“TURISMO ESPIRITUAL”
A medida que se tenga más espíritu,
se hallarán más bellezas originales.
Blaise Pascal.
Querido lector, le saludo con el gusto de siempre. Permítame este espacio antes de empezar con el tema de esta semana. En días pasados se estuvo desarrollando la Feria Internacional del Libro FILEM 2022, en la ciudad de Toluca. Dentro de las actividades de ésta me gustaría señalar el homenaje que se hizo a dos personas que han influido en mi carrera como escritora y periodista, me refiero a la maestra Margarita Monroy Herrera: académica, ensayista, editora, fotógrafa, gestora cultural y directora de la Casa TunAstral y al periodista Guillermo Garduño Ramírez: abogado, reportero y referente de la cultura, deporte y periodismo en la ciudad de Toluca. Dos personajes sobresalientes a quienes siempre agradeceré sus enseñanzas.
Ahora sí, entremos en materia. Hace unos días, escuché accidentalmente una expresión que llamó mi atención, turismo espiritual, nunca la había escuchado. El contexto de esa expresión fue en una charla de personas de una congregación religiosa.
Cuando comencé a indagar acerca del tema, encontré otro concepto, el turismo religioso, el que:
tiene una finalidad muy específica, conocer diferentes lugares, pero con una actitud y una disposición especial de ir al encuentro de los lugares de devoción, lugares de fe, no solo como aquel que llega como espectador, sino aquel que llega con la necesidad de vivir una experiencia de encuentro con Dios y una experiencia de fe. Figueroa García, (2008).
También hay otra definición que dice: el turismo religioso es el desplazamiento de personas hacia un centro, un lugar geográfico que las personas entienden como lugar santo, lugar de encuentro con Dios. González Orozco (2008).
Estas referencias las podemos encontrar en la PROPUESTA METODOLÓGICA PARA LA CONCEPTUALIZACIÓN DINÁMICA DEL TURISMO ESPIRITUAL de Rogelio Martínez Cárdenas, del Departamento de Estudios Organizacionales del Centro Universitario de los Altos, Universidad de Guadalajara.
En ambas referencias es importante señalar el detalle de la movilidad, ante la necesidad de una experiencia de encuentro con Dios, una experiencia de fe.
Hay una frase que me gusta mucho de Ermilio Abreu Gómez quien comienza diciendo que: En la fe el espíritu descansa… La fe, esa creencia y esperanza de un ser superior (uno o varios dioses) que implica el seguimiento de un conjunto de principios religiosos, de normas de comportamiento social e individual y de una de una determinada actitud vital, puesto que la persona considera esa creencia un aspecto importante o esencial de la vida (Oxford, 2022), de su vida, agregaría, porque cada uno experimenta esa fe de diferente manera, algunos de una forma más entregada y otros muy a modo.
Los estilos de vida y las necesidades y problemáticas de la cotidianidad pueden producir esta búsqueda de estos espacios, momentos para el espíritu, esa parte del ser que nos permite o a la que se le atribuye la capacidad para sentir y pensar. Pues estamos tan inmersos en tantas situaciones y pensamientos, que a veces resulta difícil tener claridad a la hora de sentir y pensar, o es tanto el bombardeo de la vida que ya ni siquiera hay consciencia del espíritu y pereciéramos androides.
En esta búsqueda de experiencia de fe, de encuentro con Dios, puede ser también un asunto de descanso sí, pero también del cuerpo, de ir a ciertos lugares y recorrer sus calles, templos, practicar sus ritos y dejarse sumergir en ese ambiente místico, religioso.
González Orozco, habla de estos desplazamientos para el encuentro divino, esta actitud devocional que es popular en nuestro país y que aún se sigue practicando, por ejemplo en las peregrinaciones, en los que los sentimientos y actitudes de veneración son lo que los mueve.
Respeto, admiración, dignidad, virtud, el culto que se rinde a Dios, a los santos o cosas sagradas. Es sabido que incluso los lugares y algunos objetos proveen de esta devoción a los creyentes.
Pero también hay que entender que no siempre este turismo religioso tiene la profundidad o verdadero cometido espiritual, muchas veces se queda en una expresión de religiosidad popular, que no solo hablan de una manifestación religiosa como tal sino también de procesos culturales e identitarios, económicos y sociales (Landázuri G. 2012).
Entonces dónde queda el turismo espiritual, de acuerdo con María Albert Rodrigo de la Universitat de Valencia, el turismo espiritual responde o es una consecuencia del surgimiento de nuevas formas espirituales, como continuidad a del movimiento new age, Así, en la experiencia cotidiana de sus seguidores se ha producido una transformación desde la religión hacia lo religioso, sagrado o espiritual (Albert y Hernández, 2014a), desde lo colectivo e institucionalizado hacia lo individual y experiencial, afirma María Albert.
Interesante, como estas nuevas formas espirituales, dicen atender lo individual, experiencial y rayar en lo sagrado o espiritual, cuando lo mismo se podría lograr a través de un conocimiento profundo de la religión que se profese, y el practicarla a consciencia. Pero vamos a ello:
En los últimos años, como una posibilidad más de esta variada oferta, ha proliferado el viaje espiritual o místico que emprenden algunas personas en su búsqueda de respuestas, de bienestar, de autocono-cimiento y de crecimiento personal. Como apunta, Lanfant (1994) lo lúdico forma parte de la vida diaria, en parte porque se asiste a una turistificación de las sociedades. En muchos casos se trata de viajes de largo recorrido hacia tierras lejanas en los que, con grandes dosis de exotismo, se contacta con una cultura distinta.
Probablemente eso que desconocemos es lo que lo vuelve más atractivo, como el encontrarnos con otros estilos de vida nos ayuda a ver desde otra perspectiva, la individualidad, al compararla o confrontar con otra cultura, otras creencias.
Pero lo que nos resulta más claramente destacable es que, en paralelo, se busca realizar un viaje interior, espiritual, a veces incluso iniciático y que se concreta en experiencias sensoriales exóticas, que se viven individualmente y que se comparten con el grupo con el que se viaja.
Este es el turismo espiritual, parece ya no bastar lo que conocemos y que probablemente se nos fue impuesto y que otras veces nos resistimos a conocer, experimentar, profundizar.
Hace falta, o de igual forma, se nos ha hecho creer que existe una emergencia global de una nueva espiritualidad holística, transversal y personal que está generando unas nuevas coordenadas de lo que puede entenderse por religioso. De acuerdo con Ritzer (2000) en este reencantamiento del mundo, el turismo juega y está llamado a jugar un papel decisivo.
Veamos, los diferente autores que ya se mencionaron aquí, hacen alusión al turismo dentro de esta idea de búsqueda, bajo la idea de una emergencia global, que a mi parecer no alcanzan a veces la verdadera espiritualidad de estas prácticas o incluso como permiten la corrupción de estos métodos que fueron pensados, desarrollados y practicados por una cultura en específico, consciente de los antecedentes de estas prácticas, con toda una cosmogonía, y que verdaderamente cree en ella como parte de su vida y no como un remedio o una atracción turística.
Sirvan estas líneas querido lector para hacer esta diferenciación del turismo religioso y del turismo espiritual, esto es una aproximación a un tema que como vimos, es tema de estudio. Queda aquí también la provocación a cuestionarnos a cerca de nuestro espíritu y cómo lo alimentamos.
Termino con una frase que extraje del libro “El Golem” de Gustav Meyrink que dice:
El que no lucha por el espíritu con todos los átomos de su cuerpo, como uno que se está ahogando busca el aire, ése no podrá ver los misterios de Dios.
FUENTES:
Albert Rodrigo, M. (2020). La búsqueda espiritual a través del turismo. Su articulación desde el lado de la oferta. Cuadernos de Turismo, (45), 13–32. https://doi.org/10.6018/turismo.426021
Cárdenas, M. (2012). Propuesta metodológica para la conceptualización dinámica del turismo espiritual. In Turismo espiritual II. Una visión iberoamericana (pp. 9-14). Universidad de Guadalajara.
Landázuri Benítez, Gisela. (2012). Signos y símbolos de la religiosidad popular. Política y cultura, (38), I-XVI. Recuperado en 04 de septiembre de 2022, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-77422012000200009&lng=es&tlng=es.
Oxford Languages. (s.f). Definiciones de Oxford Languages. Recuperado en 03 de septiembre de 2022, de https://languages.oup.com/google-dictionary-es/
Real Academia Española. (2021). Diccionario de la lengua española. Recuperado en 03 de septiembre de 2022, de https://dle.rae.es/

