Soberbia

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No es nada fuera de la común encontrar a gente soberbia. Los soberbios suelen convertirse en los abanderados de la verdad, de las causas en las cuales nadie puede expresar una opinión más válida que la suya.

 

Son quienes definen la política de un grupo determinado por la necesidad, dicen ellos, de expresar lo correcto. Tenemos muchos ejemplos alrededor. Soberbios que suben al borde de la vanidad y se sienten seguros de su palabra. Soberbios que caminan en la calle con las normas establecidas y muy definitorias bajo las cuales, con o sin bases, todos deben caminar. Soberbios que sienten un sistema como suyo, sólo suyo y únicamente suyo. Soberbios embebidos en su soberbia.

 

La soberbia siempre me ha parecido una estupidez. No sirve para nada, sólo para sentirse el non­-plus ultra de los demás.

 

Desde mi pequeña barricada he sufrido la soberbia en todos los sentidos. Funcionarios que, ante el nombramiento de su vida, miran de arriba abajo a quienes tienen la desgracia de pedir algo. Artistas que, ante el elogio inútil, suelen convertirse en quien define la realidad del arte que proclama y siente que nada hay más allá de su palabra y expresión. Simples oficinistas que ante la necesidad de un trámite, sienten que son los únicos factibles para la solución posible y hacen lo imposible para no dar el paso siguiente.

 

Lamentablemente, la soberbia es una actitud natural del ser humano. Desde tiempos antiguos, los mejores hombres y mujeres de la humanidad han sido o han tenido o son parte de un espectro de soberbia.

 

Nada podemos hacer ante tal actitud. ¿Ignorarlos? ¿Darles por su lado? ¿Burlarnos? En estos tiempos políticamente correctos, la soberbia suele disfrazarse con conceptos específicos. Nada se puede decir o escribir que pueda ser o parecer ofensivo contra algo. Vivimos en la terrible ansiedad de saber si lo que expresamos es o no lo correcto, según aquel que nos dictamina.

 

Hasta el hecho de provocar una reacción puede ser incorrecto, hasta el hecho de crear un sentido de la realidad a partir de experiencias diferentes, puede ser incorrecto. Hasta el hecho de tener la misma filiación política, o sexual, o asexual, o simplemente de pensamiento, puede ser incorrecto.

Pero estos elementos no provienen de una simple percepción humana, sino de una más compleja: la soberbia.

 

Por eso a veces es mejor alejarnos de estas personas y dejar que la soberbia sea quien dirija su camino en este mundo. Suelo tener soberbia, pero les diré en dónde: en la regadera, cuando canto desafinado porque me siento como si fuera un gran cantante de ópera, o rock, o balada, o norteña, o vallenato. Eso sí, nunca un reguetón.