Último aliento

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Estoy aquí, esbozando mi último aliento. Con los ojos perdidos, viendo únicamente la claridad de la luna antes de que todo se desvanezca.

Al menos salí de aquel otro lugar con vida, que, aunque tenía más compañía, era un espacio lleno de golpes entre unos y otros, no sólo para obtener comida sino por cualquier movimiento que se deseara hacer. Además, el calor se volvía insoportable entre las 10 a.m. y las 4 p.m.

En fin, aquí estoy, tocando fondo, como dicen algunos… Aunque esta vez es demasiado literal. Podré decir, al final de mi vida que no fue doloroso todo, pues apenas, hace unas horas, me encontraba perfectamente, estaba de un lado a otro tranquilo, con mi otro compañero de celda, quién es más ágil y persuasivo que yo.

Estoy aquí por casualidad, no tuve nada malo en mi historial ni podré decir que lo merecía, sino que simplemente no conozco nada más que el encierro… aunque hasta ahora sé qué significa.

Mi cabeza está en el piso mientras me convulsiono, mi compañero no hace más que buscar ayuda con una voz acallada por la soledad de las olas que nos rodean. Mi sistema respiratorio colapsa y sigo sin saber el porqué de mi desenlace tan repentino. Respiro con tanta dificultad que es como si nunca lo hubiera hecho y mi cuerpo se resistiera a aprenderlo.

La vista me abandona, la luz de la luna tarda cada vez más en reflejarse en mis ojos y mi compañero se mueve frenéticamente a mi alrededor… No sé si continúa pidiendo ayuda o es la emoción de tener más alimento para él solo. Ya no escucho nada fuera de mí, sólo mis pensamientos que gritan en lo que me queda de consciencia.

Yo, mientras tanto, deseo que esta tranquilidad sea la libertad, que este dolor sea lo penúltimo que sienta antes de sentir nada y descansar… debajo de una hermosa planta… quizá… debajo de un crisantemo, tan brillante como el sol, aquel que ya no veré más.