Una aportación para la apreciación del Metal Extremo con estética y justicia

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Comencemos diciendo que antes de nuestra cultura globalizada y de la llegada de la era digital, la mayor parte de las vanguardias artísticas, culturales y musicales que admiramos hoy en día tuvieron lugar en sitios muy concretos y empezaron como variaciones menores, evoluciones despreciadas o propuestas rechazadas por la mayoría. Así es que hoy tenemos la ventaja de que el gran arte del pasado, incluso el que empezó de manera más marginal, ha sido reconocido, sancionado, canonizado, santificado y subido a los altares del buen gusto por la crítica artística, los catedráticos, los historiadores, las entidades bancarias que patrocinan exposiciones, los tristemente escasos programas culturales de la televisión actual, y un largo etcétera. Entonces, ¿Qué hay de las vanguardias actuales, es decir, de las que serán reconocidas en el futuro?

 

El Metal Extremo es un tipo de música difícil de apreciar, de digerir y de encuadrar. Nunca será popular, no encajará en entornos sofisticados, populares o refinados ni sonará en estaciones de moda. No hay necesidad de hacerlo. Según iniciamos, estamos ante una de esas tendencias que, sin duda alguna, tiene todas las credenciales para convertirse en un tipo de arte. Un movimiento nacido de una oposición radical a lo hasta ahora sistematizado por el universo musical y sonoro popular occidental, tremendamente combativo y enfrentado a las ideas del buen gusto, lo burgués, lo sagrado y lo conformista. Es realizado por personas de intenciones tan modestas que nunca intentaron llegar más que a unos pocos, y hoy sus seguidores se cuentan por cientos de miles en todo el mundo; más sorprendente aún: ningún sistema ha logrado institucionalizarlos, ni banco alguno los ha patrocinado o algún museo los ha homenajeado, con lo cual, con honrosas excepciones; el público general, la crítica y la prensa les llevan más de treinta años dedicando su más absoluta indiferencia, condescendencia y desprecio.

 

Una tendencia que, simplemente al ver el aspecto de los artistas que lo producen, es asumida como marginal, promoviendo así una discriminación cultural tradicional. Una tendencia que, aunque pocos parecen darse cuenta, está proyectando en la música popular algunos de los grandes temas de la alta cultura tradicional, que incluso bandas aclamadas en publicaciones hip parecen ignorar. Una tendencia tachada en muchas ocasiones de infantil, absurda y risible. Justo como ha ocurrido en cada una de las revoluciones artísticas. Así que, por provocador que pueda parecer, el metal extremo puede ser una de esas vanguardias de impacto. Esto es tomando en cuenta que uno de los problemas en la actualidad en tanto la asimilación de los movimientos actuales más rupturistas, sean del tipo que sean, consiste en su acepción superficial de parpadeo instagrámico o de mera opinión tuitera. Sin embargo, a diferencia de la inmediata recepción de las artes visuales tradicionales, la música, como en principio el cine, marca por su naturaleza un sentido del tiempo que le es propio e irresumible, y que como tal debe ser interpretado y apreciado por el escucha.

 

Hay que decir, que respecto al Metal Extremo nos topamos con una dificultad extra, y es que en general, pero con excepciones, su sonido se suele antojar monolítico, enmarañado, indiscernible, agresivo, atonal, inclusive en muchas ocasiones brutalmente hostil, lo que provoca, en principio, lógicas reacciones de rechazo. Hay otra música, sin embargo, en lo que aparentemente es el extremo opuesto del espectro cultural y musical que resulta igual de monolítica, enmarañada, indiscernible… Y tan indigerible para el recién llegado como nuestro Metal Extremo. Hablamos, de un mundo musical creado con base en la experimentación de los sonidos, a veces,  por oposición a la tradición musical occidental, silencios y texturas, y que como nuestro rechazado metal se engloba conceptualmente en una miríada de términos, escuelas y estilos como el atonalismo, el futurismo, el serialismo, la disonancia, la politonalidad, los clústeres, el minimalismo y más. Es, en conjunto, un movimiento que mezcla nombres que sonarán a cualquiera como Philip Glass o John Cage junto a otros más oscuros e ignotos. Así es que sería poco útil proponer una relación directa de influencia formalista o temática con el metal extremo hasta la fecha, algún día llegará, pero no estamos preparados para esa conversión, sin embargo si algo tienen en común ambas manifestaciones musicales es la exigencia que impone al oyente el aparente radicalismo de sus propuestas, y que dentro de sus mundos respectivos, tanto la música mal llamada clásica o sinfónica como el rock o la música popular, son las menos escuchadas.

 

Efectivamente, no trata de satisfacer al escucha con momentos dulces, melodías pegadizas, arias heroicas o estructuras tradicionales y fáciles de asimilar, sino que se recrea en la disonancia, incómodos silencios de blanca y, en ocasiones, el puro ruidismo. Sin embargo, y aunque suponemos que pocos se relajan en casa con obras de Stockhausen o Russolo. O tal vez con la vanguardia del metal extremo podamos encontrar un poco de relajación liberando las pasiones auditivas con Burzum, Mayhem, Cannibal Corpse o un Xibalba Itzaes que nos recuerde nuestros orígenes con algunos instrumentos prehispánicos cómplices de su brutalidad silenciosa. Para lograr apreciar esta extraordinaria propuesta de vanguardia de impacto veamos algunos aportes que nos pueden ser de gran utilidad.

 

Primero que nada abrir la mente y los sentidos más allá de lo sensorial y disposición creadora como escuchas. Escuchar más allá de la guitarra y las voces inusuales. Aunque los sonidos guturales y las guitarras son una parte importante, son más que solo ruido sin sentido. Son melodías, patrones y complejidades que no son evidentes y en consecuencia deben ser descubiertos y apreciados. Esta es la magia de la polémica vanguardia. Hay que considerar también el trabajo de los músicos evitando pre juicios a priori. Tomemos en cuenta que tocar y cantar el metal extremo no es fácil. Mientras que alguien con un conocimiento básico en canto o en algún instrumento puede aprender una rola de pop o rock en poco tiempo, esa misma persona se tardaría mucho en hacerlo con una extrema, se tardaría en aprenderla tanto como una de Jazz o una Sinfonía. Otro ejemplo es la batería que suele ser extremadamente técnica y precisa con patrones rítmicos muy complicados y a una velocidad brutal. Sin duda por las características de este género es vital educar el oído y el mejor contexto para ello es asistir a un concierto de metal extremo.

 

Vale la pena observar cómo los miembros del grupo manipulan los instrumentos. Puede ser una gran experiencia especialmente porque los conciertos son pequeños y puedes caminar cerca al escenario para observar a los músicos. Seguramente te sorprendas de la habilidad que tienen. Se necesita práctica y dedicación, la cual desafía al estereotipo de que los metaleros son flojos y descuidados. También te sorprenderás de lo energético que son en sus actuaciones. También podemos aprovechar las bondades de la era digital y estudiar diferentes bandas que nos regalan esta oportunidad en las diferentes plataformas de Internet. Parece esencial escribir sobre un tema que también puede ser un factor de rechazo hacia el extremismo musical, el que acá comentamos ya, pues hemos hablado del otro extremismo musical, el que sí tiene permiso. Así es que no te tomes el contexto semántico y sintáctico de las canciones muy personalmente. Las letras normalmente son temas que no se deben de tomar literalmente. Las letras tratan de extremas experiencias humanas, que otros géneros no tocan, como la motivación de los asesinos en serie, las actividades de los muertos vivientes, la muerte en sí, y el aislamiento, la violencia, lo escatológico, el satanismo, la mitología nórdica, la depresión extrema, sexo extremo, protesta social, y muchos otros que considerados de forma literal serían muy incómodos o que inclusive generarían repulsión, por ejemplo algunas bandas elaboran letra con detalles de actos extremos, como mutilación, disección y necrofilia.

 

Así que algunos temas podrían ser demasiado fuertes, sin embargo también hay que considerar que es una propuesta más amplia que lo que señalan las letras, las cuales en muchas ocasiones ni comprendemos por las limitaciones de los idiomas o inclusive de que la voz tenga más un efecto instrumental que de comunicación literal. Así es que no dejes de escuchar una canción sólo por el contenido lírico. Si bien te puedes encontrar con todo lo mencionado te sorprenderías de la complejidad y el amplio vocabulario que puedes encontrar en la letra de algunas bandas de metal extremo. Uno de los temas importantes acá es sobre la variabilidad y maleabilidad género a partir de una infinidad de subgéneros que además suelen mezclarse formando una muy amplia gama de propuestas musicales que, insisto, van un infinito más allá de la lírica.