Purépechas

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Lago del Sol

En lo profundo del bosque

Luciérnagas aún chirriando

Un lago asoma sus brazos

La madrugada baja de neblina

Con navajas heladas

Las fuentes se llenan de rocío perlado

Sucede todo y nada en la quietud del pueblo

Muy temprano

alerta el gallo al alba y  colibrí parte a colorear el día.

Las tejas rojas despliegan su cortina

Las piedras lajas se acostumbran a la rutina de ennoblecer el pan, la tierra, la vida.

Un día más en Tzintzuntzan.

 

 

Quiroga

 

Era el lugar de la infancia,

esa niñez rota y felizmente transcurrida

en los muros de una casa de convento.

El aroma a   masa fresca,

el atrevido olor del almuerzo

y las carpetitas bordadas de crochet.

Me hubiera encantado ir por ti,

a la salida del colegio y correr, correr

por entre los olivos,

decirte que después estaríamos bien,

que la vida nos va a conceder más vida

para conocernos y tratarnos mejor.

De aquella niña que creció sola

conozco los relatos de Camécuaro

y el tesón y la constancia de leer,

el valor de contar con una amiga

a la hora de la merienda y  comer.

Impecable tu uniforme y tu espíritu

bondadoso  de jícara florida.