Servidumbres reinventadas: invitación a la lectura de Flores Galindo
Hace no mucho, la lectura de un texto insigne sobre la fisionomía del Perú como nación me provocó múltiples reconsideraciones sobre mi presente más actual y sobre muchos sucesos que para mí y para un gran número de peruanos, eran totalmente normales. Dicho texto se titula República sin ciudadanos, ubicado en el libro Buscando un Inca, Identidad y Utopía en los Andes del historiador peruano Alfredo Flores Galindo. República sin ciudadanos es un texto que sólo puede escribir alguien que llega a una madurez intelectual determinada. Alguien, que no nada más ha recopilado y digerido una determinada cantidad de información, sino que ha sabido dejarla madurar dentro de sí para que el resultado esté vuelva fecundo.
De dicho texto, la parte que más me interesa presentar en este espacio es la tercera: Se necesita empleada. En estas breves 8 páginas se encuentran incontables verdades y problemas de los que el Perú aún adolece, gracias a un análisis crudo de una figura con una importancia mayor a la que aparenta: la empleada doméstica. Flores Galindo insiste en que su presencia a lo largo de la historia peruana está sellada por el pongaje y el mínimo progreso personal, pues le ha tocado vivir una jerarquía violenta en la que se enclaustra su valor humano. Y es que, el trato de algunas secciones del país a sus empleadas domésticas representa, aún hoy, todas las herencias de una época colonial que no murieron con el pasar del tiempo, y que hoy los sectores más tradicionalistas siguen cuidando y cultivando por considerarlas las buenas costumbres y tradiciones.
El análisis que hace Flores Galindo respira peruanidad genuina y no un mestizaje cínico. Ahora bien, en lo que respecta a lo histórico, no se echa mano de infinidad de datos áridos o se parte de valores antiguos a los que volver para construir un relato. Todo lo contrario: Galindo pasa revista de los principales sucesos históricos que determinaron sustancialmente la formación de la identidad peruana, mientras que va buscando la génisis de la consideración del indígena como una forma de vida inferior sobre la que no cabe otra cosa que el trabajo forzado y la re-educación y no un trato digno como el que merece cualquier ciudadano de una República.
En lo anterior, se encuentra el problema y en el título genial del ensayo de Flores Galindo su respuesta. El indígena hoy y siempre ha adolecido vivir en una República sin ciudadanos: un espacio político en el que muchos ven solo una fuente de riqueza y no un proyecto de nación, y que otros anhelan poder integrar para vivir más dignamente. El fenómeno, muy seguramente, sea extrapolable a una gran cantidad de países latinoamericanos. Sin embargo, lo interesante que el Perú tiene para aportar a este conflicto identitario, es que en su caso puede verse con claridad cuánto le sigue costando a América Latina despegarse de lo que ya no debería de ser, y cómo persiste el fenómeno tristísimo de colonizarnos entre nosotros mismos, negando lo que somos.
En resumen, no quiero dejar de señalar que, tras nuestra relación con una figura tan común y aceptada como la empleada doméstica, muchas veces se mantiene una relación con el otro propia de siglos pasados, que se camufla pícaramente con un paternalismo racista que nos hace perderla de vista. Que, tras la gran mayoría de familias que emplean personas indígenas para el cuidado de sus casas, se esconde una red de significados de racismo e inferioridad que, muchos ni si quiera saben, que tienen asumidos. Y que la situación aún persiste, porque las formas de justificar este tipo de prácticas se reinventan, haciendo de la interculturalidad en el Perú un conflicto perentorio y una ilusión lejana.

