Sufrir o no sufrir, tú eliges

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Ahora bien, hay que preguntarse también por el sentido del sufrimiento con la perspectiva de una experiencia de falta de sentido, ya que ella es el verdadero sufrimiento. Entonces la pregunta misma que acabamos de formular tampoco tendría sentido alguno y las aún dado que el sufrimiento es el límite de la praxis, es aquello contra lo cual yo, al menos de momento, nada puedo hacer. Así es que la réplica de quien, hablando del sentido del sufrimiento, afirmase que debe ser combatido allí donde se dé, lo único que logra es justificar el sufrimiento mismo. Entonces el tema sentido del sufrimiento es lo mismo que penar en sentido de lo que no queremos, de lo que nadie puede querer para sí mismo. Esto nos plantea que sería de más provecho el penar y poner en acción lo que si queremos y quisiéramos que todos los que nos rodean quisieran para sí mismos.

Regresando un poco, vale la pena hablar de una conciencia de dolor. En esta perspectiva, el inicio de la persona es el dolor, entendiendo por éste, al dolor de tipo físico, pero sobre todo al dolor de tipo espiritual como puede ser el sufrimiento, inclusive Miguel de Unamuno llega a decir que sólo sufriendo se es persona. Es así debido a que sólo sufriendo puede el hombre unirse de forma auténtica a sus semejantes; sin embargo, esta es la parte en lo que aprendemos a convivir con el sufrimiento a través de la compasión, de un padecer conjunto transformando el sufrimiento y de ahí que se insista en que se trata de una elección. Y como decía  el pensador vasco la persona es productora de finalidad, que allí donde hay finalidad hay personalidad y hay conciencia. Así es que sólo una persona consciente y libre es capaz de idear un proceso teleológico y ponerlo en marcha; sólo una tal persona es capaz de realizar un plan con vistas a un fin.

Por otra parte, la naturaleza no consciente, no puede proyectar y proyectarse en el tiempo. Aún hay personas que se empeñan en justificar el sufrimiento con frases como: para ti es fácil hablar; deberías antes pasar por una situación de verdadero sufrimiento. No me parece un argumento razonable, ya que no hablamos como un ciego pudiera hablar del color. Es decir, no hay límites exactos entre sufrir y no sufrir; porque al hombre como dijo Thomas Hobbes, el hambre futura ya convierte al hombre en un hambriento. Tenemos miedo del sufrimiento, y ya ese mismo miedo es sufrimiento. Por otra parte, si habláramos de un dolor físico que en este momento no tengo, o que quizá no he tenido nunca, entonces hablaría como un ciego habla del color. Pero el sufrimiento es algo distinto del dolor físico. Así es que lo común es que el temor ante el dolor físico es peor que el propio dolor. Y siendo esto así, el miedo ante el sufrimiento es con frecuencia miedo del miedo. Más aun, el temor ante la muerte no es en realidad miedo a estar muerto, sino miedo ante la situación en la que mi corazón se llenará del máximo. Sin embargo el dolor no siempre va acompañado de sufrimiento. Por ejemplo, un golpe leve mientras se realiza un trabajo agradable puede causar dolor que se soporta sin amenaza o desesperanza, sin angustia, sin afectar la autoimagen ni provocar una herida narcisista.

En el caso de la enfermedad, la otra perspectiva del dolor, nos sorprende y nos lanza a la inseguridad y el recelo porque nos roba la salud, que es según Hans-Georg Gadamer, el silencio de los órganos. En el mismo tenor Unamuno escribió: Aunque lo creamos por autoridad, no sabemos tener corazón o pulmones hasta que no nos duelen, oprimen o angustian. Es el dolor físico o siquiera la molestia, lo que nos revela la existencia de nuestras propias entrañas. Así ocurre con el dolor espiritual, con la angustia, pues no nos damos cuenta de tener alma hasta que ésta nos duele. Entonces se trata de una forma de lenguaje del cuerpo por excelencia. Lo primero es calmar el dolor, se dice en las cátedras y en las salas, pero siempre que ese gesto compasivo no enmascare las pistas del diagnóstico. Esto implica que cuando en el proceso nos quedamos sin ese síntoma orientador, corremos el riesgo de perdernos en la espesura del diagnóstico diferencial. En esta perspectiva tenemos que la disease es la enfermedad física, la entidad nosológica tal como la conocen los médicos. Illnes es el término reservado para el sufrimiento, para la vivencia de la enfermedad, la otra mirada del sufrir.

Quiero terminar con lo dicho de manera magistral por Carl Gustav Jung para apuntalar estas ideas alrededor del sufrimiento, tal vez mejor llamado dolor espiritual y por lo mismo producto de una elección, aun cuando insisto en que se trata de una experiencia-vivencia que nos acompaña en todo nuestro camino: Te traigo la belleza del sufrimiento. Esto es lo que necesita el que hospeda al Gusano (…) Puede suponerse, acaso, que tal belleza es por definición una condición crística. Pues si el sufrimiento es el lugar en donde se vive el mal o sus consecuencias, la belleza es una vía hacia su ‘contrasentido’ más propio, el de la bondad (…) Sin embargo, yo mismo, simplemente viviendo, enverdeciendo, floreciendo, marchitándome, me encuentro parado como un árbol siempre en el mismo lugar y dejo pasar el sufrimiento y la alegría de los hombres delante mío impasiblemente. Y aun así soy un hombre que no se puede sustraer de la disputa del corazón humano.