Querido Tito, un recuerdo para ti con mucho cariño
La frase:
Tito, el cielo está de fiesta con tu llegada.
PARA UN AMIGO FALLECIDO
Querido Tito, un recuerdo para ti con mucho cariño
Hace tres días, Ángel Ramón Villazón Noriega, integrante de la familia Villazón, que encabezó José Luis, falleció. Nos conocimos desde la escuela Antonio Claret, teníamos muchos amigos en común como el tocayo Guillermo Andrade Delgado, o bien los amigos ya fallecidos como José Luis Olguín del Mazo y José Luis Montes de Oca Gasca. Hace poco más de cuatro años escribí sobre José Luis Montes de Oca:
A UN GRAN AMIGO: Su nombre José Luis Abraham Montes de Oca Gasca, fuimos compañeros en la desaparecida primaria Antonio Claret. Integramos la escolta de la escuela, junto con José Luis Olguín y Raúl Orozco Olimón. Aunque no íbamos en el mismo grado.
José Luis fue embajador de carrera, estuvo en China, en Suiza y en otros países. Fue jefe de la Cancillería en tiempos de Luis Ernesto Derbez Bautista como Secretario de Relaciones Exteriores.
Por esta razón, dejamos de vernos durante muchos años, pero lo volvimos a hacer, desde que se jubiló. Fue el principal promotor de mis libros Toluca en la cumbre y Toluca 200, historias de familia. Vaya mi más sincero pésame a sus hermanos Emilio y Jorge.
José Luis nació el 16 de marzo de 1946 y falleció el 17 de septiembre de 2020. Fomentó la negritud en México a través de Yanga Lamport, gustaba del festejo de día de Muertos y lo impulsó en diversas ocasiones. José Luis Olguín el 13 de noviembre de 2021.
Hoy quise recordar a Tito Villazón y cedí la computadora a mi hijo Mauricio, quien escribió:
Hablar de Ángel Ramón Villazón Noriega es hablar de una persona que fue un gran ser humano, un tipo leal y mejor amigo.

A Tito, como le decíamos cariñosamente sus amigos y familiares, lo conocí a finales de los años 80, precisamente en las afueras de los baños Rosa María, propiedad de la familia Villazón, ahí empezó una gran amistad, no sólo con él sino con casi toda la familia, ya que me llevaba también con sus hermanos José Luis (qepd) y Manuel (Manolín, como le decimos de cariño), y a quien mando un fuerte abrazo.
Tito me enseñó a jugar boliche. En ese entonces él y Sergio Lara se disputaban el título de mejor jugador de Toluca y sus alrededores; participamos en el primer torneo de la Asociación de Boliche del Estado de México que entonces era dirigida por Nassim Chemor, en un equipo llamado Pimiango –así se llama el lugar donde él nació en España–. El equipo estuvo conformado por José Maccise, Miguel San Lorenzo, Mario Padilla, su servidor Mauricio Garduño, y Tito era el capitán.
Tuvimos muchas noches de lunes y miércoles de boliche, gracias a él conocí a muchos amigos y después de la jornada deportiva, sobre todo de los miércoles, me invitaba a tomar una copa o a cenar en el desaparecido Restaurante Caleta.
Era muy aficionado a nuestros Diablos Rojos, tanto, que en muchas ocasiones viajábamos a donde el equipo jugaba, pero recuerdo uno que fue especial: Toluca jugaba en Veracruz y nos fuimos un día antes del juego por la mañana en su Cutlass Eurosport, un auto que me fascinaba. Visitamos Fortín de las Flores, un pueblo cercano a Boca del Río, Veracruz, y que a él le traía grandes recuerdos, sobre todo de su infancia y juventud, ya que ahí vivió.
En la estancia en Veracruz nos hospedamos en un hotel llamado Colonial, propiedad de un amigo suyo que a la postre fue también amigo mío, su nombre Benito Requejo. Nos invitaba a comer a su restaurante, en donde disfrutábamos de unos deliciosos cocteles de camarón, escuchando la marimba y viendo los bailables típicos de esa zona a un lado del Centro Histórico de la capital jarocha.

Recuerdo que después del juego ante Veracruz en el estadio Luis de la Fuente, el famoso Pirata, viajamos temprano por la mañana a la Ciudad de México porque yo tenía que cubrir un partido en el estadio Azteca para la revista de futbol Penalty, que entonces era dirigida por mi padre.
Las oficinas de los baños Rosa María, los viernes por la tarde se convertían prácticamente en un casino, donde Tito y Manolín invitaban a sus amigos a jugar bingo o a la baraja española con el famoso conquián. Ahí conocí a otros grandes amigos como Óscar Garza, José María Agiss, Johnny, Aída Navarro y Arlen Rubio.
Mi amistad con Tito se resume en muchos momentos de risas, muchos momentos de convivencia, de hacer deporte y lo que más agradezco de él, es que se haya integrado con mis amigos y yo con los suyos, para vivir momentos inolvidables.
Hoy Tito ya no estás físicamente con nosotros, pero en mi corazón ocupas y ocuparás un lugar importante siempre.


