SOBERBIA DEL QUE GOBIERNA

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La historia humana rebela que toda destrucción de un régimen de gobierno siempre tiene entre sus debilidades —quizá la peor— la soberbia. Al revisar los hechos anteriores a la muy cercana revolución de Independencia, encontramos, según cuentan las historiadoras Marta Baranda y Lía García Verástegui, investigadoras del Instituto José María Luis Mora en su libro Esta de México, una historia compartida, que entre los antecedentes se encuentran las Reformas Borbónicas ellas dicen En esta estructura social se hicieron cada vez más intensas las desigualdades existentes, al aplicarse una serie de reformas políticas y administrativas ensayadas en la Nueva España de 1789 a 1821. Fueron las llamadas reformas borbónicas, que respondían a una nueva concepción del Estado que trataba de retomar el poder económico y político delegado en grupos y corporaciones. El virrey, la audiencia y el ayuntamiento detentaban el poder formalmente, pero el poder real, económico, político, social y espiritual, lo ejercían las corporaciones y grupos específicos: Iglesia y Consulado de Comerciantes de la ciudad de México y hacendados y mineros.

 

Podemos imaginarnos lo que era controlar tales inmensos territorios en tan bastos mapas que de nueva cuenta, basta con investigar en los archivos y biblioteca de la Sociedad de Geografía y Estadística de México, en su sede de Justo Sierra en el centro de la Ciudad de México, para comprender cuánta riqueza había, y que mal repartida estaba, no sólo en lo económico, sino en lo político, donde los criollos y mestizos no tenían derecho a participar en las cosas de la política, porque el imperio dominaba todo y no quería ceder nada. Tanto es así, que, por ello, como antecedente de esta Reforma Borbónica, el rey de España y por lo tanto de la Nueva España había decretado la expulsión de los jesuitas de sus dominios, por ser divulgadores de ideas liberales y contrarias al conservadurismo y soberbia, con que se pretendía seguir dominando en su colonia. Al ser expulsados en 1767 los jesuitas dejaron a cientos de criollos y mestizos ya aleccionados en ideas de la Enciclopedia y del Iluminismo francés.

 

Dichas reformas trajeron situaciones desiguales, pues cuentan Marta y Lía Dichas reformas lograron asimismo el fortalecimiento del factor externo de la Nueva España: minería, comercio y agricultura de exportación, lo que la hizo más dependiente de la metrópoli, pero a su vez, desertó la conciencia de su autosuficiencia. La Nueva España percibió que su desarrollo y potencialidad podían ser mayores si rompían con España. Nunca has de saber qué cosa has hecho, sino cuando vez los resultados de tus acciones. Y el dominio retardatario del imperio sobre tan lejanos territorios que llegaban desde muy al norte de lo que es Estados Unidos y hasta la Patagonia, debían de sembrar el malestar en sus pobladores, pues sólo trabajaban para que en España los dueños de América gozaran de riquezas inconmensurables.

 

Por eso cuentan Al darse simultáneamente una mayor sujeción económica externa y una mayor expansión y desarrollo del sector económico interno, los privilegios que ganaba la metrópoli y el marginamiento de la colonia se hicieron sentir entre los no beneficiados, que eran la mayoría, pues si el auge económico que se registró por entonces fue grande, los beneficios recayeron muy disparejamente. La minoría que controlaba las actividades más ligadas con el exterior (minería, comercio) percibía las más altas ganancias, mientras que la inmensa mayoría (agricultores, trabajadores de minas, obreros, artesanos, pequeños empresarios) percibían muy escasos o nulos beneficios más claro no se puede. Quienes detentan el poder a lo largo de la historia se encuentran siempre en las mismas condiciones: su soberbia les impulsa a pensar poco en los demás, y esa voracidad lleva a su autodestrucción. Una y otra vez sucede, pero los malos gobernantes y dominadores de los medios de producción y de bienes y servicios no comprenden que vivimos en un mundo donde todos debemos ganar para ser felices en lo posible.

 

Eso no sucedía al finalizar el siglo XIX así que todo estaba listo para que no sólo en México, sino en toda América la rebelión viniera acompañada del liderazgo de los criollos y con el apoyo de los mestizos, pero con la fuerza masiva de campesinos y mucho menos por parte de una clase obrera apenas en semilla, junto a artesanos y trabajadores de la minería. La soberbia al final del virreinato de México y hasta Argentina y Chile tenía el mismo denominador. Dicen las historiadoras: Las reformas borbónicas se encaminaron también a eliminar de puestos relevantes a los criollos. Sólo los españoles podían detentar puestos políticos de importancia e integrar los cuadros del alto clero. Por eso es bella la historia en sus lecciones, pues como si se viera con una lupa se comprende cómo aquellos que han de caer del poder van juntando error tras error. Así sucede con los dictadores de toda laya. Lo mismo con Adolf Hitler, Benito Mussolini, José Stalin o con menores, pero igual de peligrosos Francisco Franco, Augusto Pinochet o el dictador mexicano Porfirio Díaz.

 

Soberbia tras soberbia, vemos los textos de Marta y Lía que nos llevan de la mano a comprender el por qué cayó el imperio en este nuevo continente, como acostumbraban llamarlo: Las cosas empeoraron para los criollos terratenientes y labradores cuando en 1804 se expidió la Real Cédula sobre enajenación de bienes y raíces y cobro de capitales de capellanía y obras pías para la consolidación de Vales Reales. Por medio de esta cédula el gobierno español despojó a la iglesia novohispana de los capitales que prestaba a los criollos terratenientes. En tales circunstancias, los criollos, justamente resentidos, y los indígenas y mestizos, agobiados por todas partes, comenzaron a manifestar su descontento. Revisar los sucesos desde el último lugar de América y los acontecimientos en aquellas décadas del siglo XIX nos deja en claro, que en lugar de haberse acercado al pueblo que tanto les mandaba con barcos llenos de riquezas durante cientos de años, el deseo de dominar la riqueza material, y la espiritual a través del alto clero, puso las condiciones para que el grito del 16 de septiembre fuera el detonante del descontento por todos los territorios de la Nueva España y en el sur con la presencia de libertadores como Simón Bolívar y José de San Martín.

 

El estado de México no fue actor ajeno a esta realidad. De eso nos cuentan en su libro Estado de México, una historia compartida Marta Baranda y Lía García Verástegui, en el apartado la lucha por la Independencia en el territorio de la Intendencia de México escriben: Entre tantos acontecimientos tuvo lugar la guerra de Independencia. El movimiento que se inició en Guanajuato cundió a las intendencias circunvecinas, como la de México, que fue escenario de batallas decisivas en varios puntos de su territorio… El gobierno virreinal, al tener noticias de que el ejército tumultuario del cura Hidalgo se dirigía a la capital, reforzó la vigilancia en este territorio y envió a Toluca una división de tropa compuesta por granaderos y alguna caballería de realistas al mando del brigadier Torcuato Trujillo y Chacón. El centro del país se convirtió en campo de batalla donde se libraron momentos definitivos, pues en Toluca en el centro de la ciudad aún se recuerda la muerte de cerca de cien ciudadanos que como lección el jefe realista aplicó su fusilamiento, como dura lección que debía espantar a los revoltosos para que se hicieran a un lado de las ideas que acompañaban a Miguel Hidalgo, Mariano Matamoros, Ignacio López Rayón o Ignacio Allende. El siglo XVIII preparó y puso la mecha para el fuego que vendría.