Retrato de una gran hombre

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Un gran maestro de la poesía fue para muchos de quienes fuimos alumnos del poeta guatemalteco-mexicano Otto-Raúl González, radicado en México por más de 40 años, viviendo en una colonia de Naucalpan la mayor cantidad de ese tiempo. Fue mexiquense y cada primero de enero, su familia le hacía gran fiesta de cumpleaños, en dichas reuniones llegué a encontrar a la poeta Carmen de la Fuente, Thelma Nava, Raquel Huerta-Nava y muchos más, quienes sentíamos gran cariño por el poeta, quien acompañado por la poeta guatemalteca Ahideé Maldonado nos recibía con gran afecto y fraternidad. Cariñosos eran sus hijos con todos nosotros: Laura, Dulce, Gloriana, Rosario (quien ya falleció), y Otto-Raúl jr. Días maravillosos los que convivimos con el poeta: siempre amable y cariñoso, siempre atento a preguntar qué cosa estaba uno escribiendo, porque él, escritor río, no sólo de poesía, sino de ensayo y cuento, de novela, epigramas y tantos géneros que dominó el maestro.

 

En alguna ocasión, platicando, me decía que era muy fácil decir que se escribía poesía a través de textos llamados versos libres. Me explicaba que de libres no tenían nada, pues son muchas las reglas que existen para versificar en este género. También, me decía, que por eso los dedicados a este tipo de composición topaban con pared, cuando de hacer soneto se trataba. En ese amor por la poesía publicó una recopilación de sonetos de muchos de nuestros mejores poetas: Galería del soneto, el texto es muestra de cómo hay que escribir catorce versos que lo forman.

 

Muchos momentos de felicidad pasamos junto a Otto-Raúl González, quien siempre expresó enorme cariño y agradecimiento por nuestro país. Recuerdo que en una entrevista al periódico Reforma dijo: …De no haber venido a vivir a México, seguramente los golpistas militares de Guatemala me hubieran matado o desaparecido. Así que su familia se formó en nuestra patria, tanto él como Ahideé expresaban su agradecimiento por dar asilo en el país. Hogar, de quienes se veían obligados a exiliarse como sucedió con él y su querida esposa; como sucedió con españoles —en la Guerra Civil de 1936-39—, y de Sudamericanos, en décadas oscuras de los setentas y ochentas.

 

Uno de los grandes escritores latinoamericanos. Si se revisa su bibliografía se encuentra que ocupa dos o tres páginas de tantas obras que publicó: aparece junto a Luis Cardoza y Aragón, Miguel Ángel Asturias, Tito Monterroso, Carlos Illescas y varios más. Mi amistad con él, y con el editor Carlos López de editorial Praxis, fue lo mejor que me trajo la década de los noventa al final del siglo XX. Su escuela me hizo ir más lejos que la sola experiencia literaria de Toluca, lugar donde nací. En el estudio que hago sobre don Benito Juárez encuentro un texto que se titula Retrato de un gran hombre, son 15 sonetos dedicados al Benemérito; el número 0, dice así: Dado al dolor desde su nacimiento. / Como el hombre que fue correspondía / incólume sufrió día tras día / sin una queja sin ningún lamento. / Qué gran capacidad de sufrimiento / siendo pastor de ovejas padecía / siendo pastor de pueblos le dolía / de la patria el traidor desgarramiento. / La adversidad se hundía en sus costados / ya golpes recibidos golpes dados; / había de vencer ahora nunca. / Jamás faltó una oveja en su rebaño / jamás puede encubrir ningún regaño / jamás la patria que daría trunca. La ventaja de ser un estudioso y exiliado le hacía comprender los hechos de la vida de Juárez, sus sufrimientos, pero también su reciedumbre para soportar hasta el último día de su vida.

 

Sonetos que cantan al prócer de la patria. Al héroe americano, que al defender a México, defendió para siempre, todas las patrias en peligro ante toda clase de imperialismos. En el soneto I, escribe Otto: Cuidar de ovejas, cuidar de cabras / confrontaba las mismas aflicciones / de esmerarse en las áridas lecciones / que eran como rebaño de palabras. / En el mismo sendero de las cabras / flameó el dolor de sus lóbregos hachones / y brillaron recónditos carbones / en el plumaje de los chotacabras. / Huérfano y solo el niño campesino / muy antes que la flor tocó el espino / cumpliendo así un extraño mandamiento. / Juárez avizoraba su futuro, / Juárez estaba como un astro oscuro / dado el dolor desde su nacimiento. Se enamoró Otto-Raúl de nuestro Benito Juárez, con igual cariño que quienes le hemos estudiado y visto la magna obra que realizó, no nos hace caer en el garlito de aquellos que sin estudiarlo lo atacan porque quiso vender el Itsmo de Tehuantepec, dicen en el mal recordado suceso del Tratado MacLaren-Ocampo.

 

En el soneto II, dice el poeta guatemalteco: Era una cumbre y semejaba un llano / era un volcán y parecía un nido / un pedernal de junco guarnecido / una tormenta sobre el altiplano. / Era un mar gigantesco era un océano / cuyo oleaje se había convertido / en superficie de metal dormido / que reflejaba el rostro del arcano. / No se mareó jamás en las alturas / del poder ni se hundió en las amarguras / del despecho; tranquilo espero el día / y rodeado de furias y de acosos / todos sus actos fueron luminosos / como al hombre que fue correspondía. Muy difícil hacer poesía dedicada a hombres o mujeres públicos, y sólo muy pocos de los verdaderos políticos llegan a tener el afecto y las letras para cantar sus loas. Con el Benemérito de las Américas quienes escribieron poemas a su ejemplo no se equivocaron, por eso es que la literatura que habla de Juárez en ensayos, cuentos, relatos, novela, dramas o poesía siguen creciendo al paso del tiempo.

 

15 sonetos admirables de un guatemalteco para un héroe mexicano. En el soneto V dice: El horizonte se llenó de fosas / el campo todo parecía muerto / las esperanzas de llegar a puerto / era un ramo de marchitas rosas; / ya no latían las mariposas / ni daba frutos óptimos el huerto; / el paisaje interior estaba yerto / y ceñido de sombras pavorosas. / Pero impávido Juárez proseguía / su paso ineluctable por la vía / siempre fiel a su propio pensamiento. / ¡Qué tierra de dolor atravesaban! / ¡Qué páramos salobres fatigaba! / ¡Qué gran capacidad de sufrimiento! Me imagino a Otto-Raúl en la soledad con los estudios biográficos de Benito, estudiando su tema, porque todo verdadero poema es un tema que mientras mejor se sabe y se domina, más los frutos al versificar se han de notar, y Otto-Raúl era un maestro a la hora que componía, y a la hora que nos daba taller o lecciones, en esa comidas que llevábamos junto al poeta nayarita Alí Chumacero, y también con Dolores Castro, Thelma Nava. Raquel Huerta-Nava, Lucía Rivadeneyra, Angélica Tornero, Sergio García, Thelma Morales, y muchos más. Comer en el restaurante Tío Luis en la colonia Condesa de Ciudad de México fue la mayor escuela que pudimos recibir los que apenas andábamos por múltiples senderos buscando cómo hacer un verso.

 

15 sonetos juaristas, cito el X: Ardía en su mirada zapoteca / el fuego vivo de la luz temprana, / la austeridad de un trozo de obsidiana, / la mansedumbre de la leña seca / y brillaba, el dibujo de una greca / en el torrente de su sangre ufana / como el áureo relámpago que allana / un macizo de sombra y lo defleca. / No resistía nadie el desafío / de la mirada con que asomaba frío / al padecer de los antepasados; / mirada honda y clara de la tierra / que imponía la norma de la guerra: / a golpes recibidos golpes dados. Las letras de Otto-Raúl son un tesoro que habla sólo de un hombre que nació en el estado de Oaxaca y vino a ser luz para todo el mundo.