UN DÍA SERÉ CÓMO PAPÁ O CÓMO MAMÁ

Views: 938

“Lo que mejor sienta a la juventud es la modestia, el pudor, el amor a la templanza y la justicia.” Sócrates

─ ¡Huy que miedo! ¿Parecerme a mi papá? Nunca. ─  ─ Qué emoción, ¡seré como mamá! ─

Este es el pensamiento o la respuesta que me han dado distintos jóvenes y jovencitas en diferentes lugares, cuando les he preguntado si algún día quisieran parecerse o ser más cómo sus padres, ¿qué cosa, no?

Ciertamente, lo que en verdad anhelamos es forjar una identidad propia, no parecernos a nuestros padres, aunque en ocasiones sin darnos cuenta adquirimos ciertos hábitos, así como estilos muy parecidos a los suyos.

Evidentemente lo que nos llevará a ese punto o a ese nivel de parecido, será el tiempo que pasemos con nuestros padres, el nivel de convivencia y la calidad de ésta, porque ese entonces será también, su grado de influencia sobre nosotros.

Mientras más tiempo dedicamos para escuchar y aprender las enseñanzas de papá o mamá, mayor será el grado de influencia que recibiremos en nuestra forma de actuar o de pensar, inclusive en nuestro carácter.

Esto es algo bueno, estamos hablando de formar una personalidad propia, una identidad única, pero permitimos a la vez que los mejores rasgos de papá y mamá enriquezcan nuestra vida.

Ahora bien, ojo; nuestros padres no son perfectos eso está claro y probablemente ciertas cosas  de ellos no te gusten o que no desees continuar con su práctica y está bien, eso es positivo, desarrollar con toda humildad y sencillez la capacidad de identificar lo que está bien o mal es maravilloso y así mismo lo enseñaba el apóstol Pablo a los de Tesalónica:

“sino pongan a prueba todo lo que se dice. Retengan lo que es bueno. Aléjense de toda clase de mal.”

No que dudemos del actuar de nuestros padres, mucho menos que le restemos mérito o autoridad a sus dichos o enseñanzas, pero sí ser sabios en no seguir o repetir los errores de nuestros padres.

“Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre.” Salomón.

Es decir; si mi padre es alcohólico o apostador o mentiroso, por supuesto que no busco seguir su ejemplo.

Si mi madre es egoísta, fumadora o rencorosa, claro que de ninguna forma me interesa seguir su ejemplo.

No debo, no me es conveniente. En casos como los mencionados, lo correcto es desechar esa mala influencia de nuestra vida; es así de claro, no vamos a cambiar a nuestros padres, pero seguramente ellos tienen muchas cualidades y sin temor a equivocarme, mayores que sus defectos o errores.

Tómate un momento ahora mismo para anotar al menos cinco cosas que admires de tus padres o cinco cosas que ames de ellos y después anota cinco más que no te gusten o que no quisieras con toda sinceridad en tu vida.

Ejemplo: Yo amo a mi padre o a mi madre porque siempre ha tomado el tiempo necesario para escuchar mis problemas, lo amo o la amo, porque entiende mi forma de pensar. No me gusta que mi padre o que mi madre me regañe por todo, me choca que fume tanto o me entristece que nunca tenga tiempo para mí.

Estar en acuerdo o desacuerdo con papá o mamá siempre será tu derecho, pero también será tuya la oportunidad de hablar con tus padres sin enojarte, sin pelear y sobre todo sin guardar rencor en tu corazón, seguramente tus padres agradecerán tu sinceridad y tu amor.

Quisiera dejar esta semilla bien sembrada en tu corazón ahora mismo: el tiempo está fuera de nuestro control, nunca detiene su paso, simplemente sigue a pesar de lo que nosotros hagamos o dejemos de hacer, nuestros padres entienden esto porque han vivido mucho más y evidentemente su nivel de experiencia en la vida es mayor al nuestro, qué tal si les damos una oportunidad de enseñarnos quiénes son en verdad y cuánto nos aman.

Existen cosas que no se atreven a hablar con nosotros por temor a que no estemos listos para escuchar, pero si con amor les dejamos ver nuestro interés por aprender de ellos y recibir sus enseñanzas, seguramente las cosas serán diferentes.

Yo sí quiero ser como mi padre y mientras mi madre estuvo con nosotros antes de que su tiempo en este mundo se cumpliera, también amé parecerme a ella en carácter y corazón.

No despreciemos la mejor influencia que podremos tener en la vida y además de primera mano, nuestros padres.

Entonces con seguridad podrás decir, sí, ojalá y me parezca más a él o a ella o a ambos cada día y esa entonces será tu gran bendición.

(Esta columna fue tomada del libro: “Una juventud con actitud” por Aarón Dávila Payán).