¿Reflexiones reales?
En el papel, son días para la reflexión y el análisis más allá de credos religiosos, nadie puede negar que todos buscamos una renovación integral que nos permita hacer a un lado nuestros desajustes para encontrar la tan deseada versión de nosotros mismos.
Aparentemente, todos coinciden con la urgencia de acabar con la violencia que nos desgasta irremediablemente y todos están a favor de cualquier movimiento social que emancipe los derechos de las personas en cualquiera de sus vertientes.
El discurso es contundente, necesitamos ser mejores personas y debemos trabajar para construir un mundo mejor, pero como decían los clásicos, del dicho al hecho hay mucho trecho.
Seguimos siendo egoístas, seguimos pretendiendo ser lo que no somos, seguimos haciendo de la mentira una razón de vida. Entonces, ¿para que nos damos golpes de pecho y gritamos a los cuatro vientos que somos bien creyentes?
El principal problema es la falta de congruencia, nos encanta desconectar nuestra ética de la realidad y pensamos que todo es válido porque al final del camino, nadie se va a dar cuenta.
Hacemos alarde de inconsistencia y no importa que la evidencia sea lo suficientemente contundente para tirar nuestro dicho, preferimos sostenernos porque asumimos que esa es la ruta para convencer a los incautos. Hoy, como nunca, es muy fácil constatar cualquier información que compartamos.
Desafortunadamente, casos como el de la ministra plagiaria o el reciente de la nueva Presidenta Consejera del INE –quien no cuenta con cédula profesional– legitiman conductas porque, en efecto, desde el punto de vista legal, no pasa nada.
¿El escrutinio público?, parece no importar, pareciera que las argumentaciones que nos ofrecen estos personajes son dedicadas a ese numeroso grupo de mexicanos que gustan de vivir en la ignorancia, en el conformismo.
Resulta hipócrita fingir un recogimiento moral cuando en los hechos busco la manera de boicotear al de enfrente, cuando en la realidad le doy mi mejor cara al prójimo sólo para esperar el momento preciso para darle una puñalada trapera y por la espalda.
Hay quien hace alarde de su fe y se recubre de todos los amuletos posibles, santos, medallas, ángeles; el número de éstos es directamente proporcional a la maldad con la que se comporta, los expertos siempre han dicho que con la convicción del tamaño de un grano de mostaza es suficiente para pedir a un árbol que se arranque de raíz, ¿o no era así?
La verdadera reflexión pasa por un proceso de autoanálisis, una plática con nosotros mismos para reconocer nuestros talentos, pero también para trabajar nuestras áreas de oportunidad.
El éxito está en lo que logramos con nuestro esfuerzo honesto y respetuoso; de nada nos sirven los grados académicos, las jugosas cuentas de banco, el poder en cualquiera de sus versiones, si como seres humanos estamos vacíos y no buscamos la plenitud, el bien accionar, la verdadera felicidad.
Versa aquel adagio, puedes hacer guaje al mundo, pero a ti mismo nunca; entendámoslo y hagamos de estos días un espacio para la reconstrucción honesta, sincera y comprometida.
¿Verdad que podemos hacerlo?
horroreseducativos@hotmail.com

