Proclama de Morelos

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En el libro Letras Hispanoamericanas en la época de la Independencia publicado por SEP/UNAM en el año de 1982, con prólogo, selección y notas de Jaime Erasto Cortés, encuentro una ficha de referencias sobre el Siervo de la Nación; dice así entre otros datos: El 13 de septiembre de 1814 estableció el Congreso de Chilpancingo, organismo que expidió el acta que declaraba la independencia de la Nueva España, y poco tiempo después, en Apatzingán, el 22 de octubre de 1814, el Decreto constitucional para la libertad de la América mexicana, importante documento que puso de manifiesto las ideas políticas de Morelos. Son tan relevantes los hechos durante los cinco años de guerra contra los españoles que hizo José María Morelos en compañía de Leonardo Bravo, de Hermenegildo Galeana o Ignacio López Rayón entre otros, que cabe destacar su visión jurídica que daba sustento sólido al movimiento frente a los nuestros, pero también ante el mundo.

 

Muchas fueron sus victorias pasando por Acapulco, Chilpancingo. Tixtla, Izúcar, Cuautla, Taxco, Oaxaca y toda la zona del sur de la Nueva España donde se convirtió en ícono de los pobladores que le adoraban como a un semidios.

 

Dicha Proclama entra en esa historia de documentos que hablan de la Independencia ajena a reinos de ultramar, así al lograr la liberación definitiva de esta nueva nación que tardaría años en hacerse realidad. Había que estar ahí en esos tiempos, en ese contexto histórico para saber que el parto de la nueva nación no fue de ninguna manera un paseo por el campo: sino sufrimiento en los más dolorosos sentidos, cuenta Jaime Erasto Cortés: La serie de derrotas del Siervo de la nación —título que el mismo se asignó— se inició en Valladolid, continuó en Puruarán y terminó en Tezmalaca, el 6 de noviembre de 1815. En la ciudad de México fue procesado por el tribunal de la Inquisición y pasado por las armas el 22 de diciembre de 1815, en San Cristóbal Ecatepec.

 

La biografía de un revolucionario se resume muchas veces en hecho de gloria alcanzada, o en sus derrotas y momentos de amargura o tristeza. Al revisar los dos textos, proclamas o manifiestos, tanto de Hidalgo, como de Morelos, el primero dicho en diciembre de 1810, para defender la causa y negar que la guerra estuviera en contra de la religión católica; cuando el estandarte de la Virgen de Guadalupe, era emblema al iniciar el movimiento de independencia, nos refleja que es documento de dura crítica al gobierno de los españoles que por casi 3 siglos han sojuzgado a la población sin misericordia y respeto. El investigador pone una nota de inicio al documento del Padre de la Patria, en esa fecha, que es emblemática, pues señala que la guerra no es contra la iglesia, sino sólo contra los gachupines, que por siglos han matado, saqueado las riquezas de los pueblos y su trabajo hasta el cansancio, dice así: Manifiesto que el señor don Miguel Hidalgo y Costilla, generalísimo de las armas americanas y electo por la mayor parte de los pueblos del reino para defender sus derechos y los de sus conciudadanos, hace al pueblo, contestando el edicto anterior. Con fecha de 15 de diciembre de 1810. Tres meses han corrido ya, las guerras más importantes de este prócer se habían dado exitosas cual cometa que cruzó la naciente nación, con el entusiasmo de los pueblos, que por fin saben que sus cadenas han de dejar de atenazarlos con el fuego y la muerte por compañía.

 

En el libro citado dice Miguel Hidalgo: ¿Pero de qué medios se habían de valer los españoles europeos, en cuyas opresoras manos estaba nuestra suerte? La empresa era demasiado ardua; la nación, que tanto tiempo estuvo aletargada, despierta repentinamente de su sueño a la dulce voz de la libertad; corren apresurados los pueblos y toman las armas para sostenerla a toda costa. Los opresores no tienen armas, ni gentes para obligarnos con la fuerza a seguir en la horrorosa esclavitud a que nos tenían condenados. Quien esto dice, es un estudiante exitoso de El Colegio de San Nicolás en Valladolid (hoy Morelia), el mismo que llega a ser Rector de ese instituto donde él estudió. Académico y catedrático exitoso. Tan exitosos que la envidia y sus ideas adelantadas les espantaban y lo odiaban por sus éxitos tan seguidos que le habían encumbrado en esa ciudad de leyenda. Más adelante señala: ¿Quién creería, amados conciudadanos, que llegase hasta este punto el descaro y atrevimiento de los gachupines? ¿Profanar las cosas más sagradas para asegurar su intolerable dominación? ¿Usar de excomunión contra toda la mente de la iglesia? ¿Fulminarlas sin que intervenga motivo la religión? El odio del Alto Clero por atreverse iniciar y proseguir una guerra contra el Statu Quo fue un hecho que sólo merecía la quema de sus cuerpos y sus ideas en la horca y fogata más grande que hubiera en ese momento. Quemar ideas, así como el cuerpo, era el camino de la Santa Inquisición… a la que todos temían desde que se implantó la Colonia en este territorio de Dios.

 

En el magnífico texto del que extraigo los textos que hablan de nuestra historia tal cual fue, y no de la idea de proponer hechos que no tienen sustento, leo el trabajo de Jaime Erasto Cortés: La Proclama… expedida por José María Morelos y Pavón en Cuautla, en la que justifica ante el pueblo la necesidad de alcanzar la independencia política es dicha en el mes de febrero de 1812, cito las palabras de nuestro héroe: El gobierno de los gachupines es verdad que nos trata de herejes, ladrones y asesinos, estuprantes, libidinosos e impolíticos, pero advertid que es antigua costumbre de ellos desacreditar a los que tienen por contrarios para conciliarse así alguna gente a su arbitrio. ¡Miserables! No se acuerdan que habrá dos años era Bonaparte su ídolo a quien casi veneraban como el ángel tutelar de la península, y cuando les llegó a sus intereses y a sus dominios se convirtieron en sus mayores antipatistas. De la historia y de los sucesos estaba enterado el Generalísimo Morelos, el que creo sabía de la vida de Francisco Miranda y de la Proclama de Caro hecha en 1806, seis años atrás del movimiento que en el Sitio de Cuautla estaba viviendo junto al pueblo de esa región el ilustre General.

 

En dicha Proclama, dice Morelos palabra duras: americanos, Los gachupines están poseídos de la oligarquía y del egoísmo, profesan la mentira y son idólatras de los metales valiosos, preciosísimos. Por este ahínco y por insaciable codicia han tocado en el extremo de persuadir que sus negocios políticos tienen dependencia con la ley divina. Llaman, por lo mismo, causa de religión la que defienden, fundados nada más que en la dilatada posesión que a fuerza de armas se tomaron en este reino hace cerca de tres siglos; mas demasiado constantes son las tiranías que han ejercido con los indios, antes y después de su indebida conquista privando a los habitantes de estos climas de sus derechos, tratándolos poco menos que a unos autómatas y tomándose sobre nosotros el más audaz y punible predominio. Tiempos duros donde curas de pueblos pobres, de parroquias abandonadas tienen que hablar por sus gentes que viven en la miseria. Sacerdotes que hicieron carrera profesional esperando vivir en el íntimo decoro de su profesión. Siguiendo la ley de Dios que acepta el dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios, pero no era así, la revoltura que por siglos se había hecho mezclando religión con política y los dineros, enseñó a los pueblos clara muestra que se adoraba al becerro de oro, y no al Dios de los hombres. El Manifiesto de Hidalgo y la Proclama de Morelos, son sólo dos documentos de base para lo que serán los Sentimientos de la Nación, al venir la guerra los próximos dos años trayendo con ello la Legislación que faltaba. Las raíces vienen de la independencia de Estados Unidos y de la Revolución Francesa, pero también de la Proclama de Francisco Miranda en 1806.