Prosa poética…
Volar semidesnudo
No nací arropando títeres, ni fui hallado en lo profundo de una barranca aprisionado plegarias. Nací suicida, alimentado llagas y desvelos; sin alas en los dedos, ni nubes en el reino de tatuajes. Con la inocencia preñada por el trágico entretejer de sordos fuegos.
He inventado futuros, para sobrevivir en la memoria de una desconocida que al recordarme, sacuda sus vestidos, junto al sepulcro de gusanos de enero. Camino en la orilla fugitiva del tiempo, escondido en los desvelos de una salvación que me baña y me libera del óxido de los cultos, que no alimentarán pasajeros de ideas incendiarias.
Bendita mi dicha de volar semidesnudo al filo del llanto, de golpear con los nudillos la memoria del asustado placer, que navega en el acantilado del sudor de mi espalda. Sí, cuando bebas de mi dolor, veras mis sueños, sentirás la lluvia de mis temores en soledad, habitarás en las desgracias, que pellizcan a las orugas viajeras de mis brazos.
Soy producto de una obscura condescendencia, de un costado de agosto, de una brazada ladrando en tiempo equivocado. Dulce melancolía soplando en una dimensión dormitada, pestilente, con sabor a viento inalcanzable.
He desaparecido escondiéndome de la distancia que cuelga de tus ojos; desaparecí socavando planicies con destino a pobreza. Me gusta tocar puertas, las que destilan miedo, soledad, ausencia, para incinerarlas en señal de dicha, para sepultar y colocar cruces de olvido, en las noches de pájaros cantores.
No volverán los inertes suspiros a poseer mis heridas, ni la tristeza surcará los agujeros de la miseria, que a diario atasca las paredes de mis amorosos lienzos. Se diluye la escuálida selva de los tragos austeros, de las delgadas batallas que perdieron su dolor antes de tocarme. Conmigo se acumularon los curiosos llamados a escupir bestias, a mencionar; yo no nací arropando títeres.

