¿Quién motiva al motivador? El instinto espiritual que llevamos dentro
¿Qué es la motivación? es el motivo de la acción. Ya sea porque algo nos atraiga o nos asuste, ese algo motiva nuestra conducta, pero ¿por qué es posible ésto? comencemos por su posibilidad fisiológica. Así que es posible porque el milagro del circuito de la dopamina existe. Es un neurotransmisor producido en el área tegmental y es liberado en el núcleo accumbens localizado en el striatum. En este proceso se activa el sistema mesolímbico dopamínico que se encarga de la anticipación de la recompensa y del aprendizaje, creando el deseo de recibir la descarga de dopamina. La motivación es así generada por el deseo del cerebro de recibir una descarga mayor de dopamina, al anticipar una recompensa mayor. Este neurotransmisor no actúa solo, requiere de una estructura en el cerebro.
La corteza orbitofrontal es una parte vinculada a los juicios de valor que formulamos y por lo mismo a la toma de decisiones, que tiene que ver con qué tanto me esfuerzo por una elección según la valoración que haga de ésta. Hoy la neurociencia sabe que cada meta tiene un valor distinto y subjetivo para cada persona. Dependiendo de las preferencias generadas por la experiencia y la visión de cada persona en particular será la fuerza de la motivación. Sabemos que implica de manera muy inconsciente un proceso de valoración de opciones que puede tardar desde milisegundos hasta meses. Por otra parte, la activación de la corteza anterior singular y la corteza prefrontal alrededor de temas de motivación permite entender que cuando algo nos motiva mucho, después de haber sido altamente valorado por el striatum ventral y por la corteza orbitofrontal, podemos mantener nuestra atención fija en el objetivo y no ceder a los instintos de nuestra zona de confort en medio de la lucha por lograr nuestros objetivos.
La amígdala, otra estructura cerebral, está asociada con el miedo y paradójicamente participa en la motivación. Se infiere que en cada momento de definición y búsqueda de un objetivo existe el miedo a no lograrlo, lo cual predice la activación de la amígdala y permite creer que ésta nos motiva aún más a una meta y evitar el sufrimiento por fallar, recordando que este es por elección. El miedo se convierte así en un gran mecanismo que potencializa la motivación. Sin embargo, es importante ser cuidadosos de no motivar con el miedo, porque la hiperactivación de la amígdala lleva a provocar daños severos a la salud: Se provoca un desinterés y un desenfoque posterior en muchas actividades.
Así es que lo relevante es que el ser humano está programado para definir preferencias, objetivos, anticipar el placer, evitar el miedo y hacer lo que sea necesario para lograr sus metas. Vivimos en un estado de motivación hacia algunos objetivos y desmotivación hacia otros de acuerdo a percepciones subjetivas, pero no pasa un día en que no defina un objetivo, que no luche por un sueño objetivo, que no enfoque en algo mi motivación.
Decía Georges Bernard Shaw que no le importaba de dónde vinieran las ideas siempre que no fueran de sí mismo. La memoria trae viejas soluciones y lo nuevo se hace invisible por el color del cristal con que se mira. La motivación suele ser producida por otra persona. Sin embargo, estamos hablando de algo que implica más que una cualidad, un estado de ánimo que no necesita ver para creer, porque su fe mueve las montañas. A nadie se le puede prestar la motivación que no posee. Así que no tiene que ver con el optimista que mira el lado positivo de las cosas, el lógico que optimiza recursos, ni el conservador que actúa por conveniencia. Una persona motivada requiere ser proactiva y no atarse a sus eventos, es como la profecía que se autorrealiza, logra lo que anhela porque cree. Su libertad es plena, la potencia no el intelecto ni el objetivo intencional es la fuente que lo nutre, escribe y ejecuta como si se tratara de una novela, es más, de una poesía.
La persona que está menos motivada está a la deriva, un barco sin capitán, se requiere de uno y es indispensable que también sea el creador de su propio barco, así que el primer paso es descubrir en nosotros mismos el mensaje socrático: Conócete a ti mismo. Pareciera que sin saber quiénes somos nos dirigen desde afuera, corremos sin saber para qué, preguntándonos quién o qué podría motivarnos. Miguel Ángel decía que el que tiene una misión la persigue con cada nervio, utiliza fieros deseos que le generan un poder divino. Y lo hace día tras día disfrutando plenamente. Como si lleváramos una doble vida, la que querríamos tener y la que tenemos. Lo que trasciende es descubrir tu misión, que sentirás un imán que te hará vibrar, te hará despertar y lucharás cada día por hacer una obra maestra, por ser el único capitán que puede navegar tu barco.
Ahora bien, ¿quién te motivará para ello? El motivador no es un ser perfecto, por ejemplo Franklin Delano Roosevelt era fumador, bebedor y tenía una vida familiar irregular, Winston Churchill dormía hasta el mediodía, era arrogante, y mal alumno. Lo importante de un líder es su capacidad de motivar. Haciendo virtudes de sus defectos un día pudieron tomar la decisión clave en un momento difícil. Pasaron noches enteras sin dormir, tuvieron miedo, perdieron la fe y no supieron qué hacer, se equivocaron y siguieron un camino equivocado. Pero no perdieron la esperanza de llegar a ser y un día encontraron la razón de su vida. Ahora la pregunta sería ¿en dónde está ese líder, lo busco de afuera hacia adentro o de adentro hacia afuera? Hay que partir de que hay cerebros distintos en el sentido de historias de vida. Pareciera que hay un hábito de pensar por patrones previos que adapta la realidad a lo que conoce o cree. Hay que aprender a desarrollar un pensamiento distinto que desafíe los caminos trillados: variando las acciones se logran resultados diferentes.
Se trata de encontrar al líder que todos llevamos dentro, creer en ti mismo, sin duda este es el gran promotor de la motivación como producto del no-juicio y de la aceptación de los demás. Cuando te autoaceptas, cuando crees en ti mismo, eres capaz de lograr algo porque tu ser está claro y es auténtico, confías en que podrás y actúas sin miedos. Sin embargo, el no puedo es una creencia guardada en la mente inconsciente, representa una verdad que se estableció en las personas desde su niñez, adolescencia o juventud; por un evento intenso, que no estamos dispuestos a resentir y nos empeñamos en tener la razón sobre una historia que nos contamos para sobrellevar lo que tanto dolió y así vamos reforzando esa idea de que no podemos o no nos merecemos nuestros sueños o metas.
Esa historia puede estar construida alrededor de algún momento de fracaso que no se entendió como aprendizaje, una comparación mal desarrollada contra quien no debías compararte o una afirmación de una persona con imagen de autoridad asegurándote que no podías hacer algo. Normalmente volteamos hacia mamá o papá. Hay que recordar que lo primero es creer en nosotros mismos, el efecto contrario podría ser, inclusive la depresión, por el efecto de esa creencia, que ya vimos cómo construimos, que nos lleva incluso a sentirnos incapaces de salir de la situación en la que estamos. Nuestras experiencias nos indican que el ser humano está cableado a un instinto espiritual, de esencia de vida, de tal forma que venimos a este mundo con una flama interna de amar y ser amados, una flama que si la seguimos nos va a motivar a creer en nosotros mismos. Se trata de un derecho, una responsabilidad de cualquier ser humano. Es un instinto espiritual que todos llevamos dentro, algunos lo eligen y lo dejan vivir en sí mismos, y otros no, pero ahí está.

