Tarde para navidad

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Eran las 23:15. Sam había salido tarde del trabajo y estaba a punto de perderse la cena de navidad en familia. Alrededor, la calle limpia, la noche pálida; no había más sonido que el de su propia respiración. El cielo mantenía una inmensa luna llena rodeada por nubes.

Caminaba el empedrado y se distraía jugando con el frío y el vaho de su boca cuando vio de reojo una silueta, lo pudo distinguir bien, un hombre alto, recargado en la pared; al igual que él, vestía un abrigo. Sam echó mano a su pago semanal y se armó de valor para enfrentarlo, mas cuando lo buscó nuevamente, para alivio suyo, éste había desaparecido.

Volvió a mirar su reloj, las 23:58. Una espesa niebla cubría rápidamente el camino impedía la vista de sus propios pies. Hacía mucho tiempo que no andaba esas veredas y mucho menos de noche; si bien le habría sido complicado tomar la ruta correcta, peor aún serían las cosas bajo esas circunstancias.

Quiso hacer memoria y resolvió que debería seguir tal como hasta ese momento, en la misma dirección. Vio pasar una luz no muy lejos de él, se sobresaltó dejando salir un ligero grito. Aceleró el paso, agudizó la vista sin conseguir ver mucho más que antes. Aquella luz que parecía flotar volvía acompañada de una espeluznante  carcajada burlona. Se detuvo buscando en todas direcciones. La frente se le perló de sudor y la boca se le puso seca hasta presentar una pasta blanquizca en la comisura de los labios. Buenas noches gritó tratando  de no mostrar por voz el temor que sentía. Recibió un empujón por la espalda que lo puso bruscamente en el suelo, giró de inmediato para mirar a su agresor sin hallarlo, sólo vinieron más carcajadas, esta vez eran dos voces. Se incorporó y corrió con todas sus fuerzas mientras buscaba el Padre Nuestro en su mente. Se derramaban lágrimas por sus mejillas y empuñaba fuertemente el sobre con el dinero. 

Volvió a ser derribado ¿Qué quieres de mí? gritó con los ojos apretados. Feliz navidad, Sam respondió una de las voces ¿Qué es lo que tú quieres? Es obvio que tus propios pasos te trajeron hasta aquí.

Cuando abrió los ojos ya se había despejado la niebla, no reconoció el lugar en el que estaba. Volteó para encontrarse con una mujer delgada, de ojos color miel, pelirroja. Usaba un vestido del color de su cabello, la piel era completamente blanca y su mirada aterrorizaba. Sam cayó de espaldas e intentó alejarse a rastras No me digas que estás perdido, Sam chilló la mujer. Varias voces al tiempo emitían nuevamente risotadas como las anteriores, volteó en dirección de esos horribles sonidos y miró a varios monstruos bajando del cielo, intentó huir pero le cayeron encima. Sintió un intenso dolor justo antes de perder el conocimiento.

Esta historia continuará…