Una mirada al nacimiento del hoy llamado mundialmente Rock Nacional
Hablemos un poco del llamado rock nacional, de su origen, me refiero al que se gestó en la Argentina. Habría que partir del tema que el rock como movimiento cultural pone en tela de juicio la forma de ver y actuar del mundo de los adultos. Llegó a la Argentina en la década del sesenta, justo cuando el panorama musical se había inundado de cantantes románticos: el bolero, el tango y el folklore eran herencias respetadas de otros tiempos. Así es que llegaron jóvenes de clase media entre los años sesenta y setenta, recorrían las bateas de una disquería para encontrar un nuevo longplay de un grupo de rock conocido, o, arriesgarse a través del nombre de una banda con futuro incierto. Sin embargo esta idea no congeniaba con las normas y pautas impuestas por las instituciones escolares y los medios de comunicación masivos, ya que programas televisivos como Ritmo y Juventud y El Club Del Clan ya anunciaban con bombos y fanfarreas la llegada de la nueva ola musical: Palito Ortega, Johnny Tedesco, Violeta Rivas y varios más asumieron la vanguardia juvenil del momento, pero el cambio no pasaría por ellos, que cantaban: Tú tienes una carita deliciosa, / y tienes una figura celestial, / tú tienes una sonrisa contagiosa / pero tu pelo es un desastre universal / aah, ah, ah, ah… / Tú tienes una carita deliciosa / y tienes una figura celestial, / tú tienes una sonrisa contagiosa, / pero tu pelo hay que calamidad / Despeinada, aja, aja,…. / Se para de puntas como un puercoespín.
Ahora bien, en los comienzos, las letras del rock se caracterizaron por ubicar al joven como un actor que cuestionaba los tradicionalismos al mismo tiempo de evocar los estereotipos del adolescente norteamericano de los años cincuenta: blue jeans, zapatos de gamuza, automóviles, romance y baile. Sin embargo fue hasta mediados de los años sesenta que las líricas comenzaron a construir modos discursivos para problematizar la realidad: Del horizonte restringido y privado, cotidiano, del teen-ager y de sus problemas personales, se pasa lentamente al horizonte más amplio del joven que se asoma a la realidad social. Así los explicaba Mario Maffi (1975). Partiendo de ahí aparecieron entonces influencias. Comenzaron así a aparecer influencias surrealistas y, sobre todo, atribuciones de la literatura Beat, léase a Jack Kerouak, William Burroughs, Lawrence Ferlinghetti, Allan Ginsberg, no olvidemos que tanto Bob Dylan como The Beatles supieron capitalizarlos en forma de canciones.
Por otro lado el estadounidense centralizaba la importancia política de las letras, mientras que los británicos planteaban una estética musical inusual y elaborada. Así es que por ahí alguna teoría de enaltecimiento, en la que están adscritos la mayoría de los músicos de épocas posteriores, nos explica que la etapa de metamorfosis sonora del rock and roIl comienza a gestarse alrededor de todo lo que generó The Beatles, sobre todo partiendo del disco Sgt. Pepper Lonely Hearts que podría considerarse como uno de los principales catalizadores del cambio que empieza a operar en la lírica rockera a las retroalimentaciones creativas que surgieron de los encuentros de John Lennon con la lírica de Bob Dylan. Acá lo relevante está en cómo la idea de rock mensaje búsqueda empieza a desplazar a la idea de rock & roll baile entretenimiento. Partiendo de esta idea en Buenos Aires, a principios de la década de los setenta, Luis Alberto Spinetta redactó un manifiesto cuyo primer párrafo nos da pistas de algunas de las urgencias artísticas de aquella época: Son tantos los matices que comprenden la actitud creativa de la música local –entendiendo que en esa actitud existe un compromiso con el momento cósmico humano–, son tantos los pasos que sucesivamente deforman los proyectos, incluso los más elementales, como ser: mostrar una música, reunir mentes libres en un recital, producir en suma algún sonido entre la maraña complaciente y sobremuda que: El que recibe debe comprender definitivamente que los proyectos en materia de rock argentino nacen de un instinto. El rock es instinto de vivir y en ese descaro y en ese compromiso: si se habla de muerte, se habla de muerte, si se habla de vivir, vida. En el mismo contexto el grupo Manal, sobre bases de Rhythm & Blues, proclama un deber ser a través de letras como: No hay que tener un auto / ni relojes de medio millón / cuatro empleos bien pagados / ser un astro de televisión. / No, no, no pibe / Para que alguien te pueda amar / Porque así sólo tendrás / Un negocio más. / No debes cambiar tu origen.
En 1965 llegaron a Buenos Aires Los Gatos Salvajes, un grupo rosarino que se sumó a la consigna casi utópica de cantar rock en español. En 1967 junto a Litto Nebbia crearon La Balsa. Lograron vender doscientas mil copias. Hablamos del primer éxito masivo, el movimiento comenzaba a cobraba fuerza. En la década del setenta recibió al rock en pleno desarrollo. Así que nuevas bandas y solistas se sumaban, cada uno con sus propias ideas, sueños y convicciones: Vox Dei, Arco Iris, Pedro y Pablo, Pappo’s Blues y muchos otros. En estos tiempos el naciente movimiento argentino fue llamado Música Beat. En Belgrano nace Almendra, con Spinetta a la cabeza. En Caballito, Charly García y Nito Mestre forman Sui Generis. Un grupo de Quilmes llamado Vox Dei dejó grabada la primera obra conceptual: La Biblia y los festivales organizados por la revista Pelo eran estar al día.
Sin embargo, el llamado hoy poder fáctico seguía vedado para la gran mayoría de los rockeros, a los que ignoraban, limitando así las posibilidades de trascendencia masiva. Ya para el período 72-73 surge una variante, que en principio fue resistida por los propios rockeros, pero con la relevancia de lograr allanar el camino de la masividad. Así es que bienvenido el rock acústico, con nombres como León Gieco y Raúl Porchetto. ¡Ya no se necesitaban instrumentos eléctricos para comunicar el mensaje del rock!
Hay que considerar también el contexto que vivía la Argentina. El 24 de marzo de 1976, el presidente Juan Domingo Perón es derrocado por un golpe militar, y el nuevo gobierno consideró al rock automáticamente sospechoso, de tal suerte que muchos de los pioneros del rock argentino habían emigrado al exterior en busca de nuevos horizontes, o huían amenazados. Con la separación de Sui Generis tres nuevas agrupaciones surgieron y captaron la adhesión de un amplio sector de audiencia: Los Desconocidos de Siempre de Nito Mestre, La Máquina de Hacer Pájaros de Charly García y Polifemo de David Lebón. De esta manera es que él rock argentino se inició en este contexto y lo hizo a partir de tres hechos fundamentales: el primero de ellos fue la grabación del disco debut de Los Gatos Salvajes (1965); el segundo se debió al lanzamiento del sencillo No Finjas más/Rebelde de los Beatniks (1966); y el último se vinculó con la edición del sencillo Ayer nomás/La Balsa de Los Gatos (1967).
Se especula entonces que estos eventos significaron los puntos de partida esenciales para producir un rock cantado en español y que trascendiera un simple deseo para convertirse en una identidad reconocida a lo largo de toda Latinoamérica. Sin duda palabra clave en el desarrollo de esta propuesta musical. Ahora bien, él hoy llamado rock nacional, inclusive a nivel mundial, se diferenció de su predecesor, el anglosajón, precisamente por haber nacido en un contexto de democracia restringida, y haber tenido la virtud de crecer a la sombra y a pesar de la persecución y censura de la dictadura de Juan Carlos Onganía, que fue allanada por un potente sentimiento de identidad y la proliferación de ideas bien cimentadas de un férreo nacionalismo. De esta manera fue posible él desarrolló a partir de la construcción de espacios de libertad donde no los había, puesto que con el transcurso de los años mantuvo como premisa fundamental la búsqueda de libertad en todos y cada uno de los ámbitos que se les fueron negados.
En efecto, entre 1966 y 1975, las líricas de los artistas del movimiento, como Litto Nebbia, Tanguito, Javier Martínez, Luis Alberto Spinetta o Charly García, entre otros se consagraron en consonancia con un nivel de agitación y participación política de los sectores juveniles sin precedentes en la historia, como bien señala Pablo Alejandro Alabarces. Recordemos también los señalamientos de Sergio Pujol, en el sentido de que la zona de rock se asentó sobre una serie larga de impugnaciones, por ejemplo: Contra la escuela como extensión de la educación patriótica, Ayer nomás; contra el mundo dado e impermeable al cambio, La Balsa; contra la moral sexual burguesa Muchacha ojos de papel, y más tarde Catalina Bahía; contra la metodología del accionar policiaco, Blues de la amenaza nocturna, Apremios ilegales y Botas Locas. Todo esto a la sombra del Cordobazo, el poder del dictador general Juan Carlos Onganía se había diezmado. El Ejército, manejado por Alejandro Agustín Lanusse, dispuso su derrocamiento y nombró presidente al ex general Roberto Marcelo Levingston. Eran tiempos de censura, prepotencia, clausuras, incomprensiones y aumentará la represión en todos los órdenes. No es difícil imaginar los permanentes atropellos a las libertades individuales que sufrían los ciudadanos comunes y especialmente quienes tenían cierta incontinencia expresiva, como es el caso de los militantes políticos, los artistas, escritores, poetas y los nuevos músicos de rock.
Las grandes compañías discográficas como Music Hall, RCA, CBS y Phonogram, que ya habían puesto sus ojos en el incipiente, pero cada vez más popular rock vernáculo, solamente van a poder grabar canciones que estén autorizadas por el recientemente conformado Comité Federal de Radiodifusión. Estas prácticas van a ser moneda corriente durante los próximos años. Esto implicaba que las expresiones del rock en Argentina, que hasta ese momento tenían prácticamente la misma sintomatología que las expresiones juveniles de distintos lugares del mundo, van a encontrarse con problemáticas del contexto histórico-socio-cultural que terminarían tiñendo esas expresiones con particularidades específicas. A partir de ese momento, muchos músicos de rock, autores y compositores, intentarán decir lo que tengan para decir sorteando de la mejor manera la censura.

