Un gato muy especial
Ojos de Isaac (Noctis Ediciones, México, 2020) es un libro peculiar conformado por varios cuentos cuyos personajes se encuentran en el confinamiento por enfermedad Covid-19, pandemia que tantos retos planteó a la humanidad en el año 2020. Desde el prólogo somos avisados de la condición animal de Isaac, es un gato muy independiente que visita diferentes rumbos del vecindario, entra a distintas casas, y, por lo que narra su autora, Sonia Silva-Rosas, mexicana, poeta, periodista, narradora y promotora cultural; colaboradora en diversas revistas internacionales y ganadora de numerosos reconocimientos, ahora afincada en Toluca, nos sorprende dulcemente con Ojos de Isaac.
Entonces, queda obvia herramienta para empezar a comprender a este gatuno narrador que, aunque no es el único en los seis relatos que componen el libro, es una voz importante, ficcional y al mismo tiempo testimonia. Cómo sería posible describir esto sin caer en la nimiedad del cuento infantil, pues a través del concepto de devenir- animal, un concepto filosófico creado por Gilles Deleuze y Félix Guattari en su obra Mil Mesetas. No significa imitar a un animal, disfrazarse o sufrir una transformación mágica. Es un proceso real de desterritorialización donde el ser humano se libera de su identidad fija y se conecta con la energía, las intensidades y los afectos vitales de la naturaleza. Representa lo indiscernible, eso que adoptamos en cuanto surge la inestabilidad, el peligro, poder reaccionar como la naturaleza misma, dejar de ser un humano racional y comenzar a utilizar los atributos animales que aprendemos de las especies con las que alguna vez tuvimos contacto.
Como afirman Deleuze y Guattari: el devenir-animal del hombre es real, sin que sea real el animal que él deviene; y, simultáneamente, el devenir-otro del animal es real, sin que ese otro sea real. Esto significa que el proceso y la energía de la conexión son verdaderos, aunque no exista una transformación física. En el caso del gato, significa adoptar su autonomía, agilidad y misterio. Para el Yo social es liberador establecer puentes de empatía con el gato, ese anómalo solitario, al margen de lo independiente.
El verano nos alcanzó con sus rayos de sol cayendo como piedras sobre las cabezas de quienes debían salir de casa. Una tormenta eléctrica, casi al anochecer, espantó el bochorno típico del mes de junio. Entonces ya no pude salir.
Así sabremos de la suerte y destino de diversos personajes durante el recorrido del gatito Isaac, hay mujeres solitarias, en compañía, familias diversas, o aquellas que perdieron a un ser querido, familias con mascotas, sin hijos, pero todas con el sentido de la esperanza muy altamente desarrollado, con el instinto de adaptación y prevalencia de su especie.
Casi nadie sale de sus casas, no después de que iniciara el confinamiento en marzo pasado. De pronto el mundo se hizo chiquito, chiquito y el coronavirus, de haber estado taaan lejos (escuché que antes de llegar estaba en China), obligó a todos a no salir.
De lectura amable y muy grata, un lenguaje que se antoja seguir leyendo, con el sabor de la anécdota y el sentimiento todavía en la memoria, Sonia Silva-Rosas consigue sacarnos de nuestra normalizada normalidad y nos ofrece un recuerdo de lo que no debió ser: despedidas, miedo y pánico colectivos. Ahora casi ya no pensamos en eso, ya pasó, Pero nuestra soledad nos hace ir a buscar un libro como Ojos de Isaac, acariciar nuestra actual mascota y respirar profundamente. Ya en su Tractatus Logico-Philosophicus, Ludwig Wittgenstein escribió el siguiente aforismo: Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo.

