Problemas de humo, liberaciones falaces, pensando al profesor Anxo Bastos
Hace tiempo, se dedicó este espacio para reflexionar de lo que, en el contexto de las humanidades y casi en todos los estratos de la vida social, se entiende como Victimismo ilustrado. Brevemente, la característica principal de las corrientes de pensamiento que merecer ser catalogadas con esta distinción, es una devoción férrea en la proposición todo estaría mejor de no ser por los… Naturalmente el sustantivo que va al final de la oración se cambia a conveniencia. Y así se hace, por ejemplo, con los axiomas como Todo estaría mejor de no ser por los españoles, De no ser por el capitalismo el mundo sería mejor, o De no ser porque el sistema me oprime el mundo sería mejor y yo tendría lo que quisiera.
El análisis de esta manera de razonar predeterminada, en la mentalidad colectiva de muchos países latinoamericanos, roza intensidades casi patológicas, y su estudio es tan interesante como extenso. Aunque un poco más amplia y con mayor injerencia en el día a día es la pregunta ¿La idea de que América Latina aún se rige por opresores y culpables, es pertinente y honesta para entender a nuestros países y a nosotros mismos?
Desde una óptica libre de moralinas, las razones económicas hacen que uno se incline a repensar seriamente el asunto de la decolonialidad, y su rentabilidad. Así, no se sabe bien cómo, pero se cree que América Latina sigue siendo económicamente una gran colonia eurocéntrica con el yugo agente de Norte América. Decimos que no se sabe bien cómo porqué basta con recordar que en la actualidad no hay países más ricos que aquellos libres de colonias en su historia, a saber, Suiza, Noruega, Suecia, Luxemburgo y el caso especial de Canadá y Australia son actualmente algunos de los países más ricos de la tierra.
Desde otro punto de vista, desde el histórico, nos topamos con la incesante demostración de que la esencia del colonialismo es lastrar al colonizador. Muy al margen de lo cultural, las colonias son un lastre se las mire por donde se las mire, y una responsabilidad imperiosa que termina por estancar tanto al colonizado como al colonizador en sus fines. En tal sentido, esta lógica se torna impenitente con el ejemplo de Portugal, el país que poseía las colonias geográficamente más bastas de toda Europa y que, sin embargo, a día de hoy es uno de los más pobres de todo el continente. Y hace lo mismo el caso de España, que, al perder la totalidad de sus colonias en la actual América Latina, no se hundió ni lo más mínimo económicamente. Pues esa es otra proposición de gran valía sobre este asunto: ningún país que en su pasado haya sido colonizador, al perder dichos territorios y sus beneficios, se ha hundido.
Sea como fuere, el asunto sigue suscitando debates furibundos y unas indignaciones y unos odios tales, que es casi deseable que toda aquella fuerza y movilización se templase hacia una forma más honesta de estudiar y de educar a quienes reciben este tipo de ópticas como fuente primaria de estudio en sus niveles más básicos y elevados. Criar y cultivar a personas de esta manera es crear una nueva psicopatología en la vida cotidiana en la vida latinoamericana con todo lo que esto acarrea. Además de enquistar credos, como decíamos, sustancialmente victimistas; incapaces por naturaleza de pensar holística y desprejuiciadamente.
Condenados a la unilateralidad y no poder comprender que el asunto de la conquista genera conocimiento trascendental al entender que todos somos iguales de malos. Y, sobre todo, que lo ocurrido con América Latina, es, en realidad, uno de los sincretismos más profundos y prósperos que la historia de la humanidad ha conocido.

