Toluca ¿ciudad fría o funcionarios insensibles? Dolor humano y drama social

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El bebé de Rafa y Rosy está internado.

Tirados en el suelo sucio y en prados llenos de basura, Rafa y Rosy lo esperan pues tienen esperanza, fe y reciben alguna caridad.

Comparten su angustia por su enfermito con el desamparo de otras mamás y papás que como ellos tienen ahí, en la banqueta y en el piso de tierra: cama, silla y sillón.

Ellas y ellos están en un gueto a una cuadra de la Casa Estado de México, residencia oficial cuyas habitaciones remodeladas, muebles y trastes se cambian a gusto de cada gobernador.

Ellas y ellos están en un campo de concentración llamado “Albergue familiar-La casita” a unos metros de las amplias y bien cuidadas oficinas de los funcionarios responsables de la asistencia social en el Estado de México.

Ahí, en plena calle están mamás y papás con sus oraciones, permanecen acostados en el piso a un costado de uno de los mejores hospitales de México: el Hospital para el Niño, cuyos médicos, enfermeras y trabajadores entregan alma, cuerpo y corazón.

Esas familias preocupadas y nerviosas vienen de comunidades lejanas. Están en Toluca, la capital del Estado de México.

Esas familias tiradas ahí expresan el dolor inhumano y el drama social.

Las mamás y papás tirados en el piso de Paseo Colón sienten angustia, desamparo y frío.

Rosy se duele al cambiarse de posición y comenta -ya ni la burla perdonan nombrando albergue a un galerón en el que sólo nos dejan dormir en el piso de 12 de la noche a 5 de la madrugada-.

Rafa lamenta y la secunda en sus comentarios -de un lado del Hospital para el Niño están las cómodas oficinas de altos funcionarios de la asistencia social de Toluca. Y vea de este otro lado, el frío de la ciudad de Toluca y la insensibilidad de sus autoridades municipales.

Rafa y Rosy son personas de carne y hueso que sufren como han sufrido otros durante muchos años.

Para la estadística, Rafa y Rosy son una muestra de nuestros males sociales que necesitan sanarse. Dar un trato digno a los pobres y marginados que son familiares de pacientes internados en los hospitales de concentración regional es uno de los viejos desafíos del sistema de salud en México al que ahora se suma la crisis de insumos y medicinas.