Tú puedes ser Imo de la humanidad

Views: 1081

Comparto por este medio algunas reflexiones. A manera del que escribe como se le van presentando ideas en la mente. Somos parte creadora de este planeta, claro está, en tanto somos generadores de mundo. Atravesamos por una crisis en este momento, pareciera como una marea que nos alcanza con una bofetada a la existencia. Nuestro hogar, este planeta que está  dañado por la globalización, en la cual, todo se construye de una manera que pareciera que nos unifica y nos acerca, pero la realidad es que nos separa a los seres espirituales. En esta dinámica que hoy quiere mostrarnos una enseñanza hasta los mismos virus se han aliado para hacérnosla ver. Así es, virus, entes que carecen de la mayoría de las características de un ser vivo, ya no digamos pensamiento y autoconciencia. Simplemente aprovechan condiciones mínimas para trascender en el espectro biológico de lo que hoy llamamos vida. Paradójicamente, para crecer en el ámbito de la autoconciencia estamos requiriendo del apoyo de estos virus, aún cuando la lógica biológica nos señala que son ellos los que requieren de nosotros para  tener una función  dentro de su rol patógeno.

 

Hoy son estos pequeños entes, que ni siquiera podemos observar, los que nos están invitando a, pero cómo nos podrían invitar a algo si son entidades que no parecen tener conciencia biológica ni espiritual de sí mismos, esto me lleva más bien a pensar que somos nosotros quienes les hemos invitado a entrar a casa. Me refiero a nuestro cuerpo, hemos cedido a que pasen y utilicen nuestras células para ellos tener la posibilidad de reproducirse y dañarnos. Hemos permitido que la enfermedad arrase vidas humanas, todas y cada una de ellas muy lamentables, pues aquí no estamos hablando de una estadística, se trata de personas; padres, madres, hermanos, hermanas, amigos, amigas, en fin, un ser humano que le importa a otro. Aún así no alcanzamos a percibir que estos agentes, conocidos como virus, no debieran de ingresar a nuestro espacio privado, algunos podrán argumentar que fueron engañados o que no los miraron bien y los dejaron pasar. Efectivamente, en un principio eran desconocidos, aún sabemos poco, pero lo suficiente para no permitirles el ingreso al cuerpo. Los convoco a que no permitamos más el dolor que ya sabemos nos pueden causar.

 

Creo que es importante reflexionar respecto a que no existen las casualidades y todo lo que sucede es una consecuencia. Sin embargo, habría que hablar en este caso de una consecuencia de aprendizaje. Es decir, estamos viviendo una pandemia, situación que nos está dando oportunidades para salir de nuestra zona de confort, pero a un nivel espiritual y de autoconciencia, al mismo tiempo que nos urge a generar las condiciones para ir disminuyendo los estragos que ocasiona. Para ello, es fundamental entender lo que está sucediendo más allá de las explicaciones de la ciencia, que indudablemente son necesarias para hacerle frente, pero no constituyen el único camino.

 

La experiencia y la vivencia humana han hecho evidente que este tipo de situaciones, como toda crisis, tienen un final. Sin embargo, el final no llegará hasta que se haya comprendido la causa.  Por ser un evento globalizado requiere de una solución de la misma índole y magnitud. Podríamos imaginar que el ser humano como especie originó esta pandemia, no me refiero a una teoría conspirativa de un nuevo orden mundial. Me refiero a un inconsciente colectivo que permite la propagación de un virus patógeno para nuestro sistema inmunitario. Imaginemos, sólo por un momento, que ese virus lo único que pretende es utilizar nuestras preciadas células en su evolución a ser vivo. Es cierto que también nosotros estamos conociendo a estos agentes infecciosos, lo hacemos desde nuestra perspectiva legítima de querer eliminarlo, puesto que la intención es que no se pierdan más seres humanos. Pareciera todo esto ser una locura sin sentido, pero finalmente, a lo que voy en este pequeño texto, es a señalar que de nada sirve ser víctimas de la pandemia y mucho menos del virus. Si bien nos puede quitar la vida, ahora sabemos que  desaparece con un poco de espuma de jabón en las manos, algo tan simple y cotidiano. Me parece que sería más productivo el reflexionar sobre los motivos del ser humano, intereses de poder, para crear esta situación que hoy vivimos, calificada  de terrible, oportunidad para elegir la creación por encima de la destrucción. Es decir ¿Cuál es el propósito de esta pandemia? Le hemos dado nuestro permiso. De nada sirve ser víctimas, insisto, de los gobiernos, las conspiraciones, los médicos, y mucho menos de los virus que carecen de una existencia.

 

No faltarán quienes aseguren  que se trata de un castigo de las Pléyades o que es un plan de los Anunnaki para disminuir las poblaciones y evitar el colapso del planeta. En fin, podemos encontrar infinidad de historias.

 

Otra reflexión que me está pasando por la mente, es que el propósito de esta pandemia global es la autoconciencia. Se trata de realizar un clavado hacia dentro de nosotros y descubrir una razón de existir, cada quien encontrará la propia. No hay buenas ni malas, únicamente la auténtica, la que es y no otra. Esto me lleva irremediablemente a cuestionarme cómo podría ser posible lograr esto a nivel mundial, la pandemia nos une en ciertos aspectos, pero nos ha vaciado y separado en otros, como el espiritual y el del poder creativo en tanto somos entes sociales para quienes lo importante es compartir, es dar, es estar al servicio del otro. Todas estas locuras también me han llevado a pensar en un sincro destino que nos despierte rumbo a un propósito universal, inclusive como especie, un propósito de amar y ser amado. Pienso ahora mismo que estamos ante la más grande evidencia de que la energía no se crea ni se destruye. Eso es lo que tenemos que entender y por consecuencia actuar, sólo un cambio completo de la energía será capaz de terminar con esta pandemia, pues hago la reflexión de que ese es su propósito, modificar nuestra energía. Inclusive es posible que eso sea suficiente para que el propósito desde la perspectiva del virus también se impidiera, es decir, su evolución biológica. Así es que  todo esto se trata de un crecimiento de autoconciencias, de una suma de espíritus compartiendo sus auténticas energías. Inclusive desde el mismo punto de vista biológico podríamos hablar de una transformación de hábitos.

 

Para darnos una idea, el nivel biológico, funciona  igual que el  espiritual si se comparten energías positivas. Valdría la pena mencionar aunque sea muy brevemente la historia de Imo. En 1952, en la isla de Koshima, al norte de Japón, los científicos comenzaron a proveerles batatas a los monos, arrojándoselas a la arena. A los monos les gustaba el sabor de la batata cruda, pero no la arena pegada a ella. Una hembra de 18 meses, llamada Imo, resolvió el problema lavando las batatas en un arroyo cercano. Después le enseñó el truco a su mamá. Sus compañeros de juego también aprendieron esta nueva manera y la enseñaron a sus madres. Se logró una innovación cultural. Entonces los adultos que imitaron a sus hijos aprendieron esta mejora social, pero los otros adultos seguían comiéndose las batatas sucias. Entonces sucedió algo sorprendente. En el otoño de 1958, un determinado número de monos en Koshima ya lavaban las batatas. Cuando lo hizo el mono número cien… ¡Y entonces sucedió! Se había generado un avance ideológico. Así hasta globalizarse a toda una especie. Seamos como Imo para cerrar el ciclo de esta pandemia.