+Terra Nostra, aquella primera entrevista en 1975 y un recuerdo de Carlos Fuentes Macías así como de sus amigos

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La frase:

México es un país herido de nacimiento, amamantado por la leche del rencor, criado con el arrullo de la sombra.

Carlos Fuentes

 

A la deriva.- Como si estuviera a punto de descubrir un Continente… vacío, sin nada por parte de un conquistador, que no lo es, con alguien que no domina bien la lengua castellana o nacional, para no herir la delgada y escasa piel de alguien que se dice guía, de alguien que se dice iluminado y que resulta –por no ser de allá– por no contar con las Carabelas: La niñaLa pinta y menos La Santa María, por ser de los otros, del mismo continente, de allá, y no de acá, porque por ser protestante vino de allá y no de acá. Y por carecer de lo principal, la falta de pericia para conducirlas y porque ni siquiera llega a una canoa, –las chalupas– dirían los conocedores, sabe de su existencia porque las ingiere en su desayuno y no como embarcación.

Ahí está la raíz de pedir que le den disculpas, nada más, y no que devuelvan lo que alguna vez fue de aquí, eso es intocable o quizá impensable, porque carece de esa capacidad. No usa Penacho porque no hay animales preciosos en la selva chiapaneca, por lo del tren que, cosa curiosa, se descarrila ya y eso que aún no lo ponen andar, o es que en la época en que nos situamos, aún no se inventa la máquina de vapor. Resulta ser un ejemplo ésta, porque en el arte de conducir una embarcación, todo se hace al vapor, desconoce el aceite, la grasa del cerdo, porque aún no llega Cortés con estos productos o estas especies, el guajolote no produce la suficiente, –aunque sea una imagen real de este tlatoani: hacerse guajalote–, no conduce porque no tiene embarcación, no hay remeros sólo los que manejan garrochas, como los de Xochimilco, además no tiene a dónde ir, nadie lo recibe, todos se refugian en sus palacios, que no lo son, nada más una serie de piedras colocadas con arte para que no se vea  –desde fuera– quién está adentro.

Lo anterior, pareciera ser un fragmento de Terra Nostra, 1975. La que escribió y publicó Carlos Fuentes, quien hizo honor a su apellido y siempre tuvo esa idea de abrevar de las fuentes, para conocer el pasado, desde su origen, después de las manipulaciones por los tracuilos, que después fueron escribanos y ahora sedicientes escritores, que no lo son, porque no tienen capacidad de asombro ni capacidad para estructurar su pensamiento, ni siquiera la inventiva se les da.

Es asombroso ser testigo y vivir en pleno Siglo XXI y aún se perciba el atraso de una nación, donde todos engañan a todos, ni siquiera despiertan la magia del pensamiento para aderezar y perfeccionar el engaño, vivimos lo burdo de un pueblo donde se tiraron a la basura, de manotazo, cerca de 150 años de preparación.

Lástima y lastima a los que viven en el Anáhuac, en esta Región que dejó ser la más transparente como la definió Alfonso Reyes y que años más tarde perfeccionara Carlos Fuentes quien este domingo 15 cumple 10 años de haber dejado este mundo casi por La voluntad y la fortuna, 2008, la segunda novela que cierra el ciclo que estructuró sobre la Ciudad de México, la Ciudad de los Palacios y que sólo son laberintos con mucha soledad y que terminan por perder al que antes de entrar ya estaba perdido.

Cuánta falta nos hace Carlos en esta etapa para explicarnos este desorden en el que nos han metido los que heredaron la ambición del poder, para descubrir que por más que lo intenten que, no tienen el poder, sino el arte de no poder con el poder.

Estos temas serían la base para más novelas, la portadora de novedades como me confesó en un rincón de El Colegio Nacional al dictar los cursos sobre el arte de novelas y de analizar a fondo el texto Tristam Shandy escrito por el irlandés Laurence Sterne de 1767, en que finaliza las entregas que inició en 1760. Y que en 1977 habló como un homenaje certero al cumplir 210 años de existencia y leída por casi todos los europeos.

Lo hizo al cumplir dos años en que apareció Terra Nostra base de la paráfrasis del inicio de este texto que, también, cosa curiosa, es un homenaje de lo que hizo y de lo que siempre vio de su México: no vengo seguido porque son siempre fiestas, reventones y jamás terminaría de escribir lo que tengo en mente, por eso mi predilección por Londres, donde nadie me conoce. Me cuenta con algo de nostalgia mientras llegamos al Salón México, junto con su esposa Silvia Lemus, acompañados por Helena RojoEnrique Rocha y el que esto escribe.

Ésa es la imagen que tengo de Carlos Fuentes al que cada cuatro años se le extraña más, porque no hay otras publicaciones de lo que siempre corrigió en el composer antes de editarse y publicarse. Salud maestro Carlos Fuentes donde quiera que esté, pronto nos encontraremos para continuar estos diálogos.

CARLOS FUENTES MACÍAS Y SUS AMIGOS

Fuentes

Me impresionó cómo seguía la obra (desde un palco), con atención concentrada, balbuceando los parlamentos, todo el tiempo de pie, los brazos cruzados, como si fuera el apuntador y todo lo que ocurría en escena dependiera de su memoria, me dijo el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, que antes fue vicepresidente en el primer régimen de Daniel Ortegael de la legalidad, y ahora es perseguido político, por decisión del dictador nica.

Y es que a pesar de que se vieron muchas veces en la Fil de GuadalajaraRamírez recuerda haberlo visto  por vez primera en 1971, durante la función de El tuerto es rey, en Viena, Austria.

La única constancia en las relaciones a distancia depende hoy día del correo electrónico, del chat, y él es ajeno a todo eso, señala Ramírez, aunque antepone que no por eso deja de estar presente, por ejemplo en una llamada telefónica.

Fuentes formaba parte de un dilecto grupo de amigos, entre ellos Enrique González Pedrero, esposo de Julieta Campos, la escritora cubana (Tiene los cabellos rojizos y se llama Sabina) que fungió como funcionaria cultural en el régimen de AMLO.

González Pedrero, quien fue gobernador de Tabasco, era miembro de la Generación de los 50, a la que pertenecían Rafael Ruiz HarrellPorfirio Muñoz LedoJavier Wimer, el toluqueño Víctor Flores Olea y Carlos Fuentes, ellos se reunían en el pomposo y tradicional restaurante Bellinghausen, hasta que los corrían, se mantenían en charla amena y de discusión filosófica acerca de Nietzsche Heiddeger, sin descuidar la parranda.

Wimer, quien fue compañero de Fuentes en la Facultad de Derecho de la UNAM, describe a un Carlos tímido y reservado, maravillado por la Ciudad de México, de la que recorrió barrios pobres, cabarets y cantinas, en busca de lo que para él eran hallazgos y que describió con singular perfección en La región más transparente.

Conocí a Carlos Fuentes allá por 1975 a través de la escritora guanajuatense María Luisa La China Mendoza. Ella me había dado una entrevista y le pareció interesante mi trabajo, por lo que cuestionó ¿Ya entrevistaste a Carlos Fuentes? Le dije que no.

Carlitos

Ella me aplicó lo que años después le hizo el entonces presidente Vicente Fox Quesada a Fidel Castro, con aquella famosa frase de comes y te vas, pero al revés.

Me advirtió: el sábado le doy una cena a Carlos, porque regresa a Francia a desempeñarse como embajador de México en el país galo. Tú llegas, tocas como si fueras a verme y yo gestiono ahí la entrevista. Eso sí, por favor, no te vayas a quedar a cenar.

Y así fue. En aquel piso 4 del edificio Nuevo León, que desapareció con el temblor, estaban Fuentes y su esposa Silvia LemusEdmundo Domínguez Aragonés, esposo de La China. Llegué acompañado de mi hermano  Ricardo y mi esposa Rosa María.

Silvia Lemus muy elegante y refinada. Fuentes impecable con saco de cashmere, aceptó todas las preguntas, pero cuando llegamos a libro que iba a presentar en ese año Terra Nostra, hizo un abrupto alto porque le hablé de la enana Barbarita, uno de los personajes y le cuestioné.

Me dijo: ¿Cómo sabes? Si el libro no se ha publicado. Si no me dices cómo le hiciste, terminamos la entrevista.

Contra mi voluntad le dije que don Joaquín Diez Canedo, dueño de Editorial Joaquín Mortiz, donde se publicó, me había permitido ver las galeras de corrección… sólo así continuó la entrevista.

Tras 45 minutos de toma y daca y de entrevista excepcional, rematé con una pregunta peligrosa: ¿Cuál es la diferencia entre el Carlos Fuentes que estoy viendo, elegante, con el cabello bien arreglado, el bigote bien delineado y el Carlos Fuentes que escribió La región más transparente, en mangas de camisa, con el cabello largo y el bigote irsuto y mantenido por Rita Macedo?

Hubo un silencio sepulcral, nadie acertó a decir nada. Sentí la mirada penetrante de Fuentes, hasta que la aguda voz de La China Mendoza, rompió el silencio. ¡te lo dije Carlos, estos hermanitos son unos chingones!

Fuentes dijo: Tienes razón, sobre todo porque no le he dado las gracias a Rita.

Eso generó una respetuosa amistad, que dio como fruto otras entrevistas, especialmente en la FIL de Guadalajara.

Nos despedimos, ellos cenaron muy a gusto y nosotros regresamos a Toluca con un grato encuentro y una entrevista que de alguna forma soñó y pensó que así se la harían: leerlo a fondo.