Ser profe es mi profesión

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Mi mamá es profesora. Siempre me ha contado que a sus 18 años decidió estudiar pedagogía para cambiar la realidad de los niños, porque la educación abre puertas. Sin embargo, desde que tengo uso de razón que, mi mamá muchas veces no estaba.

Era la última la que iban a buscar al jardín, a las 7:30 de la tarde, porque trabajaba de 8 a 7. Me acuerdo de muchos fines de semana en que nos decía que no podía salir con nosotros, porque tenía que corregir casi 200 pruebas.

Ya más grande nos hicimos parte de su trabajo, entonces la ayudábamos. Mamá yo te corrijo el item 2, son solo alternativas y nos quedábamos hasta la madrugada.

Siempre estaba ideando cosas nuevas para sus estudiantes, formas entretenidas de enseñar, incluso siendo profesora de lenguaje les ayudaba en Matemáticas, Ciencias y hasta Educación Sexual. Si tenía dos meses de vacaciones: el primero lo pasaba haciendo capacitaciones y cursos y el segundo, planificando.

Siempre me pregunté quién en su sano juicio querría ser profesora, trabajar tanto y ganar tan poco, pero ella decía que sus alumnos le daban energía, aunque hubiese dormido un par de horas. Siempre me habló de vocación, que hiciera lo que me gustara, un trabajo que me diera ganas de levantarme cada día, como ella y su pago siempre ha sido ver a sus estudiantes egresados, estudiando, trabajando, grandes e independientes.

Ser profesora prácticamente no es un trabajo, es una vida dedicada a los otros. Así que si, aguanten los y las profesoras, aguante el paro. Sin los profesores no hay presidente, no hay ministra, no hay médicos ni ingenieros. No se puede leer, ni escribir, ni sumar, ni pensar.