Proselitismo del like

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En los tiempos electorales las redes sociales son un campo minado para la ficción jurídica en la cual se restringe a las personas servidoras públicas la difusión de propaganda gubernamental e, inclusive tienen prohibido realizar proselitismo a favor de determinado personaje o partido político, lo cual sin duda se vuelve importante para promover la equidad en la contienda, sin embargo, como gran parte de las interacciones en medios digitales no queda muy claro cuál es el alcance de dichas restricciones, ni los medios para acreditar su cumplimiento.

Inquietudes que surgen en lo individual en el caso de mi interacción con los medios digitales en los cuales identifico una serie de propuestas políticas en mi país que no necesariamente corresponden a las opciones que corresponden a mi sección electoral, sino que se mezclan las propuestas de actores relevantes que por mis gustos y preferencias, así como promociones (algo cuestionables, puesto como referí en una colaboración anterior, en redes sociales lo deseable sería la restricción a cualquier tipo de inserción pagada en materia política por atentar contra la libertad de expresión de la población internauta) que se ajustan a mi perfil, así como las interacciones que surgen de mis amistades y personas conocidas que incursionan en el medio político, y, difícilmente ocupan espacio las propuestas de las candidaturas que requiero analizar para ejercer mi derecho al voto.

En el ámbito político, los likes no solamente nos representan en lo individual sino que representan en su conjunto un medio colectivo de apoyo a los personajes del medio, con lo que, el efecto de dicha actividad se transforma sustancialmente puesto que permite identificarnos como parte de aquellos seguidores de una opción determinada, y por ende, nuestra simple interacción se vuelve un dardo envenenado para el medio que se puede volver en nuestra contra en un momento determinado de la efervescencia electoral.

¿Vale la pena regular estos aspectos que impactan de manera directa con las libertades de la población internauta a fin de restringirlas en aras de privilegiar el interés colectivo de una contienda electoral equitativa? Y, posiblemente más importante ¿los huecos o lagunas existentes en la legislación con relación a estos supuestos podrían dar lugar a una sorpresa a un actor relevante que pudiera influir en el sentido del voto desde su esfera de influencia “personal”? reflexión que se realiza considerando que pudiera desdoblarse ese ámbito de la personalidad en un medio social, y que, únicamente se realiza a fin de advertir las posibilidades interpretativas de dicha hipótesis como un ejercicio para identificar cómo poder conciliar el ámbito de lo público a partir de la gestión de la identidad de las personas en sus redes sociales.

Tema que si bien pudiera parecer poco relevante, no lo es cuando se identifican los criterios judiciales en torno al manejo de cuentas institucionales y la obligatoriedad del cumplimiento de los parámetros del servicio público a los medios digitales, desde el ámbito de los derechos fundamentales, como son la imposibilidad de bloquear cuentas o usuarios, así como de responde a las solicitudes que formulan las y los usuarios, equiparando a las cuentas de las redes sociales como una ventanilla gubernamental de atención.

Bien podría indicarse que para poder acreditar dicho desdoblamiento bastaría con identificar dos tipos de cuentas, como mecanismo para poder dividir uno y otro extremo, sin embargo, para efectos de identidad ¿bastaría crear y eliminar cuentas para sortear esta complicación? Lo seguiremos comentando en una siguiente colaboración. Hasta la próxima.