Regalos digitales

Views: 1210

 

 

El cuarto domingo de adviento marca la llegada de la navidad, que, en este año nos ha encontrado más digitales, y, en la tradición de la entrega de regalos que ha sido adoptada en estas fechas, parte por el Cristianismo, como por las tradiciones romanas con los saturnales y la providencia de la naturaleza a través de la agricultura, o, la influencia turca a la cual se le atribuye el surgimiento de San Nicolás, que, posteriormente con su versión europea, sus matices holandeses, y, su configuración actual a partir de la cultura estadounidense del Siglo XIX, logró afianzar el sincretismo de la ocasión para regalar con el consumismo impulsado por la mercadotecnia de una empresa refresquera, que, encontró industrialización y la producción a gran escala, la ocasión perfecta para distribuir mercancías anualmente en esta temporada.

Es decir, la tradición de regalar en estas fechas se ha afianzado en las diversas culturas, lo cual, provoca que desde hace algunos años, con el crecimiento de la economía digital a partir de un uso extendido del internet transaccional, sea común que en una serie de productos y servicios, generalmente asociados con los contenidos, el consumo bajo demanda continua o no interrumpida (streaming) o, la provisión de servicios a través de plataformas digitales, que, en cada ocasión, consumidores y consumidoras alimenten un mercado de bienes y servicios digitales que cada vez más muestran características propias de lo intangible, al punto de que, hoy en día la personalización dentro de plataformas y la gestión de identidades en entornos conectados, se han vuelto verdaderas opciones de mercados 100% digitales ante los umbrales de ingreso a los metaversos, en los que, cabe decir, no solamente bastará la personalización gráfica, sino que, abrirá una nueva serie de posibilidades interrelacionadas a partir de las estructura que soporte las operaciones (para lo cual el ecosistema Blockchain apunta como la solución más eficiente hasta el momento), combinado con los demás elementos tecnológicos de nuestro entorno como lo es el procesamiento masivo de datos y big data, el internet de todo y la conexión de infraestructura, la ciencia de datos e inteligencia artificial, así como la combinación de las diversas tecnologías inmersivas sobre las cuáles pueden montarse dichos metaversos, como en el caso de la realidad virtual y aumentada; uso de cómputo en la nube; y, la interoperabilidad modular a través de la tecnología financiera y de servicios, abren un panorama amplio en el que se puede insertar el futuro económico y social de la humanidad.

Así, vemos que gran parte de los regalos que tradicionalmente se compartían a través de medios digitales como podrían ser: tarjetas navideñas animadas, para su envío por correo electrónico o mediante aplicaciones de mensajería instantánea; videos generados a través de aplicaciones de edición para poder personalizar imágenes, videos y mensajes; así como la posibilidad de generar talentos mediante aplicaciones que permiten insertar nuestra voz o imagen en canciones o escenas de acción predefinidas, emulando experiencias que recrean realidades personalizadas; tarjetas de regalo con determinada cantidad en créditos electrónicos o en dinero, dependiendo si éstos se dan como parte de la experiencia de consumo en una tienda de comercio electrónico o por parte de una Fintech, que permita recibir y redimir dicha cantidad en medios adicionales a los de los créditos electrónicos; así como, regalos específicos dentro de entornos digitales, como podrían ser tiendas de videojuegos y/o tiendas o compras dentro de ciertos videojuegos; tickets de entrada para eventos de carácter mixto, como podrían ser conciertos u obras de teatros, así como, participaciones en otro tipo de eventos como capacitaciones, cursos o certificaciones; suscripciones para aplicaciones o servicios digitales; o simplemente, la adquisición de contenidos digitales como podría ser en el caso de libros y películas, que constituyen el consumo de productos digitales por antonomasia, aunque sea únicamente como formato.

Esta serie de productos y servicios digitales no causarían mayor inquietud como bienes y actividades de consumo, si es que éstos no contaran con algún mecanismo que permitiese acreditar su permanencia a través del tiempo, como actualmente sucede a través de la previamente mencionada, infraestructura Blockchain, que, además de las criptomonedas y mercados financieros digitales, soportan de manera importante la actividad económica y social en el ciberespacio, como en el caso de los NFT´s (non fungible tokens), o tokens no fungibles, que, constituyen como tal una serie de bienes intangibles 100% virtuales, y, estos intangibles se encuentran basados en principio en la infraestructura en la que se montan, también multi mencionada, tecnología Blockchain, y que, a diferencia de las criptomonedas que tienen un valor determinado en términos del sistema económico o financiero que se desarrolla a través de los registros de la cadena de bloques, tienen un valor variable en función del bien con el que se asocian, en principio, cualquiera de los productos o servicios mencionados previamente, con lo que, esta tecnología Blockchain sin duda constituyen el referente para la creación de una economía 100% digital.

Creo que apenas las aplicaciones económicas y sociales logran atisbar las verdaderas posibilidades de esta tecnología, pero, jurídica y socialmente, se empieza a construir una necesidad regulatoria muy importante más allá de los mercados y servicios digitales, que, ante la inminente construcción de metaversos, vuelve necesaria la creación no sólo de estándares comunes para que metaversos y redes sociales interactúen en un solo ecosistema que permita a cualquier cibernauta acceder a cualquiera de ellos sin ser objeto de exclusión, discriminación o sometimiento, bajo parámetros que además les guíen en una navegación segura entre ellos, y, que además permita garantizar la continuidad de dichos servicios, sobre todo si se considera que tanto las empresas tecnológicas, como las startups cuentan con barreras importantes para su consolidación, lo cual, puede dar paso a pueblos y ciudades fantasmas que, requieren de ciertas condiciones previas para permitir su salida como un entorno al que pueden integrarse los cibernautas.

Es ahí, dónde a pesar del optimismo y euforia de los activos digitales, tenemos enfrente nuevas burbujas como lo fueron en su momento las especulaciones basadas en la disponibilidad de los nombres de dominio .com, y, que al día de hoy ha bajado la especulación ante los nuevos esquemas de los nuevos nombre de dominio y los nuevos protocolos técnicos, que permiten la accesibilidad de todos los dispositivos en el mundo del internet de las cosas y del internet de todo, que, tan pronto entren al escenario de las criptomonedas, los bienes no fungibles y los criptoactivos, seguramente empezarán a determinar las vías sobre las cuáles éstas deberán desarrollarse, alejando de estos escenarios, no únicamente la especulación, sino las actividades ilícitas que son susceptibles de quedar cubiertas ante un uso sobre demanda de estos aplicativos.

Mientras tanto para los inversionistas de alto riesgo, estos bienes intangibles se han vuelto una verdadera opción de ganancia, mientras la falta de regulación permita un crecimiento exponencial de estos mercados digitales, los cuales, eventualmente requerirán un ordenamiento (no necesariamente gubernamental como en el caso de la asignación de los nombres de dominio), a partir del cual, puedan resultar una opción útil para que la economía tradicional transite hacia el ámbito digital, y por ello, sigue estando bajo el propio riesgo de los actores que participan en estas transacciones, la existencia o no de un beneficio, el cual debe ser evaluado más allá de la simple ilusión que puede provocar que, “la primera edición de Wikipedia”, hubiese sido vendida recientemente por alrededor de 750,000 dólares.

Mis mejores deseos en esta temporada para las y los lectores de Poder Edomex, que la esperanza de la navidad colme sus corazones de parabienes. Hasta la próxima.