SUEÑO Y REALIDAD
Tú, caminando en silencio, yo, a tu lado sin pensar,
haciendo cortos los pasos para tardar en llegar.
Son momentos de quietud que de calma hacen derroche,
y en el calor de la noche, los dos temblando de frío,
siguiendo el curso de un río imaginario quizá,
que refleja las estrellas y una luna sin igual
y los árboles tratando de alcanzar la inmensidad.
Y seguíamos caminando tratando de no avanzar,
haciendo cortos los pasos para tardar en llegar.
A lo lejos, el murmullo de las aguas al cantar
que nos sirve como arrullo para poder platicar.
Al cabo de un rato hablaste y tus sueños me contaste,
que el agua, que el universo, que un puente en el firmamento
que llegue cerca del cielo, que ver la lluvia desde dentro de cápsulas de cristal.
Y yo te escuchaba absorta y al tratar de imaginarlo
me transportaba a tu lado a un mundo celestial.
Mientras tanto, caminábamos, tratando de no avanzar
haciendo cortos los pasos para tardar en llegar.
Así vieron nuestros ojos a lo largo del sendero una cruda realidad,
sólo aceras y concreto y edificios sin fin,
y en vez de universo y cielo, en vez de río y de estrellas
y de tantas cosas bellas, una calle de adoquín.
Y al terminar el camino, tampoco tú junto a mí.
DESEOS
En la amenazante soledad del otoño de mi existencia triste,
busco un bullicioso amanecer que me haga ver la serpenteante luminosidad
que hoy me niega la bruma que me envuelve,
que me lleve a recordar la alegórica felicidad
de esos idílicos momentos que surgieron en la apacible primavera de mi vida.
Deseo sentir por un instante,
la alegría alucinante de mi dorada juventud.
Sentir sobre mi cuerpo
el calor relampagueante de los rayos
del cálido sol de la mañana,
que me alienten a ir por una senda imaginaria
en la que pueda ver lo maravilloso del universo,
y en el ocaso misterioso de la tarde, mecerme en una enmudecida hamaca
con callados pétalos de rosa, cuyo vaivén me arrulle
hasta un sueño profundo del que no quiera despertar.
Deseo aspirar el aroma de las perfumadas flores
y escuchar el trino melodioso de las aves
que cruzan presurosas el azul firmamento.
Sentir la lluvia pertinaz sobre mi rostro, cual gotas de rocío;
El mar verde esmeralda que refleja en sus olas de espejo platinado
el brillo luminoso de las estrellas, en la noche callada;
y, presenciar el vuelo de las intrépidas mariposas multicolores
con alas transparentes de seda refulgente.
Entonces podré decir que he tocado con mis manos el cielo.

