Reflejo

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Me detengo a contemplar mis manos, frente al espejo, hecho de otros espejos. Las acaricio detenidamente, contemplando su esencia que se perpetúa por instantes. Es una imagen imperfecta, por las múltiples veces que se repite y descompone frente a los ojos míos; pero basta con voltear a verlas para encontrarlas sanas y, sobre todo, honestas.

¿Si mis manos tuvieran boca? ¿Y si no sólo las mías sino las de todos los bípedos racionales? ¿Llorarían? ¿Se reirían?

Las manos no tienen lengua –por algo está custodiada– pero cómo sienten, cómo  construyen y destruyen… a veces se construye mediante la deconstrucción.

Dibujo: Juvencio Camacho (1960)