que haya tomado como guía la Declaración Universal de los Derechos Humanos en la estructura de su Estado de Derecho, la intimidad y bienes intangibles pueden resultar exigibles a partir del principio de seguridad jurídica y una adaptación a los valores protegidos por cualquier sociedad.

No obstante, en el ámbito de lo técnico ¿qué sucede o sucederá cuando para fines comerciales se distribuyan computadores con procesamiento cuántico? ya que si bien, su llegada para este año o el próximo parece que se retrasará en búsqueda de mayor estabilidad, eventualmente no superará un lustro o una década una nueva era en lo que hace al procesamiento de datos que en una transición dejará vulnerable a la ciudadanía digital y su uso no autorizado podría resultar equiparable al uso de armas o inteligencia militar.

La transición de dicho modelo podría resultar equiparable a lo sucedido en el año 2000 cuando existía el temor que la estructura de las fecha causara algún inconveniente con la operación de sistemas y el internet, cuando existan asimetrías muy grandes en el procesamiento de datos, con el uso de computadores que podrían acceder a todo lo que nosotros consideramos que el día de hoy se encuentra encriptado, y que, por ejemplo, todos aquellos correos electrónicos y acceso a cuentas de redes sociales, así como información de sistemas varios puedan ser comprometidos frente a la fuerza bruta de una capacidad de procesamiento por mucho superior a lo que se había conocido y operado.

Aunado a ello, en un mundo conectado por cualquier cosa, el uso de equipos de cómputo con una capacidad superior qué tanto podrían comprometer actividades relacionados con infraestructura crítica ¿qué tanto representaría un riesgo para los países?, por lo cual, al igual que las discusiones que se han dado en torno al derecho espacial, o al uso de armas nucleares o biológicas, es momento de establecer ciertos consensos en torno al carácter fundamental del acceso a la tecnología y los derechos digitales, ya que no hacerlo, compromete el bienestar de todos los usuarios, y que, si pensábamos que con las violaciones advertidas no podíamos estar en condiciones inferiores, deberíamos estar preparados para la sorpresa.

Ya que, considerando el imperativo ético, a quien debería facilitarse la asignación de los primeros equipos con mayores capacidades de procesamiento ¿a los ciudadanos? ¿a las empresas? ¿a los gobiernos?, bajo este escenario, ¿existiría alguno de ellos que fuera en verdad confiable como para no vulnerar ventajas de los demás? O ¿sería conveniente seguir actuando bajo la ley del más fuerte, cuando los algoritmos más bien  son el resultado de la organización de la civilización?

Así, cuando menos hasta hoy, el debate en torno a la evolución tecnológica encierra importantes interrogantes en torno a la definición de nuevos derechos, como los presupuestos que nos permitan seguir avanzando como humanidad, ya que al trasladarlo al ámbito personal, existiría alguna persona que resistiera la tentación de ocupar una llave mágica para acceder a cualquier información, si no fuéramos nosotros ¿nos gustaría ser vulnerables frente a quien sí la tuviera?, si lo dejamos frente a la ley del más fuerte ¿estaríamos a expensas de una nueva forma de esclavitud?

Reflexiones que además, como en el caso de las multas, formulamos mientras la intuición nos dice que alguien en este momento podría aprovecharse de esa ventaja, sin importar si el día de mañana se confirma a través de la noticia de que le impusieron una multa. Peor aún, de qué sirve hablar de la cuantía o monto de las multas, si las comparamos con los beneficios que tienen las empresas con motivo de dichos abusos, o inclusive, con los efectos de una nueva forma de intoxicación en la sociedad digital que por el momento no entendemos, pero cuyos efectos posiblemente puedan estar presentes en la estructura de una nueva sociedad que mientras no cuente con una mayor protección, seguirá siendo protegida  de manera frágil solamente en el papel.

Hasta la próxima.