PROCLÁMATE COMO UN SER DIVINO
Somos creadores del sueño que vemos todos los días, que llamamos vida. Pero no somos conscientes del poder que tenemos. Sólo tenemos el conocimiento que le hemos dado a cada uno de los símbolos que vemos a diario.
Somos afectados por los símbolos que creamos y las voces que resuenan en nuestra mente. Nos vemos atrapados en las supersticiones y distorsiones de nuestro conocimiento. En el mundo de los sueños de la mayoría, nos convertimos en víctimas de la religión, el gobierno y nuestra propia forma de pensar.
Durante nuestra infancia, somos como pequeñas semillas plantadas en el vasto jardín del Conocimiento. Así como un árbol crece y se fortalece con el tiempo, nosotros nos encontramos indefensos frente a las múltiples mentiras que se entrelazan en ese jardín.
Nuestros padres, las escuelas, la religión y la sociedad en su conjunto, son como jardineros que cuidan de nosotros y nos transmiten sus opiniones y creencias. Al igual que un árbol absorbe los nutrientes del suelo, absorbemos todo lo que nos transmiten. Nuestros padres practican una determinada religión y nos llevan a lugares de culto, donde aprendemos y creemos en ella.
Los encargados de nuestro cuidado nos cuentan sus historias, mientras que en la escuela escuchamos aún más relatos. Aprendemos sobre la historia de nuestro país, sus héroes, guerras y el sufrimiento humano, como las ramas de un árbol que se extienden y se entrelazan.
Los adultos nos guían hacia la sociedad como un capitán dirige su barco en aguas turbulentas. Sin embargo, descubrimos que esta sociedad está tejida con hilos de engaños. Nos sumergimos en el mismo océano de ilusiones en el que ellos navegan. Nuestra confianza se enreda en la red de este sueño y se convierte en nuestra realidad cotidiana. Aunque no creo que lo hagan con malicia. Los adultos nada más pueden transmitirnos lo que conocen, no pueden enseñarnos lo que desconocen. Lo que saben es lo que han adquirido a lo largo de su travesía vital, es lo que han creído durante toda su travesía. Puedes tener la certeza de que tus padres han dado lo mejor de sí en ese instante.
El concepto del infierno en diferentes religiones se caracteriza por ser un lugar de sufrimiento y castigo eterno. En estas creencias, se describe como un sitio en el que las almas son sometidas a tormentos y penitencias interminables. Es considerado como un destino final para aquellos que han cometido acciones malvadas o han rechazado los principios y enseñanzas religiosas. El infierno es representado como un lugar de fuego y oscuridad, donde las almas sufren física y emocionalmente.
Indudablemente, esa descripción del infierno encapsula el anhelo cotidiano de la humanidad. Es un reflejo fiel de lo que acontece en la mente humana: el constante juicio, la implacable culpa, el incesante castigo y las emociones desencadenadas por el miedo, que arden en nuestro ser como un fuego devorador.
Esta imagen infernal, como una pesadilla perenne, nos persigue en nuestros pensamientos más oscuros. Nos atormenta con su inclemente juicio, generando un torbellino de emociones negativas que nos consume desde adentro. La culpabilidad nos carcome, como una llama que no cesa, mientras el miedo aviva el fuego de nuestro sufrimiento.
En la mente humana, este escenario infernal se convierte en una realidad palpable. Cada pensamiento, cada acción, cada error es juzgado implacablemente, alimentado de nuestra propia condena.
Esta visión del infierno, aunque aterradora, es un recordatorio de la complejidad y fragilidad de nuestra existencia. Nos invita a reflexionar sobre nuestras propias acciones, a confrontar nuestros miedos y a encontrar la redención en medio de este fuego interior. Sólo al enfrentar nuestra propia oscuridad podremos encontrar la paz y la liberación de este tormento constante.
El miedo es el rey de nuestro infierno, creando distorsiones en nuestra percepción, ocasionando así un mundo de drama emocional y victimismo. Porque nos creímos todos los significados que le dimos y nos confirmaron a cada uno de los símbolos. No tengas miedo a la verdad. Y ésta es cuando te aceptas como eres, único e irrepetible. Siendo una chispa divina compuesta de amor, inteligencia y voluntad.
Cada persona tiene un poder único: la capacidad de influir en su entorno a través de la comunicación. Esta interacción entre las palabras puede ser fascinante y poderosa, pero también puede ser peligrosa si no se utiliza de manera adecuada. A veces, sin siquiera darnos cuenta, lanzamos hechizos que afectan a quienes nos rodean.
Estos hechizos verbales se desatan cuando usamos las palabras de forma incorrecta. Tomar todo como algo personal, distorsionar la realidad y propagar rumores son algunos ejemplos de cómo podemos dañar nuestras relaciones y crear tensiones innecesarias. Es importante reconocer cómo nuestras palabras pueden afectar a los demás.
Es curioso cómo estos hechizos a menudo se dirigen a las personas que más queremos. En estas relaciones cercanas es donde nuestro poder se despliega con mayor intensidad.
Cuanta más influencia tengamos sobre los demás, más poderosos serán los hechizos que lanzamos. Por eso es crucial reflexionar sobre el impacto que nuestras palabras pueden tener en quienes nos rodean.
Para evitar lanzar hechizos perjudiciales, debemos ser conscientes y responsables de nuestras palabras. Necesitamos aprender a comunicarnos de manera efectiva y respetuosa, evitando el uso irresponsable de ellas. En lugar de tomarlo todo de manera personal, practiquemos la empatía y la comprensión. En vez de distorsionar la realidad con suposiciones, busquemos la claridad y la verdad. Y en lugar de esparcir veneno emocional a través de chismes, promovamos la honestidad y el apoyo mutuo.
Las palabras pronunciadas con autoridad son como un espejo mágico que refleja nuestro miedo y nos hace ver a nosotros mismos como niños indefensos, temerosos de la autoridad. También pueden convertirse en un hechizo que afecta a los adultos, haciéndolos sentir temor y sumisión ante aquellos que las pronuncian. Es como si esas palabras tuvieran el poder de transformarnos en seres vulnerables y manipulables, simplemente porque elegimos creer en su autoridad.
Si entendemos el poder de la simbología, veremos adonde nos llevan esos símbolos. Podemos observar esto a través de nuestra forma de comportarnos y de nuestra interacción con los demás, pero sobre todo con nosotros mismos.
Nos vemos influenciados por ideas, creencias y narrativas. En ocasiones, nos dejamos llevar por el enojo, otras veces los celos nos dominan y en otras ocasiones es el amor quien nos posee. Los símbolos compiten por controlar nuestra atención y siempre están en constante cambio, turnándose para poseernos. Existen innumerables símbolos que desean ocupar un sitio en nuestra mente y controlarnos. Como mencionamos anteriormente, todos estos símbolos están vivos y les otorgamos vida a través de nuestra creencia en ellos.
¿Quién está viviendo tu vida, tu yo esencial o tu yo creado por el sistema de creencias?
La conciencia es como una llave maestra que abre las puertas de nuestra existencia. Al igual que los antepasados de esta tierra, quienes han dominado el arte de la conciencia, podemos utilizar esta herramienta para despertar de esta ilusión superficial y adentrarnos en un estado de mayor lucidez y plenitud.
Imagina que nuestra vida cotidiana es como vivir en una habitación oscura y estrecha, donde estamos atrapados en los límites irreales. En este estado de inconsciencia, somos prisioneros de las creencias y patrones de pensamiento que nos han sido impuestos por la sociedad y el entorno en el que crecemos. Nos movemos en automático, sin cuestionar ni explorar nuestra verdadera esencia.
Sin embargo, cuando elevamos nuestra conciencia, la llave maestra comienza a girar en la cerradura y se abre una nueva puerta.
En esta nueva percepción, nos enfrentamos a la realidad de manera más directa y auténtica. Nos damos cuenta de que no estamos obligados a seguir las normas establecidas y los mandatos externos. Nos rebelamos contra las falsas creencias y las voces que nos dicen quiénes debemos ser y cómo debemos vivir.
A medida que nos rebelamos contra estas mentiras, todo el sueño comienza a cambiar. Nuestra percepción se expande, y vemos nuevas posibilidades y oportunidades que antes nos estaban ocultas. Nos liberamos de las cadenas de la primera atención y nos sumergimos en un mundo de mayor autoconocimiento, autenticidad y libertad.

