Remedios Albertina Ezeta, la primera abogada del Estado de México

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La  siguiente es una entrevista con el licenciado Gabriel Escobar y Ezeta sobre su señora madre, la licenciada y notaria Remedios Albertina Ezeta, una mujer pionera en su profesión, nacida en nuestra ciudad de Toluca, apareció publicada en la serie de personajes importantes del libro Toluca 200, historias de familia, que publiqué en el 2013.

En una etapa en la que incursionar en los diversos ámbitos de la vida nacional era difícil para las mujeres, Remedios Albertina Ezeta, originaria de Toluca se convierte, como resultado de su perseverancia y carácter inquieto, en la primera abogada y diputada federal por el Estado de México. Mellos como su familia le decía de cariño, trasciende en su época y logra combinar la práctica del Derecho con el hogar, pues gustaba de cocinar y tejer.

Amplio gusto por la vida, fue fanática de viajar, recorrió el mundo entero, visitó países como China, Nepal, la India o la Unión Soviética, su espíritu aventurero era símbolo intrínseco de una luchadora, de una dura mujer que no se deja vencer ante ninguna adversidad, pero que a la vez podía sentarse a leer cuentos a sus nietos, los consentidos de toda su vida.

Ahora su único hijo, Gabriel Escobar y Ezeta evoca aquellos tiempos compartidos con la mujer que lo educó con mano dura, ya que así se acostumbraba en las familias de antaño; cuando en la escuela sacaba diez, mi madre expresaba: es tu obligación, por eso a ella le debo los valores de honorabilidad y rectitud, que siempre procuró en mi formación.  

Remedios Albertina, hija de Gabriel Ezeta Orihuela, fue la mayor de siete mujeres y un varón; educada con ideas liberales, lo que le permitió estudiar en el Instituto Científico y Literario, donde se convirtió en la primera mujer que concluye la preparatoria en los años que corrían por 1926.

Su infancia estuvo marcada por vivir en el periodo más agitado del país, ya que habitando en la Ciudad de México, estuvo muy cerca de la decena trágica, le tocó ver a Francisco I. Madero y a Venustiano Carranza entrar a la ciudad, las postales terribles de los ahorcados en los postes y la vida dura de la revolución al tener su madre dinero para comprar lo mínimo en el mercado y no poder hacerlo ante la escasez, producto de las revueltas, de igual manera, le tocó vivir las batallas religiosas y la lucha por la autonomía de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Después con la inquietud que la caracterizaba y la aprobación de sus padres, se va a la ciudad de México e ingresa a la Escuela de Jurisprudencia en la Universidad Nacional; pero debido a que no había casas de asistencia para señoritas de provincia, su padre logra que entre al Convento Guadalupano, ubicado en Tacuba y estudia en San Ildefonso, donde conoce a Eva Sámano y a su hermana Esperanza, así llega con Adolfo López Mateos.

Para 1929, aproximadamente, se vive la huelga por la autonomía de la Universidad, lo que la obliga regresar a Toluca y una vez concluido este acontecimiento, retoma sus estudios, por lo que se recibe en 1932. Son muchas las anécdotas que vive Remedios Albertina Ezeta, como por ejemplo, el hecho de que en la escuela no había baños para mujeres  e iban a  los cafés de chinos que estaban en los alrededores o bien hacían uso de los de la Secretaría de Educación Pública.

Por eso cuando imparte la cátedra de sociología en la Escuela de Enfermería, ubicada en aquel entonces a la altura de Isidro Fabela de la ciudad de Toluca, su postura es apoyar a las mujeres, pues así lo había asumido en su formación.

Considerada fundadora del Partido Nacional Revolucionario (PNR), ahora Partido Revolucionario Institucional (PRI), comparte en su haber etapas en las que los maestros eran Vicente Lombardo Toledano y Manuel Gómez Morín; luego contrae matrimonio con Enrique Escobar y Ezeta y de esta unión nace Gabriel Escobar y Ezeta, quien da continuidad a la raíz familiar de ser notario.

Siempre elegante, nunca usó pantalón ni aprendió a manejar, su debilidad por los zapatos y el tejido, antepuso sus ideas liberales, los deseos de estudiar y su empuje político, a la vida personal, los que la convirtieron en una mujer de respeto entre los hombres de su época, ante quienes competía por ganarse un puesto y ser reconocida, esfuerzo que hoy es admirado ante 200 años de abogacía de la familia y 120 años de permanencia de la notaría en Toluca.

Entabla, además amistad con Rita Gómez de Labra, esposa de Wenceslao Labra, quien fue gobernador del Estado y la ayuda, a través del puesto de directora, a conducir lo que ahora es el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), que antes se llamaba Asistencia Social, para después litigar y ser primera Jueza Municipal por elección en los años 40.

De igual manera fue defensora de oficio; recuerdo que era muy pequeño y la acompañaba a la cárcel que en esa época se localizaba en la calle Juárez esquina con lo que ahora es Instituto Literario, relata su hijo.

Los Ezeta, en voz su descendiente directo, son una familia de la calle de Villada del centro de Toluca; sus antecedentes como notarios se remontan a 1838 cuando surgen los escribanos públicos y fue su madre Remedios Albertina, fallecida a los 86 años, quien lucha por tener la Notaria, que actualmente porta el número 5 y lega a su hijo para dar continuidad a esta labor, en lo que ellos califican, como una acción que permite servir a los demás.