+Seguir viviendo en la vejez de los programas sociales, una apuesta riesgosa al populismo; La depresión, el quinto jinete del Apocalipsis
La frase:
Mientras puedas, ahorra para la vejez y la necesidad, porque el sol de la mañana no dura todo el día.
BENJAMÍN FRANKLIN
La pensión del bienestar, no tiene sólido futuro
Tener un retiro laboral digno y, en lo posible, cómodo, es una aspiración personal entre casi todos los mexicanos, pero resulta que, al menos por el momento, a la mayoría de la población lo que le interesa solamente es asegurar su inscripción al registro de los famosos programas sociales del gobierno federal, para dejar de seguir viviendo, pero ya sin trabajar.
Así como lo escucha, una reciente encuesta de la organización México, ¿cómo vamos?, revela que poco más del 60 por ciento de la población mexicana aspira a vivir de los programas sociales, del Bienestar, y no, como sería lo más normal pensar, contar con un seguro como podría ser el Fondo de Ahorro para el Retiro para vivir dignamente después de su tiempo laboral.
En 2024, el mercado potencial de ahorro formal en México alcanzó casi 28 millones de personas, un incremento del 18% respecto a 2022. En este contexto, México, ¿cómo Vamos? y Vanguard, la segunda administradora de activos más grande del mundo, presentaron un nuevo diagnóstico sobre el estado del ahorro para el retiro en el país, con base en la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024.
El estudio, da continuidad a un trabajo iniciado hace tres años y busca fortalecer la inclusión financiera, especialmente entre trabajadores informales y mujeres.
El análisis precisa que, actualmente, el 54.5% de los trabajadores en México tiene un empleo informal, lo que limita su acceso a seguridad social y ahorro para el retiro. La informalidad laboral afecta a más de la mitad de los trabajadores, con una ligera sobrerrepresentación femenina (54.9% vs. 53.9%).

Solo el 42.2% de la población cuenta con una AFORE. Aunque esta cifra representa un aumento de tres puntos porcentuales desde 2021, persiste una brecha de género de 17.2 puntos en el acceso: 51.4% de los hombres frente a 34.2% de las mujeres.
En cuanto a la participación laboral total, ésta alcanza el 59.9%, con una diferencia de 28.9 puntos entre hombres (75.3%) y mujeres (46.4%).
México, ¿cómo vamos? indicó además que la creciente inclusión financiera observada entre 2021 y 2024 ocurrió en un contexto de dinamismo del empleo formal, en gran medida derivado de la acelerada y promisoria integración regional de Norteamérica y, por consiguiente, del desarrollo de sectores que habían estado ofreciendo mayor cantidad de empleo con prestaciones. Ahora la situación es distinta, y el mayor reto es mantener la creación de empleo de calidad, productivo, con prestaciones y seguridad social, en un contexto de estancamiento económico e incertidumbre comercial.
Se precisa que, aunque las aportaciones voluntarias a las Afores crecieron de 5.7% en 2021 a 7.9% en 2024, aún resultan insuficientes para garantizar un retiro digno. La falta de ingresos, la baja educación financiera y poca confianza en las instituciones financieras siguen siendo los principales obstáculos. Además, la mayoría de las personas desconocen que pueden realizar aportaciones voluntarias o no saben cómo hacerlo.
El uso de cuentas digitales para el ahorro pasó de 4.1% en 2021 a 12.1% en 2024. Cada vez más personas gestionan sus finanzas desde el celular —un aumento de 18.6% respecto a 2021—, mientras que las sucursales físicas y los cajeros automáticos han perdido relevancia frente a las plataformas móviles. La digitalización se consolida como un canal clave para impulsar el ahorro y la inclusión financiera.
Los trabajadores informales deben superar más pasos para poder ahorrar, incluyendo la decisión de hacerlo y la confianza en el sistema financiero. Mientras los trabajadores formales son afiliados automáticamente a una Afore, los informales enfrentan múltiples fricciones. En ambos casos, persisten desafíos como subestimar la importancia del futuro, vencer la aversión a la pérdida, asumir la responsabilidad del retiro y evitar decisiones financieras complejas.
Las instituciones especializadas proponen siete recomendaciones para impulsar el ahorro y la inclusión financiera:
Herramientas digitales: Promover aplicaciones y plataformas móviles fáciles de usar.
Inclusión automática: Vincular trámites como el INE con la apertura de cuentas AFORE digitales, acompañadas de incentivos y educación financiera.
Incentivos fiscales claros: Comunicar los beneficios del ahorro formal frente a esquemas informales para hacerlo más competitivo frente a opciones informales como las tandas.
Educación financiera innovadora: Utilizar juegos, simuladores y asesoría conductual.
Formalización del ahorro informal: Integrar esquemas comunitarios al sistema financiero formal mediante plataformas digitales.
Confianza institucional: Mejorar la comunicación, mostrar resultados y combatir la desinformación.
Trámites simples: Diseñar procesos intuitivos, incluyentes y accesibles para fomentar la adopción de productos financieros formales.
Así es que la recomendación es ahorrar, no esperar a que los programas sociales sean el único ingreso que tengamos después de los 60 años, porque ni es seguro ni tampoco existe la certeza de que la Cuarta Transformación dure para siempre; es mejor apostar a la posibilidad de contar con un capital suficiente, a través de la Afore, que dejar todo a la voluntad de un gobierno populista como el que actualmente ocupa la mayoría de los cargos públicos del país.
La depresión, el quinto jinete del Apocalipsis
La depresión –a la que algunos consideran el quinto jinete del Apocalipsis–se ha convertido en uno de los desafíos de salud pública más apremiantes en México, enfermedad que, de acuerdo a estadísticas, alrededor del 15 por ciento de la población la ha padecido y en donde existen múltiples facetas de esta enfermedad que van desde sus causas y consecuencias hasta los tratamientos disponibles y las estrategias de prevención.
De acuerdo con especialistas, la depresión no tiene una única causa, sino que es el resultado de una compleja interacción de factores biológicos, psicológicos y sociales y entre los primeros se encuentra la genética, misma que juega un papel importante entre los individuos con antecedentes familiares de depresión, lo que les lleva a tener un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad.
Aunado a ello, está la neuroquímica, que son los desequilibrios en neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y la norepinefrina, están asociados con la depresión.
Respecto a los factores psicológicos, tenemos el estrés crónico; es decir, situaciones de estrés prolongado, como problemas laborales, financieros o personales, pueden desencadenar la depresión. Diversos estudios resaltan el trauma como parte de estos factores, por lo que las experiencias traumáticas, como abuso, negligencia o la pérdida de un ser querido, aumentan el riesgo.
También está la personalidad como causa generativa, de esta forma, ciertas características como el perfeccionismo, la baja autoestima y la tendencia a la autocrítica, pueden hacer a una persona más vulnerable.

Un tercer factor es el aspecto social, la pobreza y desigualdad son un detonante depresivo, como lo refieren expertos en el tema. Las condiciones de vida precarias y la falta de oportunidades económicas contribuyen al estrés y la desesperanza, pero también están la violencia e inseguridad.
A ello se suma el aislamiento social, algo que con las nuevas tecnologías es cada vez mayor, principalmente en jóvenes. La falta de apoyo social y el sentimiento de soledad pueden exacerbar los síntomas depresivos.
La depresión no sólo afecta el estado de ánimo, sino que tiene graves consecuencias en múltiples áreas de la vida entre las que se encuentran la salud física que genera enfermedades crónicas. La depresión está asociada con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes y otras enfermedades crónicas.
Por lo que respecta al sistema inmunológico, este se ve dañado y debilitado ya que la depresión lo debilita, haciendo a las personas más susceptibles a infecciones a lo que se suma el dolor crónico, ya que dicha enfermedad puede exacerbar el dolor crónico y dificultar su manejo.
La salud mental se proyecta a través de la ansiedad, debido a que la depresión a menudo coexiste con trastornos de ansiedad; también se encuentran como factor detonante el abuso de sustancias: Algunas personas recurren al alcohol o las drogas como una forma de automedicación, lo que puede empeorar este mal llevando a quien lo padece, incluso al suicidio.
En materia de vida social y laboral, genera dificultades en las relaciones al afectar la capacidad de mantener relaciones saludables y significativas o llevar al paciente al bajo rendimiento laboral: La falta de energía, la dificultad para concentrarse y la pérdida de interés pueden afectar el desempeño en el trabajo y caer en casos graves a la pérdida del empleo.
La depresión se manifiesta a través de una variedad de síntomas que pueden variar de persona a persona, como pueden ser los síntomas emocionales entre los que destacan la tristeza persistente, la pérdida de interés o placer en actividades que antes disfrutaba; sentimientos de desesperanza, inutilidad o culpa; irritabilidad o inquietud.
Los síntomas físicos se manifiestan a través de la fatiga o falta de energía, cambios en el apetito o el peso, problemas para dormir (insomnio o dormir demasiado), dolores de cabeza, problemas digestivos u otros dolores inexplicables, algo que llega a actuar en ocasiones conjuntamente con los síntomas cognitivos entre los que destacan la dificultad para concentrarse, recordar cosas o tomar decisiones y, lo más grave, genera pensamientos de muerte o suicidio en el paciente.
Lamentablemente, ante un panorama tan desolador en el que miles de mexicanos viven esta enfermedad, se carece de una atención integral en los centros hospitalarios públicos del país. Es decir, cada día hay más personas que enfrentan depresión, pero también hay menos alternativas para su atención.


