Relámpago

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Hay un constante reto de amar la vida, valorar el día como cósmico regalo amorosamente dado: aprecio cada mañana que me bautiza.

Soy una persona común, a veces atrapada por un yo exigentemente culposo; otras soy una persona extraordinariamente en paz y eso me da sensación de felicidad.

Voy por otro respiro; un segundo relámpago de luz. Los años recorridos quedaron atrás con la noble herencia de lo aprendido con el exquisito sabor, olor, color, textura y sensación por todos los poros del instante tocado por esta aniñada alma que mira el mundo como nuevo.

No todo el tiempo soy lo que soy; algunas veces derrumbo mi espíritu y cuando sucede, lucho por salir de las tortuosas sombras que caminan sigilosas al lado de cada uno. En la paz encuentro una generosa divinidad de existir: una sensación de protección infinita.

Aprendo a no sufrir, ni lastimarme ni desperdiciar momentos valiosos. La lucidez de pensamiento y tranquilidad, son el templo de mi ser, y no deseo perderlos.

Agradezco los relámpagos que impulsan mi vida, que me dan aliento, iniciar de nuevo, abrir los ojos agradeciendo que hoy, diría Facundo Cabral: … es un nuevo día,/ para empezar de nuevo,/ Para buscar al ángel,/ Que  me crece los sueños,/ Para cantar,/ Para reír/ Para volver a ser feliz./

 

Me imagino el ángel de vida caminando junto a mí, amándome, protegiéndome, entusiasmándome, diciéndome muy suavemente al oído: Hoy es tú día.

Agradecida de dejarme bajo ese aliento relámpagos de luz.