Supremacía Digital

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En marzo nos encontramos en vísperas de la primavera en una década que pronto nos lanzó hacia la vida digital en medio de una pandemia, razón por la cual, de manera prácticamente imperceptible la existencia pudo continuar a través del soporte de las comunicaciones y los aplicativos de internet que permitieron mantener los sectores productivos, mismos que gradualmente transitaron hacia nuevos modelos que si bien, no logran cumplir con los números previamente definidos en el marco de la economía tradicional, sí permitieron lanzar un salvavidas que posiblemente se convertirá en el nuevo modelo a seguir.

Bajo ese escenario, nuestra vida digital está marcando nuevos liderazgos y prioridades que requieren de un alto sentido tecnológico y, que al igual que en la dinámica social, ha aumentado las brechas entre los países que le apuestan al desarrollo tecnológico y aquellos que se encuentran en vías de desarrollo, al punto en el que nos encontramos frente a una nueva supremacía digital, en la que aquellos actores que cuentan con la capacidad de producir y consumir tecnología marcarán las principales pautas a seguir en el escenario postpandemia, puesto que han quedado demostradas las posibilidades y potencialidades de las habilidades humanas a partir de un uso eficiente de las tecnologías.

Es por ello, que las negociaciones en torno al uso de los aplicativos tecnológicos y de los componentes, serán una parte importante de las tendencias de uso de los consumidores y en general de la ciudadanía digital, que si bien, requiere de un uso extendido y, un cierto efecto democratizador que posibilite su uso a gran escala, favorecerá a aquellos que incorporen dentro de sus esquemas de gobernanza el adecuado aprovechamiento de dichos insumos.

Sin embargo, además de las diversas posibilidades tecnológicas, habrán de considerarse de manera complementaria un enfoque inteligente que permita definir la estructura de uso que permita dotar de contenido a los insumos que se insertarán en esa nueva ruta, es decir, del conjunto de reglas sobre el cual la digitalización puede ser aprovechada y para ello la garantía de los derechos digitales se vuelve fundamental, como el primer paso que permitirá a todos los usuarios participar de manera equitativa a fin de buscar que todas las personas participen de los beneficios del avance de la tecnología sin dejar a nadie atrás.

Aunado a ello, la madurez política debería tender a generar alianzas multinacionales y regionales a fin de permitir que la democracia técnica se traslade a la democracia política, dejando de lado las tentaciones autoritarias que han surgido a través de la vulnerabilidad humana que se encuentra aparejada con este proceso de digitalización, por ello, es importante que los gobiernos entiendan que este cambio digital y, la eventual ventaja que adquieren, sea como países beneficiados de la supremacía digital o como aquellos que pueden ser objeto de manipulación debido a las carencias materiales o culturales de dichos territorios, debería ser utilizada para provocar el cambio para un bien común, ya que el riesgo de no tender a la democratización digital, les puede cobrar revancha al no guiar a sus poblaciones hacía una exigencia que ha surgido de manera auténtica en las libertades tecnológicas, a partir de las cuales se ha generado una nueva consciencia.

En este panorama, la participación de todas y todos en un escenario de múltiples actores interesados requiere que empresas y gobiernos converjan hacia una visión de cambio común que nos permita definir una ruta de acción y un horizonte realizable a través de lo digital, para lo cual, será interesante advertir si bastará esperar hasta 2030 o, en el plano de los acontecimientos actuales, es posible enfocar esfuerzos a superar las problemáticas que aquejan a la humanidad, con la misma intensidad con la que hicimos frente para la contención y recuperación en torno al COVD-19.

Es por ello, que la supremacía digital es de todos, porque la transformación digital ha llegado y si bien, tomará cierto tiempo que podamos llegar a estadios mas democráticos y multinacionales, la ventaja tecnológica que tienen algunos países o actores actualmente, sumada con el aprendizaje postpandemia, permitirá trabajar sobre propuestas integradoras destinadas para el bien de la humanidad.

Hasta la próxima.