Reinicio incierto

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El paulatino retorno a la vida presencial en las instituciones educativas en todos los niveles, comenzará a experimentar conductas atípicas, principalmente de los padres de familia, quienes, mal acostumbrados por la dinámica que las cosas tomaron desde marzo de 2020, supondrán que podrán seguir exigiendo, amedrentando o cuestionando a los profesores de sus hijos.

Genuinamente, muchos profes descansaron de este bombardeo masivo el pasado lunes 4 de octubre, por la caída mundial de las plataformas de comunicación: WhatsApp, Facebook y Telegram, por citar algunas.

Nunca hubo respeto por los horarios laborales, porque existía en el imaginario colectivo la idea de que era obligación de los docentes estar disponibles 24/7 los 20 meses que ha durado esta circunstancia.

El choque de paradigma será fuerte, pues si bien es cierto que muchos espacios hicieron los ajustes pertinentes para seguir cumpliendo con su función de enseñar, la realidad es que muchos otros, simplemente, vegetaron e hicieron de la simulación su más grande fortaleza.

Me consta que en algunas instituciones públicas, particularmente en el nivel medio superior, los alumnos no tomaban clase porque los profesores no se enlazaban vía remota; si de por sí esto ya resulta preocupante, lo es más que muchos padres de familia ni siquiera estuvieron al pendiente de esta situación y, en consecuencia, no hicieron nada por indagar la causa de la falta de los profesores. Tan culpa tiene el que mata la vaca como el que le ata la pata. ¿De verdad no llamaba la atención que los hijos no hicieran nada en horario supuestamente escolar?

Ya en los casos que han regresado a la presencialidad, algunos papitos han comenzado a establecer contacto con los profesores de sus hijos; en ese tenor, se puede escuchar de todo, desde la madre que asume completamente que sus retoños no han aprendido mucho, y que está dispuesta a realizar actividades adicionales para tratar de ponerlos al corriente, hasta el padre que exige que sus hijos no tengan contacto con tal o cual compañerito porque son una mala influencia.

La incertidumbre tiene un rol protagónico en esta nueva etapa; no haya certeza del rumbo que las cosas podrán tomar, porque a fin de cuentas sigue habiendo contagios y, aunque en mucho menor medida, hay fallecidos diariamente.

Como pocas veces, el sentido común y la responsabilidad que cada uno de los actores asuma será fundamental para minimizar el riesgo y, en la medida de las posibilidades, generar condiciones adecuadas para el trabajo en las aulas.

Las escuelas deben priorizar la parte emocional de sus alumnos; hay generaciones completas de universitarios que no se conocen físicamente a pesar de estar inscritos en un tercer semestre; el conocimiento es importante, pero también lo es la estabilidad psicológica y social de los niños y jóvenes.

Es posible suponer que, tras toda esta experiencia, algún aprendizaje se debió tener; si después de todo lo experimentado pretendemos seguir igual, estaremos cometiendo un craso error.

Hagamos de la incertidumbre un motor para modificar paradigmas, es ahora o nunca.

horroreseducativos@hotmail.com