¿Qué onda con la mal llamada música clásica?

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Sin el afán de ser rigoristas o excesivamente academicistas compartiré algunas apreciaciones acerca de lo que me significa la música y en particular la mal llamada música clásica. En un inicio no me cuadraba la idea de llamarle así o peor aún música culta a lo que hoy se le ha llamado de esa manera, pero no sabía del todo la razón. Eso me ha llevado a investigar al respecto. Así es que podemos decir que el primer término simplemente es inexacto, el segundo, aún sería  incorrecto dado que dejaría fuera del universo musical a una amplia gama de música, en tanto cultura, que por cierto, es cada vez mayor. De aquí que quiero compartir estas líneas respecto a lo que es el significado de la música y del porqué afirmo que es mal llamada de esa manera. Quizá una pregunta compleja que bien podría responder un músico, compositor, intérprete, musicólogo, melómano. Demasiadas definiciones se han dado a lo largo del tiempo, muchas más se sumarán. Pero ninguna aún definitiva, esto es, el mundo de las emociones y los sentimientos que genera es casi imposible que se puedan encuadrar.

 

Por ejemplo, para José Luis Cortés (2000), música proviene de musa, nombre que se daba a las nueve hijas de Zeus. Ellas eran las encargadas de otorgar a la humanidad la inspiración en todo lo relativo al arte y a la ciencia, y Euterpe era la relacionada con la música. El mismo autor también indica que la Biblia atribuye la invención de la música a un tal Yubal, quien sería el tataranieto de Caín. Sin embargo me gustaría más adoptar, por su belleza y profundidad, la definición que realizó el poeta y músico Federico García Lorca señalando su carácter inexplicable: Con las palabras se dicen cosas humanas; con la música se expresa eso que nadie conoce ni lo puede definir, pero que en todos existe en mayor o menor fuerza. La música es el arte por naturaleza. Podría decirse que es el campo eterno de las ideas… Para poder hablar de ella, se necesita una gran preparación espiritual y, sobre todo, estar unido íntimamente a sus secretos.

 

Valdría la pena fortalecer esta idea con la del compositor ruso Igor Stravinsky (1989), en el sentido de que el profundo significado de la música y su objetivo esencial es favorecer una comunión, una unión del hombre y la mujer con su prójimo y con el ser supremo.

 

Ahora bien, ya aterrizando en la mal llamada música clásica, voy a acudir a una voz experta con la cual coincido, pero que dará estructura a esta idea que quiero compartir. Se trata de Ramón Gener, divulgador y experto en la música a la que nos estamos refiriendo acá; nos dice al respecto que: No existe. No se le debería llamar de ninguna manera. Se debería llamar música romántica a la música romántica, música impresionista a la impresionista, barroca o tardo barroca a la que lo es, rococó a la rococó… Pero también se debería llamar jazz a lo que es jazz y se debería llamar bossa nova a lo que es bossa nova. Y la bossa nova puede ser tan clásica como Haydn o el rhythm & blues, o el blues.

 

De manera coloquial se le ha llamado música clásica en la acepción de aquello que permanece, algo que va más allá de su tiempo y se convierte en un modelo. Me parece que es un error hacerlo de esa manera ya que es extremadamente subjetivo y además excluyente, es decir, no sólo la mal llamada música clásica cumple con estos atributos. Como ejemplo el mismo Gener afirma: a veces llega alguien y te dice: ‘Escucha este fragmento de música clásica, y te ponen a Rajmáninov. Y claro, oiga, esto tiene de clásico lo que el Fary de jazz’.

Entonces hay controversia a la hora de definir qué es la música clásica, ya que hay cierto margen de error en la terminología. En general, con esta expresión nos referimos a la música occidental de tradición escrita. Así, con el vocablo clásica se abarca un periodo que comprende desde la música de la época medieval hasta nuestros días. Por tanto, bajo esa denominación se entremezclan músicas tan diferentes de la época barroca y la serial, por citar dos ejemplos. Pero la música estrictamente clásica sólo cubriría un periodo ínfimo de la historia de la música occidental que iría, aproximadamente, desde el final de la vida de Johann Sebastian Bach hasta el comienzo del siglo XIX. Es decir, abarcaría tan sólo un siglo, y tendría a Wolfgang Amadeus Mozart y a Joseph Haydn como principales nombres. Esto es, el término clásica ha dado nombre, tal vez por un halo un tanto inocuo y que hace que sea aceptado por una gran mayoría, a músicas muy diversas y de periodos y características muy distantes. Así como ha dejado a fuera a muchas otras que también son parte de aquello que permanece.

 

Como ha dicho el director y compositor Leonard Bernstein (2002), al definir música clásica todo el mundo conoce otros estilos con los que se diferencia: tradicional, populares urbanas, folk, jazz, rock, metal, aunque también puede ser un término equívoco, ya que hay jazz muy serio, pop muy serio o música tradicional balcánica, por ejemplo, muy seria. En el otro extremo, la ópera bufa El barbero de Sevilla no sería música seria propiamente

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Más aún para librarse de este detalle técnico de definición, inclusive se ha puesto de moda el hablar de música culta, algo que ya raya en lo odioso. Coincido con Gener cuando señala que: Música culta es un término que debería estar prohibido. Es terrible, es el cénit de lo peyorativo. Usemos música y ya está. Evitemos dar explicaciones. Este término se refiere a la complejidad que tiene su composición e interpretación. Si lo consideramos desde algunos puntos de vista, tal vez contiene un matiz peligroso si es llevado al extremo en el sentido de etiquetar que sólo la gente muy inteligente o muy instruida puede comprender, acercarse y disfrutar de ella. En esta línea, en algunos países de Latinoamérica se utiliza el término erudita, y quizá tenga un sentido más adecuado. Si bien hay que entender que requiere cierta exactitud de escritura e interpretación, ya que el compositor anota todas las notas, indicaciones o instrumentos que ha ideado. Eso sí, debemos recordar que ninguna ejecución puede ser completamente exacta, ya que no existen palabras suficientes para explicar a un intérprete todo lo que tiene que saber acerca de lo que la persona que ideó la obra pretendía expresar.

 

Por ello es que me pareció importante aclararme que no era un simple capricho de parte de un servidor y por ello expongo también brevemente el sentir de Gener, que si bien no tuvo un inicio amable con la música, él debutó en el Palau con El diluvio de Noé de Benjamin Britten y en el Liceo con otra ópera de Britten, Billy Budd, una obra maravillosa. Es una de las pocas piezas de todo el repertorio operístico en las que solo cantan hombres. Se desarrolla enteramente en un barco de guerra; algo así como Master and Commander. El libreto se pregunta si puede existir el bien sin el mal. Entonces hay dos personajes, Billy Budd y John Claggart; Budd representa el bien y Claggart, que es el master of arms, representa el mal absoluto.

 

Por otra parte, lo que hoy se conoce como la mal llamada música clásica, tiene un elemento que también hay que considerar dentro de su imprecisión. Hay un concepto, el de musica reservata, que surgió en la época renacentista. Decía que cierta música estaba reservada únicamente a unos pocos, es decir, era exclusiva de una elite que, de forma casi privilegiada, la podía degustar y pagar. En aquellos momentos, nobles, reyes o eclesiásticos pugnaban por poseer a los mejores músicos e intérpretes en sus capillas. Mientras, el resto de la gente se tenía que contentar con músicos populares y con interpretar la música tradicional, lo que no era poco, sin duda. Así es que se ha perpetuado y todavía pervive esta teoría de música para unos pocos, que parece indicar que ciertas propuestas están reservadas a una minoría, algo que no es nada cierto. Si atendemos a la publicidad o al cine, muchísima gente disfruta de obras de muy diversos compositores y etapas. Lo cierto es que tienen una enorme capacidad de emocionar y conmover, quizá mayor a la de otros estilos, debido a la profundidad que poseen muchas obras. En este sentido, la sensibilidad es una cualidad que poseemos. Unida al conocimiento, se abre siempre que el que se acerque a la música lo haga con verdadero interés de aproximarse plenamente a ella y permitir que sus esquemas personales, culturales y sociológicos se abran y modifiquen también. Sobre todo y aparte de dejar atrás tabúes y barreras artificiales, existe una cuestión clave que debe mejorarse todavía en varios sentidos: la falta de la educación en el  escucha que, en algunos ámbitos, se sigue realizando. Inexplicablemente no está de forma reglada dentro del currículo de la educación infantil. Por si fuera poco, el mundo actual lleva un ritmo de vida trepidante en el que en rara ocasión escuchamos algo de forma muy atenta sin hacer otra cosa al mismo tiempo.