SIN TÍTULO QUE VALGA
Fui yo, la primera que escuchó el llanto de aquella niña y aquel niño cuando salieron de mi vientre y me hicieron madre…
Fui yo, la que vio aquella sonrisa de un bebé montado en el coche dando un paseo en el parque, cuando me acerqué a él, simplemente una delicia de ser inocente y que es simplemente feliz, porque sus padres le dan amor…
Tengo la suerte casi siempre, por no decir siempre, de tomarme un café caliente por la mañana (en medio de un invierno que me hiela los huesos y me dice no salgas), café que evita que caiga en la maldita procrastinación, por cansancio, que no me conduce a ningún lado…
Todos los lunes, alrededor de las 5:30 am, tengo la dicha de oír al unísono los buenos días, mamá, mientras que estoy en la cocina, con mis manos cansadas, pero llenas de cariño preparando desayunos y loncheras…
En algún momento, mis hijos han llegado corriendo a casa del cole, mostrándome el diploma de MEJOR COMPAÑER@ que para mí es el diploma que más me llena de orgullo, y no el tan anhelado por la mayoría de los padres, PRIMER PUESTO…
Cuando cumplí 18 años, escuché un: No vas a salir hoy a esa fiesta en la playa exclamado por mi madre, bien bruja ella, bruja fea, tan bruja fea, que terminó convirtiéndose en bruja mágica, ya que evitó que aquella noche en la carretera fuera yo, una de los chicos fallecidos en el accidente de tránsito…
Hace unos años atrás, entramos varios a un lugar grande, blanco, frío, uno por un tumor maligno, otro por ruptura de la cabeza del fémur, yo por nefrectomía izquierda y horas después fui la única que abrió los ojos y logró salir de ese lugar gélido, para volver a mi cálido hogar…
La comida siempre ha sido y sigue siendo mi talón de Aquíles, amo comer, pero sólo puedo pocas cosas, por ese motivo amo los días sábado, cuando por ley mi paladar y el de mis hijos disfrutan la sazón inigualable en todo el planeta Tierra, de mi mamá, que lleva arte en las manos y los condimentos que son su mejor arma…
Todas las mañanas antes de salir, tengo que bañarme, no concibo el salir de casa sin recibir varios, miles de chorros de agua caliente cayendo sobre mi cabeza y al acostarme igual, es ahí donde pienso, bendita el agua caliente y quien inventó las termas…
Cuando era chica, siempre me peleaba con mi hermano que me lleva escasos 20 meses. Reconozco que le hacía la vida imposible a veces, pocas veces él a mí, sin embargo, hoy, basta una llamada telefónica y nos hacemos humo para llegar al otro y auxiliarlo cueste lo que cueste…
Todas las noches que me acuesto abrazo a mi delfín, llamado Gigi, el único peluche que poseo por decisión propia, delfín que mi padre me regaló hace 41 años atrás después que me operaran por primera vez y Gigi aún me acompaña. Cabe decir que mi madre lo viene cosiendo todos los años y rellenándolo con algodón, porque es mi favorito, no lo cambio por nada…
Amo los viernes donde a la salida del cole de mi hija, normalmente pasamos tiempo en familia, aquellas familias que la vida nos dio, nacionales y extranjeras, amistades verdaderas para toda la vida…
He tenido amores bonitos y no tan bonitos, feos completamente nunca, porque siempre hasta lo no tan bonito tiene su chispa de encanto, sea como haya sido, encontré y descubrí a qué amor le digo adiós y con qué amor me quedo, hoy, con el más bonito…
Tengo 43 años, y soy yo, la que sigo acompañada de mis padres, que gozan de sus tres nietos y de sus dos hijos, que no dejaron huérfanos y están sanos y salvos…
Y puedo seguir con los tres puntos suspensivos, gastando tintas y pergaminos en escribir un poco más de mí, pero mi intención no es hablarles de mí, sino desde mi propia vivencia y mediana experiencia de lo que es El Paraíso que pocos logramos ver y valorar a pesar de que lo tenemos.

