TIEMPO DE LA POLITICA POR VOCACIÓN
Hace algunos años cuando era estudiante de la de Ciencias Políticas en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma del estado de México (UAEMex) leí y releí a Max Weber y su política por vocación, marcando permanentemente mi concepción de emprender, ya que la política consiste en un esfuerzo tenaz y enérgico por taladrar tablas de madera dura. Este esfuerzo requiere pasión y perspectiva. Puede afirmarse, y toda experiencia histórica lo confirma, que el hombre jamás habría podido alcanzar lo posible si no se hubiera lanzado siempre he incesantemente a conquistar lo imposible.
Pero el hombre capaz de realizar tal esfuerzo debe ser un jefe, y no solamente un jefe, sino también un héroe en el sentido más simple de la palabra. Y aún aquellos que no son ni una ni otra cosa están obligados a armarse de presencia de ánimo que les permita resistir el desmoronamiento de todas sus esperanzas. La convicción de un líder radica en comprender su existencia como ser humano en pro del servicio, mediante el activismo, la cercanía social, la inclusión y la promoción de la participación.
Pero es preciso que lo hagan hoy mismo pues de lo contrario no podrán alcanzar ni siquiera lo que hoy es posible. Sólo aquel que esté convencido de que no se desintegrará, aunque el mundo, desde su punto de vista, sea demasiado estúpido o demasiado mezquino para merecer lo que él pretende ofrecerle, sólo aquel que sea capaz de decir: ‘¡A pesar de todo!’, tiene ‘vocación’ política.
En este sentido la política es una conciencia de constancia y de circunstancia, a favor de la libertad del pensamiento, en la profundidad de la razón, de su espíritu creador, las iniciativas que se emprendan y de las cuales se participe, es muy factible, en mi caso con las faenas que realizamos cada semana en Jocotitlán codo a codo y mano a mano con la gente para realizar una mejora que directamente beneficie a la localidad entre muchas otras acciones innovadoras y creativas. También el observar lo que ha costado en tiempo y vida, como diría Luis Donaldo Colosio, la cultura del esfuerzo y la vocación para la política a sabiendas de que todos los cargos son temporales pero el liderazgo moral prevalece.
También debe de preponderar la juventud en el servicio en la perspectiva de Don Jesús Reyes Heroles y su concepción de la juventud para hacer conciencia sobre esta voluntad más que un carácter biológico: “Se es joven cuando se tiene impaciencia por los problemas del hombre y no por los problemas personales. Se es joven cuando se está animado de constante inquietud, de propósitos de reformar. Se es viejo cuando se aspira a la quietud, cuando se detiene la mirada hacia atrás. Se es joven si se está lejos de la docilidad y el servilismo, si se cree en la solidaridad y en la fraternidad. Se es joven cuando se quiere transformar y no conservar, cuando se tiene la voluntad de hacer y no de poseer, cuando se sabe vivir al día, para el mañana; cuando se ve siempre hacia adelante, cuando la rebeldía frente a lo indeseable no ha terminado, cuando se mantiene el anhelo por el futuro y se cree todo posible. Cuando todo esto se posee, se pueden tener mil años y ser joven. Hay juventud con años y hay vejez antes de tiempo”.
Es el tiempo de la juventud preparada en donde abundamos los políticos vocacionales e inmunes a la profesionalización política y que bastaría con hacerles sitio en la gestión pública, con ayuda de mecanismos democráticos como la espontánea postulación, tal como preconiza Hanna Arendt en las páginas finales de “Sobre la revolución”, sometiéndoles luego al escrutinio electoral. Pero eso significaría el final para muchos políticos profesionalizados y chapulines, incapaces de advertir que la política nunca ha precisado tanto como ahora del compromiso estrictamente vocacional con la isegoría (uso de la palabra de igual a igual).
Finalmente, los líderes políticos deben ser responsables en su ejercicio de convicción moral, para esto se requiere de un alto nivel de preparación en temas legislativos y de administración pública, impulsando leyes y ordenanzas que garanticen a la sociedad vivir civilizadamente. Ya lo dijo una vez el filósofo y pensador prusiano Immanuel Kant “un pueblo educado es un pueblo libre”, con esta frase célebre, quiere decir que solamente con una buena educación en valores y principios, mantendremos una vida más justa y equitativa entre las personas.
Hoy más que nunca la política tiene que ser entendida como una ciencia y una disciplina, y la principal función de quienes ejercen el poder es servir al pueblo en todos los ámbitos económicos, sociales, tecnológicos y culturales. Sólo la vocación permite sortear los vaivenes de la vida política como lo reflejan, entre otros, los recurrentemente citados: Nicolás Maquiavelo y Charles M. de Talleyrand, quien señalaba: “Un hombre es digno para todo empleo la víspera del día en que es nombrado”.

