+ Un grato recuerdo sobre Jorge Aguilar Mora; la muerte, su gran temática; Si muero lejos de ti, su segunda obra en donde la Ciudad de México es la protagonista
La frase:
Un gran discurso tiene buena entrada, mejor salida y brevedad entre ambas cosas.
JORGE AGUILAR MORA
Un grato recuerdo sobre Jorge Aguilar Mora
Conocí a Jorge Aguilar Mora, gran amigo y escritor imprescindible, gracias a los buenos oficios de don Joaquín Diez Canedo, quien fue su editor a través de la inolvidable editorial Joaquín Mortiz.
Don Joaquín me proporcionó su teléfono y dirección en un lugar cercano a plaza de la República en la ciudad de México. Fue un placer entrevistarlo, charlar con él allá por el año de 1979, dos años después de iniciar un cúmulo de entrevistas a los mejores escritores mexicanos y extranjeros que venían a nuestro país.
Murió del pasado 5 de enero de 2024, a la edad de 77 años en su domicilio de Bethesda en Estados Unidos. Descanse en paz un estupendo escritor.
La muerte, su temática.- Jorge Aguilar Mora, escritor imprescindible para conocer al México contemporáneo, no el que vivió de cerca, sino el que miró de lejos, en otros países. Un México lleno de muertos –sólo imaginados en un principio– para verlos –de cerca– sobre todo con la muerte de su hermano David en la guerrilla de Guatemala que le da la idea para estructurar su primera obra maestra dentro de la narrativa de los setentas: Cadáver lleno de mundo, editada por la inolvidable y siempre bien recordada editorial Joaquín Mortiz.
Jorge Aguilar Mora ahora le toca morir, no la persiguió, pero sí, la sufrió sobre todo la de los grandes personajes como el de la escritora duranguense Nelly Campobello, quien en realidad se llamaba Francisca Ernestina Moya Luna. Fue la única mujer que escribió una novela enmarcada dentro de la denominación Novela de la Revolución, en donde ellas no sólo iban a pie para modificar a este país, sino que eran las encargadas de hacer la comida para alimentar la rebeldía y liberar a este país, aunque lo recorrieran así, caminando y no a caballo como lo hacían los hombres, significativas fueron sus novelas breves: Cartucho, 1931 y Las manos de mamá, 1937.
Con sus investigaciones Aguilar Mora descubrió el asesinato de esta escritora que después se dedicó al Ballet cuando se trasladó de Durango a la Ciudad de México.
Nunca se supo ni se aclaró –en su momento su desaparición en 1984– cuando contaba con 84 años de edad. Gracias a las investigaciones que realizó sin descanso durante dos años, logró descubrir su muerte a manos de Claudio Fuentes Figueroa/ Claudio Niño Cifuentes y su esposa María Cristina Belmont, quien había sido su alumna de ballet. El motivo fue el robo de los telones pintados por Diego Rivera y José Clemente Orozco que en esos años –1984– resultaban demasiado valiosos. Él, Aguilar Mora, siguió las pesquisas que había iniciado la Comisión de los Derechos Humanos del Distrito Federal, para llegar a esa conclusión: asesinato por robo.
Lo anterior, dio motivo esencial para la estructuración de su novela/ensayo Una muerte sencilla, justa, eterna: cultura y guerra durante la Revolución Mexicana, 1990, publicada por editorial Era, título kilométrico que cabe en sus 439 páginas, de gran riqueza es una especie de biografía novelada no sólo de él sino de los personajes que desfilan a lo largo de las páginas que integran este texto. No escribió novelas sencillas ni cortas sino extensas en donde teje de manera habilidosa la realidad con la ficción.
Fue de los pocos autores que supo combinar lo que le rodeaba y en sí lo que le preocupaba, es decir fue de esos seres a los que la realidad los absorbió para dar estos productos de calidad que estructuró para después publicarlos. Fue un autor comprometido con la realidad, la que siempre se cuestionó y me cuestionó cuando tuve la oportunidad de entrevistarlo a raíz de la reciente publicación de su segunda obra Si muero lejos de ti, 1979, editada la primera edición por Joaquín Mortiz, una novela que toma como protagonista a la Ciudad de México, para que a través de lo que mira el autor, automáticamente el lector –con su mirada– le de sentido para darle también al que lee un carácter protagónico y se involucre con lo que mira el mirador y ambos autor-escritor se unan cuando van avanzando en el acto amoroso de la escritura/lectura.

Fue una novela visionaria que presentó la destrucción de la ciudad después de que el protagonista regresa de un viaje y mira a una ciudad inundada donde la podredumbre de las aguas negras invaden a la ciudad y las ratas parecen los únicos seres que pueden deambular –a sus anchas– por las calles destruidas, derrumbadas, tanto casas como edificios sin haber explicación alguna. Si la leemos con cuidado descubriremos que hay un recuento velado y no vedado de lo que ocurrió el 2 de octubre de 1968, donde se dio como se han dado una serie de muertes. En el puente de Tlatelolco, recuerdo, es la culminación de la novela de Carlos Fuentes, La región más transparente, 1958, diez años antes de la masacre estudiantil y de la masacre de los ferrocarrileros en ese año y ahora con la caída de varios edificios por el temblor de 1985, aunque ésta no es la idea de Aguilar Mora sino un testimonio de unos muertos que no hablan por su condición de cadáveres y los otros/los vivos, tampoco, para no perder la vida o porque no miraron lo que mira el narrador o por querer cerrar los ojos ante una realidad.
Regresemos a estas alturas a lo que primero escribió Cadáver lleno de mundo, 1971, en la serie Nueva Narrativa Hispánica de Joaquín Mortiz, quien ve en este joven posibilidades inmensas en su escritura ya que al momento de publicarla contaba con 25 años, la estructura antes, quizá a los 20, después de conocer la muerte de sus hermano/guerrillero en Guatemala. Todo ocurrió en 1965 cuando David Aguilar Mora, regresa al país –México– lo detiene la Dirección Federal de Seguridad, después de torturarlo regresa a Guatemala en donde desaparece y muere el 8 de diciembre.
Estos hechos dieron inicio o fue el motor esencial para estructurar esta novela que no sólo se empecina por narrar esta muerte sino por darnos un panorama amplio de los que representó para nuestro país, los cambios ocurridos en la década de los sesentas. Todo el mundo cupo en esa muerte, en ese cadáver de ahí el título basado en una línea poética que le resultó ideal para escribir esta novela de 277 páginas en donde cabe todo: dolor, muerte, desaparición, entierro de costumbres y aparición de cambios en éstas para encontrar otras que, en cierta forma, se convertirán en caos y no encontraremos una explicación.
Se fue un grande dentro del campo de la literatura mexicana y del pensamiento crítico además del desglose de una realidad que da múltiples versiones. Después de participar en el Movimiento estudiantil de 1968 salió del país para radicar en Francia, especializarse en la observación profunda de la realidad, tal y como lo aprendió de su maestro Roland Barthes, el gran teórico literario quien supo pulir sus cualidades de ensayista con otras especialidades, en el caso de Jorge Aguilar Mora logra fusionar el interés de la ficción con la realidad circundante que es múltiple y no una sola remitida a un escritor y a un lector esto se conjuga con el arte de escribir y en el arte de leer lo que vive el autor para dar un producto nuevo, junto con la experiencia del lector para dar otra realidad a ese producto pensado y escrito y que al fin tiene en sus manos el lector.
Salud maestro Jorge Aguilar Mora, con quien aprendimos a mirar más allá de lo que los ojos nos presentan. Dejó este mundo el 5 de enero de 2024 en Estados Unidos. Pronto nos encontraremos.


