¿Qué queremos?
La toma de decisiones en el ser humano es, con mucha probabilidad, de lo más complejo a enfrentar en este devenir llamado vida. Y lo es porque son tantas las posibilidades que tenemos, que aportarle a una sola siempre generará dudas, incertidumbre y ese resquemor sobre si estaremos haciendo bien las cosas.
En ello, tenemos dos posibilidades; la de aventurarnos y tomar rumbos nuevos, con las implicaciones que eso conlleva o buscar una zona de confort en la que en apariencia no pasa nada, pero que a la larga nos genera letargos, nos hace conformistas y nos lleva a esa metáfora de la rana que lentamente se cuece en agua hirviendo sin siquiera notarlo.
La pregunta es, ¿qué queremos?, porque en el discurso siempre decimos que buscamos ser felices, que necesitamos armonía y una vida plena, pero en los hechos, hacemos todo lo contrario; pregonamos una felicidad que no estamos dispuestos a ofrecer, molestamos al de enfrente con singular alegría o le metemos el pie al prójimo por el puro placer de hacerle tambalear.
La realidad es que, para lograr el éxito, se tienen que asumir riesgos, no se puede obtener nada desde la modorra; hay que hacer, hay que actuar, hay que reaccionar. No hacerlo es tanto como reconocer que todo está bien y el tiempo acabará por generar inconformidades con las que después tendremos que lidiar, aunque no queramos.
¿Vida tranquila?, ¿qué significa eso exactamente?, para muchos es el hecho de simular que no hay problemas, que todo fluye excelentemente y que ante la inexistencia de conflictos, la cosa es llevadera.
Es decir, puede haber diferencias, pero para que no haya problemas, me quedo callado y me dejo llevar por una costumbre que comenzará a dar comezón, peor aún, me acostumbro a rascarme para vivir esa vida tranquila.
Permito conductas que me incomodan o con las que no comulgo y silenciosamente las valido, con la certeza de que no hay problema y que son llevaderas, claro, sin discusiones, sin acuerdos, pero bien tranquilos. Acepto y callo ante las dudas, asumo que esa es la vida y legitimo con mi silencio lo que sea, total, todo está bien.
Si hemos decidido aceptar tal o cual condición, adelante; sólo asumamos las consecuencias de esa decisión.
De nuevo la pregunta, ¿qué queremos?, ¿qué rumbo deseamos tomar?, porque hay quienes, no nada más se quedan en esa zona de tranquilidad, sino que, además, se sienten con ese dejo de superioridad que les hace ser orquestadores de vidas, con una autoridad que sale de sus egocentrismo.
Personas que, sin experiencia de por medio, que no se han movido del mismo espacio desde hace siglos, pretenden dictar cátedra sobre el deber ser del otro, sin un gramo de conocimiento, sin referentes distintos y sin un ápice de humildad.
Seleccionar un rumbo en la vida es complejo, nadie lo niega, pero debemos buscar rutas positivas para ello, tan delicado es dejar que las cosas fluyan, sólo por que sí, como asumir postura arrogantes, por el puro placer.
Quizás cabría una pregunta previa, ¿en dónde estamos parados?
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