Une fille terrible

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He visto a la Poesía sentarse en mis rodillas;

musa y arpía, me ha tenido en su regazo

sin darme un sólo verso de mínima valía.

Así mi ebrio barco de insensateces y porfías.

Aunque no tuve las insignias del bardo,

sólo esta triste, mi fémina agonía,

ariete destructora de cantos y crueldades

una vetusta barca de inmundas rimas.

He tocado, créanme, penínsulas de piel,

acantilados rugientes de pasión y desdicha!

Amor en la palma de una mano,

olvido como el verdadero y  último suspiro.

Cuando quise abandonar el seco páramo

con los ríos subterráneos en la mente,

aniquilaron los sabios todas las palabras

nacidas de mi voluntad maledicente.