SOY MILITANTE, PERO NO SOY SIMPATIZANTE DEL PRI.

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La edad de oro de los partidos ya ha pasado. Peter Mair.

 

 

Cualquier institución humana que deja de actualizarse en un mundo cambiante termina por convertirse en su principal enemigo. Y si le agregamos que desde hace años, a buena parte de los mexicanos les aqueja la PRIFOBIA, acaso eso pudiera explicar los claro obscuros por los que transitan los priistas en esta etapa de postpandemia.

Cada día son más las voces de malestar que se escuchan en reuniones de sobremesa, cafés políticos y demás momentos de reflexión entre los priistas. Dicen seguir orgullosos de su militancia pero marcando distancia de quienes han asaltado el partido para su propio interés. No se les quita de la mente, que el Estado fue entregado dócilmente.

Permanecemos anclados en la paradoja de que dejamos la democracia en manos de unos partidos que no practican internamente la democracia.

Recordemos que el PRI nació como un partido para gobernar. Ahora que ya no tiene la mayoría de instancias a gobernar, tendrá que encontrar la fórmula para representar y no hay otra manera, que empezar por ciudadanizarlo.

Pero para ello, deberá iniciar por atender la indiferencia popular para privilegiar la democracia por encima de la política y de sus nefastas élites extractivas.

Las élites extractivas en la política se refieren a grupos o individuos que tienen un control desproporcionado sobre los recursos y el poder en una sociedad. Estas élites utilizan su influencia para extraer beneficios y recursos en su propio interés, a menudo en detrimento de la mayoría de la población. Esta concentración de poder puede conducir a desigualdades, corrupción y falta de representación equitativa en la toma de decisiones. En resumen, se trata de un pequeño grupo que se beneficia a expensas de la mayoría. ¿Le suena familiar?

Dicen los expertos que: Los partidos políticos hoy en día son agencias de empleos que tienen la finalidad única de regular sistemáticamente el acceso social a los cargos de elección popular de la política, entendida ésta como poder, polis, politeia, civitas y cive, pero a partir de agrupaciones de intereses y no en torno a ideas, objetivos, propuestas o meras participaciones en los asuntos públicos…

 

Los partidos son lo que sus dirigentes quieren ser, pueden ser o aspiran a ser y lo que los partidos opositores les dejan ser. Los partidos no son lo que sus militantes o representados quieren ser.

El PRI se ha cartelizado, lo que significa que se ha caracterizado por ser más parte del Estado que de la sociedad civil.

La cartelización que estamos viendo, se refiere a la tendencia de los partidos políticos a trabajar juntos y cooperar más de lo que compiten, creando una especie de cartel político. Esto puede resultar en acuerdos y prácticas que limitan la competencia real entre los partidos y pueden afectar negativamente la diversidad de opiniones y la representación de los ciudadanos. En lugar de presentar opciones políticas muy diferentes, los partidos cartelizados pueden colaborar en temas clave para mantener el control y limitar el cambio en el sistema político.

Y ese es precisamente el punto, formar un bloque entre ciudadanos y partidos de oposición, para contener el ácido polarizante y destructor de Morena. De ahí la trascendencia de que los priistas comprendan que no están para dar respuestas poniendo a Beatriz de candidata, están para hacer preguntas que aglutinen a la sociedad civil y así conduzcan a la candidatura de Xochitl. ¡No se equivoquen!